en Bridlington Quay

[Argenteuil] 9 de agosto de 1881

Dear Fred,

Acabo de recibir tu carta. Te recomiendo ésta; en cartas certificadas, dice Longuet, no cabe pensar en sustracción; pero las cartas certificadas, sobre todo en lugares secundarios como Argenteuil, se expedirían con mayor rapidez.

Llevamos el sábado a mi mujer a París; el verla desenvolverse desde el carruaje abierto le gustó mucho (¡a mí me hace el efecto de una foire perpetuelle!), por supuesto con algunas interrupciones y sentándose ante los cafés. En un momento, al regreso, se sintió mal; sin embargo, quiere volver.

El estado, como de costumbre, ya insoportable, ya mejor durante horas. Con enflaquecimiento persistente, aumento de la debilidad. Ayer, pequeña hemorragia en una zona de la piel, que el médico considera síntoma de debilidad. Le dije que teníamos que pensar seriamente en el regreso; dice que aún se puede esperar unos días antes de una decisión definitiva. Ella misma me ha jugado la mala pasada, cuando le hablé del regreso a finales de esta semana, de dar a lavar una pila de ropa que no será devuelta antes de comienzos de la semana próxima. En todo caso, te telegrafiaré cuándo partimos (si no hubiera tiempo de anunciarlo simplemente por carta con antelación). Cosa extraña, aunque tengo condenadamente poco descanso nocturno y no pocas excitaciones angustiosas durante el día, todos hablan de mi buen aspecto, y éste existe de hecho.

El asma de Jennychen es fuerte, pues la casa tiene muchas corrientes. La niña está, como siempre, heroica.

El domingo debía mostrar París a Helen, por lo que escribí antes a Hirsch, y llegó en el momento justo. Estaba a punto de viajar a Alemania (para gran disgusto de Kaub y enfado de su mujer). Quiere demostrar a los jefes del partido en Alemania que no es nada extraordinario exponerse al peligro policial. Ayer se marchó.

Ayer, al desayuno, estuvieron aquí Jaclard y su rusa, una pareja encantadora. Hoy esperan, para la misma función, Lissagaray y la mujer del médico de nuestra casa (con su hermana).

Por Jaclard supimos que había asistido a una reunión electoral en Batignolles, donde se presentaron como candidatos: Fenry Maret, nuestro Dr. Regnard y — Pyat, que apareció de repente — de suyo se entiende, con permiso policial — e inesperadamente. Pyat fue objeto de burlas lamentables. Cuando habló de la Comuna, gritos generales: “¡Vous l’avez lâchée!”. No fue mayor el éxito de Regnard. Para parecer paradojal y profundo, el imbécil comenzó con la declaración: “¡Je suis contre la liberté!”. Aullido general. De nada le sirvió la explicación posterior de que se refería a la “liberté des congrégations”. El Kulturkämpfer fracasó, lo mismo que Henry Maret.

Posiblemente la extrema izquierda aumente algo en número, pero el resultado principal, probablemente, será la victoria de Gambetta. El breve período electoral da, en las condiciones francesas, la decisión a los faiseurs que poseen numerosas “plazas”, a los presuntos repartidores de puestos en la maquinaria gubernamental y a los que disponen de la “caja del Estado”, etc. Los “grévyistas” habrían podido derrotar a Gambetta si hubieran tenido la energía, después de sus últimos fracasos, de echar del gabinete a sus satélites Cazot, Constans y Farre. Al no hacerlo, los cazadores de puestos, los especuladores bursátiles, etc., etc., se dicen: ¡Gambetta es el hombre! No se han atrevido a atacarlo en sus fortalezas, no se puede confiar en ellos. Los ataques generales diarios contra él en la prensa radical y reaccionaria contribuyen a realzarlo a pesar de todas sus payasadas. El campesino, además, considera a Gambetta como el non plus ultra del republicanismo posible.

A Tussychen le envío una carta al mismo tiempo que ésta, para instruirla. Necesitaré aún algún dinero, pues el viaje resultará esta vez caro (el médico opina, además, que unos días en Boulogne podrían ser benéficos para la paciente, por el aire de mar), hay que contar con una considerable factura del médico y debemos compensarle a Jennychen en cierta medida los gastos que le imponemos.

Así que Gumpert funda una 3.ª (resp. 2.ª) familia. ¡Buena suerte! Para un médico, el paso es sensato. La Böcker, de Manchester, me ha sido muy elogiada a mi mujer por distintos lados.

Salut.

Tu
Mohr

Beesly se vuelve cada vez más ridículo. ¡La glorificación de Max Hirsch en el “Labour Standard”[^49] debió ser stopped por Weiler!