en Viena

122, Regent’s Park Road, N. W.
Londres, 1 de feb. de 81

Estimado señor Kautsky:

Tras largas demoras, llego por fin a contestar su carta.

Puesto que de todos modos piensa usted venir pronto por aquí, una crítica escrita y detallada del libro que tuvo a bien enviarme sería un trabajo más bien superfluo; supongo que tendré el placer de hablar con usted verbalmente de ello y me limito a algunos pocos puntos.

1. Lo dicho en la pág. 66 y ss. queda invalidado por el hecho de que entre la plusvalía y la ganancia del capital existen todavía otras diferencias reales, además de la del cálculo porcentual sobre el capital variable o sobre el capital total. En el Anti-Dühring, pág. 182, están reunidos los principales pasajes de El Capital referentes a esto.

2. Aunque los socialistas de cátedra nos exhorten obstinadamente a nosotros, socialistas proletarios, a que les resolvamos el enigma de cómo podríamos evitar una superpoblación que quizá sobreviniese y el consiguiente peligro de hundimiento del nuevo orden social, esto no es en modo alguno motivo para que yo les haga también ese favor a esos señores. Para mí es pura pérdida de tiempo resolverles a esa gente todos los escrúpulos y dudas que deben a su propia y confusa super-sabiduría, o, por ejemplo, refutar toda la jerga espantosa que tan sólo Schäffle ha embutido en sus muchos y gruesos libros. Sólo con corregir todas las citas falsas, entrecomilladas, que esos señores hacen de El Capital, se llenaría ya un volumen bastante grande. Que aprendan primero a leer y a copiar, antes de exigir que se responda a sus preguntas.

Además, no considero en modo alguno candente esta cuestión en un momento en que la naciente producción en masa americana y la verdadera gran agricultura amenazan literalmente asfixiarnos bajo el peso de los medios de subsistencia producidos; en vísperas de una revolución que, entre otras consecuencias, tendrá que traer también la de poblar por primera vez la tierra —lo que usted dice al respecto en las págs. 169-170 pasa por encima de este punto con demasiada ligereza— y que también en Europa necesitará seguramente un fuerte aumento de población.

El cálculo de Euler tiene exactamente el mismo valor que el del kreuzer que, colocado a interés compuesto en el año 1 de nuestra era y duplicándose cada 13 años, vendría a representar hoy una suma de florines suficiente para formar una masa de plata mayor que la Tierra. Cuando usted dice, en la pág. 169, que las condiciones sociales de América no difieren mucho de las europeas, eso sólo es válido si se atiende a las grandes ciudades de la costa, o tan sólo a las formas jurídicas externas de esas condiciones. La gran masa de la población americana vive ciertamente en condiciones sumamente favorables al aumento de población. La corriente inmigratoria lo prueba. Y sin embargo, necesita más de 30 años para duplicarse. No vale meter miedo.

La posibilidad abstracta de que la población humana llegue a ser tan grande que haya que poner límites a su multiplicación existe, desde luego. Pero si la sociedad comunista se viera alguna vez obligada a regular la producción de hombres, del mismo modo como ha regulado ya la producción de cosas, será precisamente ella, y sólo ella, la que podrá llevarlo a cabo sin dificultades. Alcanzar de un modo planificado en una sociedad semejante un resultado que ya hoy se ha desarrollado espontáneamente, sin plan, en Francia y en la Baja Austria, no me parece tan difícil en absoluto. En todo caso, es asunto de esa gente el decidir si quieren hacerlo, en qué sentido, cómo y con qué medios. No me considero llamado a hacerles propuestas ni a darles consejos al respecto. Tan listos como nosotros, esos señores también lo serán, sin duda.

Por lo demás, ya escribí en 1844 (Deutsch-Französische Jahrbücher, pág. 109): “Aun cuando Malthus tuviera absolutamente razón, habría que emprender inmediatamente esta transformación (socialista), porque sólo ella, sólo la ilustración de las masas que ella proporcionaría, hace posible esa restricción moral del instinto de reproducción que el propio Malthus presenta como el remedio más eficaz y más fácil contra la superpoblación.”

Con esto basta hasta que pueda discutir de palabra con usted los demás puntos. Hace usted muy bien en venir. Es usted uno de los pocos de la joven generación que se esfuerza en aprender realmente algo, y le será muy útil salir de esa atmósfera de acriticismo en la que se pudre toda la literatura histórica y económica que ahora mismo se fabrica en Alemania.

Con un saludo sincero,
suyo
F. Engels

Engels a Eduard Bernstein

en Zúrich

Londres, 2 de feb. de 1881

Estimado señor Bernstein:

Adjunto una carta para Kautsky, para su amable envío; no sé si la dirección de Viena que me dieron sigue siendo válida.

Los 5 números del “Sozialdemokrat” aparecidos desde el cambio de año atestiguan un progreso considerable. El tono de melancólica desesperación del “hombre derrotado”, la altisonante hombría de bien que lo complementaba, la mansedumbre pequeñoburguesa que alternaba constantemente con frases revolucionarias mosianas, y, por fin, la eterna ocupación con Most, han cesado. El tono se ha vuelto ágil y consciente de su objetivo; si sigue así, el periódico ya no andará con evasivas, sino que servirá de aliento a la gente en Alemania. Ya que tiene usted la “Neue Rheinische Zeitung”, hará bien en leerla de vez en cuando. Fue precisamente el desprecio y la burla con que tratábamos a los adversarios lo que nos granjeó, en los 6 meses que duró hasta el estado de sitio, casi 6000 suscriptores, y aunque en noviembre volvimos a empezar desde el principio, en mayo del 49 teníamos de nuevo la cifra completa y aún más. La “Kölnische Zeitung” ha reconocido ahora que por entonces sólo tenía 9000.

Puesto que parece que les falta folletín, podrían ustedes imprimir una vez el poema del núm. 44 de 1848: “Esta mañana fui a Düsseldorf”; quizá con el título: Un devorador de socialistas de 1848. (Folletín de la “Neue Rheinische Zeitung” del 14 de julio de 1848) y debajo el autor: Georg Weerth (fallecido en La Habana en 1856). ¡Adelante, pues!

Suyo
F. E.

“No robarás” y la apología de la ejecución de Luis XVI, muy bien.