en Londres
(Borrador)

2 de julio de 1881
43, Terminus Road

Eastbourne, Sussex
Muy señor mío:

El estado de salud de mi mujer, que cada día se torna más crítico, exige
que yo esté constantemente a su lado, y explica asimismo mi demorada respuesta
a su carta del 5 de junio. |

Confieso que quedé bastante sorprendido al enterarme de que usted
mantuvo tan rigurosamente en secreto, durante su estancia en Londres, el plan
que en su momento concibió y también llevó a cabo —a saber, publicar el
artículo rechazado por el “Nineteenth Century” con algunas modificaciones
como capítulos II y III de “England for All”, como exposición suya del
programa fundacional de la Federation—.

En su carta, que no aborda en absoluto esta sorpresa que a mí me
aguardaba, dice usted:

“¿Cree usted que debería mencionar su nombre cuando me remita a su
libro, etc.?”

Esta pregunta, me parece, debería usted haberla planteado antes de la
publicación, y no después.

Usted se digna aducir dos razones para haber utilizado tan
abundantemente “El Capital”, obra que aún no está traducida al inglés, sin
mencionar ni el libro ni a su autor.

Una razón es que “muchos (ingleses) aborrecen el socialismo y el
nombre”. ¿Acaso para aminorar ese aborrecimiento conjuró usted en la
página 86 “el demonio del socialismo”?

Su segunda y última razón es que “¡a los ingleses no les gusta ser
aleccionados por extranjeros”!

No he podido observar tal cosa ni en la época de la Internacional
ni en la del cartismo. Pero dejemos eso. Si a usted le atemorizaba ese
aborrecimiento de “los” ingleses, ¿por qué les cuenta usted entonces, en la
página VI del prefacio, que las “ideas”, etc., de los capítulos II y III,
cualesquiera que éstas puedan ser, llevan en todo caso el estigma de no ser un
producto autóctono? Los ingleses con los que usted trata difícilmente
pueden ser tan duros de entendimiento como para suponer que el pasaje
arriba mencionado procede de la pluma de un autor inglés.

Pero, dejando aparte sus razones, bastante risibles, estoy firmemente
convencido de que la mención de “El Capital” y de su autor habría sido un
grave desacierto. En los programas de partido debe evitarse todo aquello que
permita deducir una clara dependencia de autores o libros determinados.
Me permito añadir que tampoco son el lugar adecuado para nuevos
descubrimientos científicos, como aquellos que usted ha tomado prestados de
“El Capital”. Y, además, están completamente fuera de lugar en la
exposición de un programa con cuyos fines proclamados no tienen absolutamente
nada en común. Tal vez habrían sido apropiados para el esbozo de un
programa encaminado a la fundación de un partido obrero autónomo e
independiente.

Usted ha tenido la amabilidad de comunicarme que su folleto,
“aunque lleva el ‘precio de half a crown’ en la cubierta, no está destinado
a la venta”, sino que “sólo” “se distribuye a los miembros de la
Democratic Federation, etc.”. Estoy firmemente convencido de que ésa era su
intención, pero sé de sobra que no es la opinión de su editor. Un amigo mío
vio el folleto en mi gabinete de trabajo, quiso tenerlo, anotó el título y la
casa editorial, lo encargó el 13 de junio a través de sus libreros Mal and
Norgate, y lo recibió con factura fechada el 14 de junio. |

Y con esto llego al único punto que tiene importancia práctica. En
caso de que la prensa se abalance sobre su folleto, probablemente me veré
obligado a decir algo, puesto que los capítulos II y III constan en parte de
pasajes simplemente traducidos de “El Capital”, pero no separados del resto
del texto mediante comillas, y una gran parte de ese resto no es exacta e
incluso da lugar a malentendidos.

He escrito con toda la franqueza que considero la primera condición
de las relaciones amistosas.

Saludos cordiales de parte de mi mujer y míos a la señora
H[yndman].

Suyo afectísimo

K. M.