en Ginebra

Ramsgate, 17 de agosto de 1880

Querido viejo:

Hasta hoy no me ha sido reexpedida a este lugar tu tarjeta postal, y en seguida he sacado un giro postal de dos libras esterlinas, es decir, 50 francos y algunos céntimos para ti (indicando en él mi dirección de Londres). Se sobreentiende por completo que no vamos a dejar que te echen de casa mientras nosotros reponemos nuestra salud aquí en el balneario. No tienes que andar con tantos miramientos por unos pocos céntimos; estas cosas se sobreentienden entre viejos camaradas de guerra que llevan cuarenta años batiéndose bajo la misma bandera y atentos a las mismas señales.

Aquí estamos todos: Marx, su mujer, sus hijas con sus maridos e hijos; la estancia le sienta especialmente bien a Marx, y espero que se reponga del todo. Lamentablemente, su mujer está enferma desde hace tiempo, pero se mantiene tan animada como le es posible. La semana que viene regresaré a Londres, pero Marx debe quedarse aquí todo lo que sea posible.

A propósito, también debo decirte que reina un gran equívoco en lo tocante a las cartas. Marx nunca ha tenido que guardar cartas tuyas, pero sí debía tener Borkheim algunas tuyas, y tú, cuando aún estaba contigo en Ginebra la señora Marx, le encargaste por medio de ella a Marx que se las hiciera entregar por Borkheim. Pero ahora Borkheim asegura no haber recibido nunca ninguna tuya; de modo que, cómo está realmente el asunto, nos resulta aquí insondable.

Así pues, espero que al menos por ahora hayas salido de la peor desgracia y tengas un poco de tranquilidad. Un saludo cordial de todos nosotros y en especial de tu

F. Engels