Marx a Jenny Longuet

en Argenteuil

[Londres] 41, Maitland Park, N.W.
29 de abril de 1881

Mi querida Jenny:

Te felicito por el feliz alumbramiento; al menos supongo que todo está en orden, ya que te has tomado la molestia de escribir tú misma. Mis «mujeres» esperaban que el «nuevo ciudadano de la tierra»! aumentaría la «mitad mejor» de la población; por mi parte, en los niños que nacen en este punto de inflexión de la historia prefiero el sexo «masculino». Tienen ante sí el período más revolucionario que jamás hayan tenido que afrontar los hombres. ¡Malo es ahora ser tan «viejo» como para sólo poder prever, en vez de ver!

El «recién llegado» coincide muy de cerca con tu cumpleaños, el de Johnny y el mío. Como nosotros, prefiere el hermoso mes de mayo. Naturalmente, Mamá (y Tussy, aunque quizá encuentre todavía tiempo para escribir por sí misma) me ha encargado que te desee todo lo bueno imaginable; yo, desde luego, no alcanzo a ver para qué sirven los «deseos», salvo para encubrir la propia impotencia.

Espero que poco a poco encuentres las ayudantas de casa que necesitas y pongas en orden regular tu «ménage». Estaba bastante preocupado por las demasiadas fatigas que pesan sobre ti justamente ahora, en un momento tan crítico.

Como se desprende de tu última carta, Johnny se está reponiendo. Es realmente el niño más delicado de los tres chicos que tengo el honor de conocer personalmente. Dile que ayer, mientras paseaba por el parque —nuestro Maitland Park—, ese espléndido tipo, el guarda del parque, se me acercó de repente, preguntó por Johnny y, por último, me comunicó el importante hecho de que piensa «jubilarse» y dejar paso a una «fuerza» más joven. Con él desaparece una de las columnas de «Lord Southampton».

Pocas cosas ocurren en «nuestro círculo», como lo bautizó Beesly. Pumps aún espera «noticias» de Beust; entretanto, le ha echado el ojo a «Kautsky», quien, sin embargo, aún no se ha «declarado», y siempre le estará agradecida a Hirsch porque éste no sólo se «declaró» formalmente, sino que, tras una negativa, renovó su «declaración» antes de marcharse a París. Este Hirsch se está volviendo cada vez más cargante. Mi «opinión» sobre él es cada vez peor.

La última extravagancia londinense ha sido la loa a Disraeli, que proporcionó a John Bull la satisfacción de admirar su propia magnanimidad. ¿No es «grandioso» colmar de halagos a un muerto a quien, poco antes de que mordiera el polvo, se saludó con manzanas podridas y huevos pasados? Ello enseña a la vez a las «clases inferiores» que, por mucho que los que les son «superiores por naturaleza» se anden a la greña en su lucha por «rango y dinero», la muerte saca a la luz la verdad de que los líderes de las «clases dominantes» son siempre «grandes y buenos hombres».

Es una hábil jugada de Gladstone —que sólo el «partido estúpido» no comprende—, en un momento en que la propiedad territorial en Irlanda (como en Inglaterra) se desvaloriza por la importación de cereales y ganado de los Estados Unidos, ofrecerles precisamente en ese momento el Tesoro, donde pueden vender esa propiedad a un precio que ya no posee!!??

Las verdaderas dificultades del problema agrario irlandés —que en modo alguno se limitan a Irlanda— son tan grandes que el único camino posible para resolverlo sería dar a los irlandeses el autogobierno, obligándoles así a resolverlo ellos mismos. Pero John Bull es demasiado estúpido para comprenderlo.

Justo llega Engels, te envía sus mejores saludos, y como casi es la hora del correo, de modo que no puedo terminar la carta después, tengo que interrumpirla ahora.

Recuerdos para Johnny, Harry y el «buen» Wolf (que es realmente un chico estupendo) y también para el padre Longuet.

Tuyo,
Old Nick