en Zúrich

Londres, 14 de abril de 1881

Estimado señor Bernstein:

Muchas gracias por la prueba de imprenta; sin embargo, por muchas razones nos es deseable leer el texto completo de los discursos en cuestión. K[autsky] ya le habrá pedido que nos envíe el estenograma por unos días. Se han dicho tantas cosas en el Reichstag y en los Landtage que más habría valido no decir, que no podemos emitir juicio alguno sobre estos asuntos si no es con pleno conocimiento de causa.

Su comunicación de que quiere retirarse del periódico nos ha sorprendido muy desagradablemente. No alcanzamos a ver absolutamente ningún motivo para ello, y nos sería muy grato que reconsiderase usted esa decisión. Ha redactado usted el periódico con habilidad desde el primer momento, le ha dado el tono justo y ha desplegado en ello el ingenio necesario. En la redacción de un periódico, la erudición importa mucho menos que el captar las cosas rápidamente y desde el lado que hace al caso, y eso lo ha hecho usted casi siempre. Eso no podría hacerlo, por ejemplo, Kautsky; tiene siempre demasiados puntos de vista secundarios, lo cual está muy bien para artículos largos de revista, pero en un periódico, donde hay que decidirse pronto, no se suele ver el bosque por culpa de tantos árboles, y eso no debe ocurrir en un órgano de partido. K[autsky] a su lado estaría muy bien, pero solo, me temo, sus escrúpulos teóricos de conciencia le impedirían con demasiada frecuencia proceder tan directamente desde el punto de ataque decisivo como es necesario en el «S[ozialdemokrat]». Ahora bien, no veo quién podría ocupar su puesto en este momento, mientras L[iebknecht] siga preso y no vaya a Zúrich, lo cual, sin necesidad, sería un disparate, ya que es mucho más necesario en el Reichstag. Así que, de grado o por fuerza, tendrá usted que quedarse.

Si aún no hemos intervenido directamente, y en particular en el «Sozialdemokrat», no se debe —puede usted estar seguro— a su modo de redactar hasta ahora. Al contrario. Se debe justamente a las manifestaciones hechas en Alemania que mencionaba al principio. Ciertamente tenemos promesas de que eso no volverá a ocurrir y de que también el carácter revolucionario del partido será expresado y mantenido sin ambages. Pero queremos verlo primero, y del revolucionarismo de varios de esos señores tenemos demasiado poca seguridad (más bien lo contrario), de modo que, justamente por ello, nos es muy deseable que nos comunique los estenogramas de todos los discursos pronunciados por nuestros diputados. Según la costumbre, podría usted enviárnoslos fácilmente por unos días; respondo de su pronta devolución. Esto contribuirá a apartar del camino los últimos obstáculos que aún subsisten entre nosotros y el partido en Alemania —y no por culpa nuestra. Esto entre nosotros.

Es probable que Gladstone le haya proporcionado un triunfo a Most. Difícilmente se encontrarán 12 jurados que condenen a Most por unanimidad, y con que uno solo lo absuelva, el proceso se viene abajo; es cierto que puede ser llevado de nuevo ante otros jurados, pero eso casi nunca ocurre. Además, la ley de 1861, bajo la cual se acusa a M[ost], no ha sido aplicada nunca y la opinión de los juristas es, por término medio, que el tenor literal no es aplicable al caso.

La salida de Argyll del ministerio, porque el proyecto de ley agraria irlandesa transfiere a los arrendatarios una cierta copropiedad sobre la tierra, es un mal presagio para la suerte del proyecto en la Cámara de los Lores. Entretanto, Parnell ha comenzado con éxito en Mánchester su gira de agitación por Inglaterra. La situación de la gran coalición liberal es cada vez más crítica. Pero aquí todo va lentamente, y por eso mismo de manera tanto más radical.

Así pues, no se deje amedrentar por las primeras dificultades, no pierda el ánimo y siga redactando tranquilamente como hasta ahora. En el peor de los casos, escriba a Leipzig para que le manden ayuda; ese sería sin duda el mejor camino para eliminar las dificultades con las que tiene usted que luchar. Y cuando haya puesto a punto al nuevo hombre, siempre habrá tiempo de hablar de dimisión.

Saludos cordiales de

su

F. Engels