en París

[Londres] 24 de febrero de 1881

Mi querida Jenny:

¡Que el ilustre Regnard recomiende su factum lo bastante a tu «participación»! Este jacobino, que defiende al venerable protestantismo inglés y al liberalismo vulgar inglés con el aparato histórico de ese mismo liberalismo vulgar, merece en verdad la más cálida participación. Pero vayamos a sus «hechos».

1. La matanza de los 30 000 protestantes de 1641. Los católicos irlandeses se encuentran aquí en la misma situación que la Comuna de París. Los versalleses asesinaron a 30 000 communards y llamaron a eso los horrores de la Comuna. Los protestantes ingleses bajo Cromwell asesinaron por lo menos a 30 000 irlandeses y, para encubrir su brutalidad, inventaron la fábula de que eso habría ocurrido para vengar el asesinato de 30 000 protestantes por los católicos irlandeses.

Los hechos son los siguientes:

Después de que el Ulster fuera arrebatado a sus propietarios irlandeses —para quienes, en aquella época, 1600-1610, la tierra era propiedad común— y entregado a colonos militares protestantes escoceses, estos colonos no se sentían seguros en sus posesiones durante los tiempos turbulentos posteriores a 1640. Los funcionarios puritanos ingleses del gobierno en Dublín difundieron el rumor de que un ejército de covenanters escoceses desembarcaría en el Ulster y exterminaría a todos los irlandeses y católicos. Sir W. Parsons, uno de los dos jueces superiores de Irlanda, dijo que al cabo de doce meses no quedaría ningún católico en Irlanda. A consecuencia de estas amenazas, repetidas en el Parlamento inglés, se alzaron los irlandeses del Ulster el 23 de octubre de 1641. Pero no hubo matanza alguna. Todas las fuentes contemporáneas escriben que los irlandeses solo se propusieron una matanza general, e incluso los dos jueces superiores protestantes (proclamados el 8 de febrero de 1642) declaran que «la parte principal de su conspiración, entre ella una matanza general, fue frustrada». Sin embargo, ingleses y escoceses arrojaron desnudas al río (Newry) a mujeres irlandesas el 4 de mayo de 1642 y asesinaron a irlandeses (Prendergast, “Cromwellian settlement of Ireland”, 1865).

2. L’Irlande la Vendée de l’Angleterre. Irlanda era católica, la Inglaterra protestante republicana; por eso Irlanda es la Vendée inglesa. Existe, no obstante, la pequeña diferencia de que la Revolución Francesa quería dar la tierra al pueblo, mientras que la Commonwealth inglesa quería quitársela al pueblo en Irlanda.

Como bien saben la mayoría de los conocedores de la historia, con excepción de Regnard, toda la Reforma protestante, prescindiendo de sus disputas e interpretaciones dogmáticas, fue un plan de gran alcance para la confiscación de la tierra. Primero se le quitó la tierra a la Iglesia. Luego, en los países donde el protestantismo detentaba el poder, se declaró rebeldes a los católicos y se confiscaron sus tierras.

Ahora bien, con Irlanda se dio un caso especial. «Pues los ingleses —dice Prendergast— parecen haber creído que Dios cometió un error al dar una tierra tan hermosa como Irlanda a los irlandeses; y durante cerca de 700 años han intentado enmendarlo.»

Toda la historia agraria de Irlanda es una serie de confiscaciones de tierras irlandesas con el fin de entregarlas a colonos ingleses. Al cabo de muy pocas generaciones, estos colonos, bajo el hechizo de la sociedad celta, se volvían más irlandeses que los nativos.

Luego sobrevenía una nueva confiscación y una nueva colonización, y así hasta el infinito.

En el siglo XVII, toda Irlanda, a excepción del norte recién escotizado, estaba madura para una nueva confiscación. Tanto es así que el Parlamento británico (puritano), al conceder a Carlos I un ejército para someter Irlanda, decidió que el dinero para equiparlo se recaudase mediante la hipoteca de 2 500 000 acres que se confiscarían en Irlanda. Y los «adventurers» que adelantaron el dinero debían nombrar también a los oficiales de ese ejército. La tierra debía repartirse entre estos «adventurers» de modo que recibieran 1 000 acres quienes hubieran adelantado 200 libras en el Ulster, 300 en Connaught, 450 en Munster, 600 en Leinster. ¡Y si la gente se alza contra este benévolo plan, son vendeanos!

Si Regnard llegara a sentarse alguna vez en una Convención Nacional, podría seguir el ejemplo del Parlamento Largo y combatir una eventual Vendée con estos medios.

La abolición de las leyes penales. Ahora bien, la mayor parte de ellas no fue derogada en 1793, sino en 1778, cuando Inglaterra se veía amenazada por la insurrección de la república americana, y la segunda derogación, en 1793, tuvo lugar cuando la República Francesa se alzaba amenazante e Inglaterra necesitaba todos los soldados disponibles para combatirla.

Los subsidios a Maynooth por Pitt: estas limosnas fueron pronto revocadas por los tories y solo restablecidas por Sir R. Peel en 1845. Pero ni una palabra del otro regalo que ese gran hombre hizo a Irlanda (es la primera vez que encuentra gracia ante los ojos de un jacobino), esa otra —no solo «considerable», sino verdaderamente pródiga «dotación»— los 3 millones de libras con los que se compró la Unión de Irlanda con Inglaterra. Los documentos parlamentarios mostrarán que tan solo la partida del dinero para comprar distritos electorales caducados y nominales asciende a no menos de 1 245 000 libras (O’Connell, “Memoir on Ireland”, dirigido a la reina).

Lord Derby implantó el sistema de escuelas nacionales. Muy cierto, pero ¿por qué lo hizo? Consulta a Fitzgibbon, “Ireland in 1868”, obra de un protestante y tory inquebrantable, o bien el “Report of Commissioners on Education in Ireland” oficial de 1826. Los irlandeses habían tomado en sus propias manos la educación de sus hijos, ya que el gobierno inglés no se ocupaba de ellos. En la época en que los padres y madres ingleses insistían en su derecho a enviar a sus hijos a la fábrica en lugar de a la escuela para que ganasen dinero, en aquella época competían en Irlanda los campesinos entre sí por crear sus propias escuelas. El maestro era un enseñante ambulante que pasaba unos meses en cada aldea. Se le daba una choza, cada niño le pagaba 2 peniques a la semana y, en invierno, algunos trozos de turba. En los hermosos días de verano se enseñaba en los campos, junto a un seto, y por eso se las llamaba escuelas de seto. Había también alumnos ambulantes que, con los libros bajo el brazo, iban de escuela en escuela y recibían sin dificultad alojamiento y comida de los campesinos. En 1812 existían 4 600 escuelas de seto de este tipo en Irlanda, y el “Report of the Commissioners” de ese año afirma que una educación así «conduce más al mal que al bien», «que las gentes obtienen de hecho para sí tal educación, y aunque consideramos oportuno cambiarla, parece imposible detener su avance: puede mejorarse, pero no puede impedirse». Estas escuelas verdaderamente nacionales no correspondían, pues, a las intenciones inglesas. Para suprimirlas se crearon escuelas que simulaban ser nacionales. Son tan poco laicas que el libro de lectura consta de extractos de la Biblia católica y de la protestante, aprobados por el arzobispo católico y por el protestante de Dublín. ¡Compara con estos campesinos irlandeses a los ingleses, que hasta el día de hoy claman por la enseñanza obligatoria!