en Londres

5 de enero de 1882
I, St. Boniface Gardens, Ventnor

Querido Fred:

Frío y lluvioso de día, tempestuoso de noche, tal es el carácter medio del tiempo y clima que hemos experimentado aquí hasta hoy. Excepción fue el día de ayer, con sol radiante y tiempo seco. Según cartas que ha recibido Tussy, en toda la costa sur de Inglaterra ocurre lo mismo; por doquier, decepción de la no poco numerosa canalla de convalecientes, etc. ¡Qui vivra verra! Quizá cambie para mejor.

Ahora llevo también — (¿au cas de besoin?) — mordaza, alias respirador; ello le hace a uno más independiente de los azares del tiempo en lo que respecta a los necesarios paseos.

La tos o catarro bronquial sigue siendo pertinaz y molesto; no obstante, es un progreso que durante la noche se produzcan varias horas de sopor sin recurrir a medios artificiales, y ello a pesar del estruendo del viento sobre el mar cercano; a la inversa, el ruido ayuda a conciliar el sueño.

Mi camarada — Tussy — está muy atormentada por las convulsiones nerviosas, insomnio, etc. Confío, sin embargo, en que el mucho salir al aire libre — pues a diario tiene que hacer diversos recados en la «ciudad» — surta en ella efectos benéficos.

Lo que me ha divertido sobremanera ha sido el anuncio de la Asociación Liberal — no recuerdo si en Birmingham o dónde — de que en la celebración de no sé qué aniversario — no sólo hablarán el viejo Bright y el ilustre miembro de la junta parroquial y hombre del caucus Chamberlain, but that also old Obadejah’s “son”, Mr. Jacob Bright jr.! and several “Miss” Cobden, are to put in their appearance. No se dice si una de las «Miss» Cobden o todas ellas serán entregadas al joven Obadejah, a fin de perpetuar de la manera más adecuada y segura la cepa Bright-Cobden.

Otra imagen ofrece el meeting de 3.000 terratenientes en Dublín, bajo la dirección de Abercorn, cuyo único fin es “to maintain ... contracts and the freedom between man and man in this realm”. La furia de esos tipos contra los Subcomisionados es cómica. Por lo demás, están plenamente justificados en su polémica contra Gladstone, pero son únicamente las medidas coercitivas de este último y sus 50.000 hombres, sin contar la policía, los que permiten a estos señores enfrentársele de manera tan crítica y amenazante. Todo este alboroto, naturalmente, sólo ha de preparar a John Bull para el pago de los «costes de compensación». Serves him right.

Por la adjunta carta de Dietzgen verás que el desdichado ha «avanzado» hacia atrás, llegando de lleno a la Fenomenología. Considero el caso incurable.

He recibido también una muy amable carta de pésame de Reinhardt, de París, quien, entre otras cosas, te envía sus mejores saludos. Siempre tuvo gran afecto por mi compañera de vida.

Desearía estar de nuevo en condiciones de actuar; por desgracia, todavía no he llegado a eso.

Con los mejores saludos de Tussy.
Tuyo,

Mohr