en Bridlington Quay

[Londres] 18 de agosto de 1881

Dear Fred,

Probablemente habrás recibido ya las breves líneas que te escribí anteayer desde Argenteuil, y habrás deducido de ellas que estoy aquí sin mi mujer (no con ella, como necesariamente supones en tu carta).

Al recibir la noticia sobre el estado de Tussy, decidí viajar, de ser posible, ese mismo día; en cambio, mi mujer debía viajar hoy con Helen, ¡y en primera clase!, primero a Amiens y pernoctar allí; al día siguiente a Boulogne y descansar allí al menos un día, o si le gustaba, 2 o 3 días; de allí a Folkestone y, según el estado, desde allí directamente a Londres o antes (y esto me parecía lo mejor) con un tren posterior elegido a voluntad. Naturalmente, me resultaba penoso separarme de ella; pero el verdadero apoyo para ella es Helen, ¿mi propia presencia? no era absolutamente necesaria. Además, mi viaje la obliga a decidirse por fin a separarse de Argenteuil, lo que, dada su creciente debilidad, debía ocurrir.

Así pues, partí el martes por la tarde a las 7.45 de París vía Calais en tren expreso y llegué a Londres alrededor de las 6 de la mañana.

Telegrafié de inmediato al Dr. Donkin, quien se presentó ya a las 11 de la mañana y tuvo una larga consulta con Tussy. Su estado es de completa postración nerviosa; desde hace semanas no come, por así decirlo, nada, menos que el Dr. Tanner durante su experimento. Donkin dice que no hay ninguna lesión orgánica, corazón sano, pulmones sanos, etc.; la base de todo el estado sería un perfecto trastorno del funcionamiento del estómago, al que ha desacostumbrado de la comida (y la cosa se ha agravado por beber mucho té; le ha prohibido de inmediato todo el té) y un sistema nervioso peligrosamente sobreexcitado. De ahí insomnio, convulsiones neurálgicas, etc. Es un milagro que un colapso semejante no se hubiera producido antes. Ha intervenido de inmediato, y, lo que en esta personilla es lo principal, le ha hecho comprender que, si es una paciente obediente, no hay peligro; pero si se empeña en salirse con la suya, todo estará perdido. (Esta es también su convicción.) Felizmente, ha prometido seguir las indicaciones, y cuando promete algo, lo cumple. Más adelante, dice, deberá irse fuera para distraerse.

Había acelerado mi viaje también porque sabía que Donkin quería tomar sus vacaciones después del 17 de agosto, a las Hébridas. Por Tussy permanece aquí hasta el sábado y dejará entonces un sustituto para ella y para mi mujer.

La última asamblea de electores, en la que el señor Gambetta se enteró en el interior del local de la asamblea de lo que en el primer meeting de Belleville sólo había sabido por la masa de fuera de la sala de reuniones, estaba también compuesta únicamente de personas invitadas por su propio comité, a las que nadie obtenía entrada salvo tras un doble cribado a cargo de los comisarios nombrados por el comité. El escándalo fue, por tanto, tanto más significativo. El grito que en ambas ocasiones predominó fue: ¡Galliffet! Gambetta ha recibido así la lección de que la variedad italiana de desvergüenza no está indicada en París. Si Rochefort hubiera podido hablar públicamente y se hubiera podido presentar tan directamente como candidato contrario, Gambetta habría fracasado con seguridad. La población obrera de Belleville ha perdido a raíz de los sucesos de la Comuna unos 20 000 hombres, reemplazados en gran parte por pequeños pequeñoburgueses. E incluso la población obrera de Belleville que ha permanecido o llegado de nuevo (de ambos arrondissements) es de las más atrasadas, cuyo ideal, cuando va más allá de Gambetta, se queda en Rochefort: ambos fueron elegidos allí como diputados en 1869.

En cuanto al estado del partido obrero en París, una persona completamente imparcial a este respecto, a saber, Lissagaray, me ha reconocido que, aunque no existe más que en germen, es el único que cuenta frente a los partidos burgueses de todos los matices. Su organización, aunque aún es tenue y más o menos ficticia, es, sin embargo, lo bastante disciplinada como para permitirle nombrar candidatos en todos los arrondissements, hacerse notar en los meetings y fastidiar a la gente de la sociedad oficial. Yo mismo he seguido a este respecto los periódicos parisinos de todos los colores, y no hay ninguno que no se irrite contra esta molestia general – el partido obrero colectivista.

Sobre las últimas escisiones de los dirigentes del partido obrero, mejor informarte oralmente más adelante.

Con los mejores saludos para Pumps y Mrs. Rendstone.

Tuyo
Mohr