en Argenteuil

[Londres] 6 de junio de 1881

Mi queridísimo Don Quijote,

Es realmente imperdonable no haberte escrito antes; ya conoces mis buenas intenciones y mis flacos hechos a este respecto. Sin embargo, no pasa un día sin que mis pensamientos estén contigo y con los encantadores niños.

No tienes por qué preocuparte por mi salud. He tenido un resfriado horrible, casi tan eterno como el ¡catarro crónico¹ de Seguin, que en paz descanse²!, pero ahora se está yendo rápidamente.

En cuanto a Mamita³, supongo que tienes claro que para la enfermedad que padece no hay cura, y en efecto se va debilitando. Afortunadamente, los dolores no son del tipo que suele presentarse en tales casos, como lo demuestra mejor que nada el hecho de que todavía va varias veces por semana a los teatros de Londres. La verdad es que se mantiene asombrosamente, pero un viaje a París está completamente fuera de cuestión. Considero una circunstancia muy afortunada que Lina Schöler nos sorprendiera ayer y quiera quedarse aquí alrededor de un mes.

¿Ha recibido Johnny Reineke, o mejor Renard, el zorro que le envié?, ¿y tiene el pobre chico alguien que se lo lea?

Hoy (¡festividad bancaria!*) y ayer, fuerte lluvia y un tiempo repugnantemente frío, una de las bromas pesadas que el Padre Celestial tiene siempre reservadas para su plebeyo rebaño londinense. Ayer nos estropeó con la lluvia la manifestación de Parnell en Hyde Park.

Hartmann partió el viernes pasado hacia Nueva York, y me alegro de que esté lejos del frente. Tontamente, unos días antes de su partida le pidió a Engels, por escrito, la mano de Pumps, comunicándole que creía no cometer con ello un error, es decir, que él

¹ En el manuscrito, en alemán: Stockschnupfen — ² en el manuscrito, en alemán: selig — ³ Jenny Marx

22. Marx a Jenny Longuet - 6 de junio de 1881. 19

(Hartmann) creía que Pumps lo aceptaría (a Hartmann). Y eso que la muchacha apenas ha coqueteado con él, y sólo para pinchar a Kautsky. Ahora me entero por Tussy de que el mismo Hartmann se le declaró a ella antes de su viaje a Jersey. Pero el caso presente es tanto peor cuanto que la célebre Perowskaja, mártir del movimiento ruso, vivió con Hartmann en matrimonio “libre”. ¡Y ella apenas acaba de morir en el patíbulo! ¡De Perowskaja a Pumps... es realmente demasiado, y Mamá está asqueada de ello y de todo el género masculino!

El artículo de Longuet sobre Irlanda era bueno. Todos creíamos que algo le había sucedido, pues desde hace algún tiempo su nombre aparecía cada vez más raramente en la *Justice*. ¿Has visto u oído algo del ilustre Hirsch? Me envió hoy dos periódicos neoyorquinos.

Sólo hay en ellos una noticia digna de mención. Un yanqui ha inventado al parecer una máquina rozadora de carbón que suprimiría la mayor parte del trabajo actual de los mineros —a saber, el “arranque” del carbón en los filones y en los pozos—, quedándoles a los mineros únicamente la tarea de partir el carbón rozado y cargarlo en las vagonetas. Si este invento se impone —y hay sobrados motivos para suponerlo—, provocará mucho revuelo en Yanquilandia y causará grave daño a la superioridad industrial de John Bull.

Mamita me encarga que te diga que el pretexto de la presencia aquí de Lina es la boda de Lisa Green, la hija del exitoso admirador de Martin Tupper.—

Laura hace todo lo posible por entretener y alegrar a Mamita.

Helene te manda saludos.

Y ahora besa muchas, muchas veces de mi parte a Johnny, a Harry y al noble Wolf. Con el “Gran Desconocido” no me atrevo a tomarme tales libertades.

¿Qué tal tu asma? ¿Te sigue atormentando? Apenas comprendo cómo puedes tener un respiro con 4 hijos y únicamente sirvientes nominales.

Adiós, mi querida hija, y
Old Nick