en Ginebra

[Londres] 122, Regent’s Park Road, N.W.
4 de nov. de 1881

Querido viejo,

Tu tarjeta postal sobre el Congreso llegó demasiado tarde como para que yo pudiera escribirte antes. Desde entonces, también aquí hemos tenido toda suerte de calamidades. La señora Marx lleva meses gravemente enferma en cama y ahora también Marx ha contraído una bronquitis acompañada de toda clase de complicaciones y que, a su edad y en su estado general de salud, no es en modo alguno cosa de broma. Afortunadamente, lo peor ha pasado y para Marx todo peligro está descartado por ahora, pero todavía ha de pasar la mayor parte del día en cama y está muy agotado.

Adjunto te envío un giro postal por cuatro libras esterlinas = 100 francos 80 céntimos, que debo mandarte esta vez. Espero que te llegue oportunamente, pues, por mucho que me alegre saber que has sido capaz de crearte al menos el comienzo de una existencia, no deja de ser solo un comienzo y lamento que yo mismo haya estado bastante apretado últimamente y por ello no haya podido intervenir antes.

Siempre me alegro cuando uno de esos llamados congresos mundiales transcurre sin bochorno público, como esta vez. Siempre se congregan allí todas esas gentes caídas del cielo, de las cuales una parte solo tiene la finalidad de aparecer como importantes ante el público y que, precisamente por eso, son capaces de cualquier tontería. Bueno, esta vez ha salido aún con bien.

Nuestra gente en Alemania se ha portado de maravilla en las elecciones. En 23 o 27 circunscripciones (no he podido averiguarlo con certeza) en la segunda vuelta, a pesar de que todos los demás partidos han concurrido esta vez hasta el último hombre. Y esto bajo la presión de la ley de excepción y del estado de sitio, sin prensa, sin reuniones, sin ningún medio público de agitación y con la certeza de que, a cambio, volverán a sacrificarse alrededor de mil existencias dentro del partido. Es absolutamente magnífico, y la impresión en toda Europa, pero especialmente aquí en Inglaterra, ha sido enormísima.

El número de escaños que obtengamos da igual. Siempre suficientes para decir lo necesario en el Reichstag. Pero el hecho de que hayamos ganado terreno en las grandes ciudades en lugar de perderlo —¡eso es brillante y hurra por nuestros muchachos en Alemania!

Tu viejo
F. E.