en Londres

4 de enero de 1882
1, St. Boniface Gardens, Ventnor

Querida Laurachen:

Hoy es el primer día soleado y soportable en Ventnor. Dicen que el tiempo ha sido excelente, ¡hasta el momento de nuestra llegada!¹ A partir de entonces, vendavales todos los días, tormentas de viento y aullidos todas las noches, por la mañana el cielo encapotado, plomizo, como en Londres; temperatura notablemente más fría que en Londres y, además, lo más fastidioso, mucha lluvia. (El aire en sí era, naturalmente, «más puro» que en Londres.)

En estas circunstancias era natural que mi tos, de hecho el catarro bronquial, más que mejorar empeorara. Con todo, algún progreso, por cuanto parte de las noches dormí por vía natural, sin opio, etc. Pero el estado general todavía no es tal que me permita trabajar. Hoy, en que termina aproximadamente la primera semana de nuestra estancia, parece iniciarse un cambio. Con tiempo más cálido, este lugar será sin duda un sitio famoso de descanso para convalecientes de mi tipo.

Mi compañero (esto que quede estrictamente entre nosotros) casi no come; padece fuertes convulsiones nerviosas; lee y escribe todo el día, salvo cuando está ocupado comprando los víveres necesarios o dando un breve paseo; es muy parco en palabras, y en verdad parece soportar la estancia conmigo solo por sentimiento del deber, como mártir abnegado.

¿No han llegado aún noticias recientes de Jenny respecto a la caja de Navidad? El asunto me preocupa.

Comprenderás, querida niña, que desde aquí, donde hasta ahora solo he vivido cosas negativas, nada positivo tengo que comunicarte; a no ser el gran descubrimiento de que la literatura local está aquí representada por 3 periódicos, de que incluso hay una escuela de arte e institución científica, donde el próximo lunes por la noche tendrá lugar una gran conferencia sobre las castas y los «oficios» de la India.

Hoy recibí carta de Reinhardt desde París, en la que habla de nuestro gran duelo de la manera más sincera y más compasiva. ¡La vehemencia con que los periódicos burgueses en Alemania han anunciado ya sea mi muerte, o al menos su inevitable y próximo advenimiento,² me ha divertido mucho, y por amor a ellos «el hombre que ha reñido con el mundo» tiene que volver necesariamente a ponerse en condiciones de actuar.

Willard Brown ha escrito desde Nueva York a Tussy; ha encargado a un amigo muy íntimo y competente en Nueva Orleans vuestro asunto de la casa; este último escribe que a primera vista han tenido lugar grandes estafas, pero que tiene que hacer primero averiguaciones más detalladas para conseguir pruebas efectivas.

Como curiosidad, adjunto para Paul el siguiente recorte del artículo monetario del «Times» (29 de diciembre de 1881), insertado evidentemente por los señores Say y Rothschild. (Saluda a Paul y a Helen de mi parte.)

Adiós, mi querida niña. Escribe pronto.

Tu
Old Nick