en Ginebra

Londres, 10 de diciembre de 1881

Querido amigo:

Quizá te habrás enterado ya por los periódicos de la muerte de mi mujer (expiró el 2 de diciembre). Encontrarás natural que en los primeros días tras esta pérdida irreparable no estuviera yo en modo alguno en condiciones de mantener correspondencia; de hecho, fuera de su hermano Edgar von Westphalen en Berlín, eres el único a quien hasta ahora he comunicado personalmente la noticia; a los demás amigos o conocidos los ha informado mi hija menor.

Mi mujer siguió siendo para ti una amiga fiel hasta su último instante, y con razón guardaba rencor de que el partido no os haya aliviado a ti y a tu fiel compañera de vida la lucha por la existencia, y eso tratándose de un paladín tan veterano, inquebrantable y heroico como tú.

Yo mismo soy aún paciente, pero en vías de restablecimiento; una pleuresía, unida a una bronquitis, me habían atacado con tal gravedad que los médicos dudaron por un momento, es decir, por varios días, de que saliera adelante. Adiós, querido amigo. Saludos a tu mujer.

K.M.