en Leipzig  

Londres, 10 de enero de 1880

Querido Liebknecht:

Tu carta llegó justo en medio del bullicio festivo, que con la multiplicación de la familia Marx —y como dos amigos nuestros de Manchester estaban de visita en mi casa— adquirió considerables proporciones. Para poder despachar tu carta, tuve que consultar el último *Post Office Directory*, y solo podía conseguirlo a cierta distancia de mi domicilio. Enfin, a comienzos de esta semana di con él y  

envié tu carta a  

Alexander Macdonald Esq., M.P.  
Well Hill (el Directorio dice Well Hill)  
by Hamilton, North Britain (N.B.)  

Macdonald es el mayor canalla de los dos, pero está más profundamente implicado a nivel oficial con los obreros de las minas de carbón. Quizá recibas su respuesta antes que la mía. Tan pronto como se abra el Parlamento, puedes dirigirla simplemente a Alexander Macdonald, House of Commons.

Ya que dices haber solicitado a Macdonald los documentos pedidos en el cuerpo de tu carta, naturalmente no hago nada más al respecto, hasta que vuelva a tener noticias tuyas.

El cuento de la plata o, mejor dicho, del doble patrón es la quimera de unos cuantos especuladores del algodón de Liverpool. Como en la India y en China solo circula plata en la práctica comercial, y la plata ha caído desde hace 10 años de 1/15½ a 1/17½–1/18 del valor del oro, esta circunstancia ha agravado naturalmente la crisis en este artículo provocada por la sobreexportación de géneros de algodón al Extremo Oriente. Primero cayeron los precios por el aumento de la oferta, y luego esos precios caídos representaban, además, para el exportador inglés un valor en oro menor que antes. Los avispados de Liverpool, que no pueden ni imaginar que el algodón también pueda bajar de precio alguna vez, lo achacan todo a la diferencia de patrón monetario y opinan que todo se arreglará y el comercio indo-chino florecerá en cuanto aquí se decrete que la plata vuelva a valer 1/15½ del oro, es decir, que el público inglés se deje endosar plata con un sobreprecio del 13–15%, para que los exportadores de géneros de algodón ganen otro tanto. Ése es todo el timo, al que se han sumado unos cuantos *crotchet-mongers*. Nunca tuvo importancia alguna. El *Times* opinaba el otro día, con gran filantropía, que el patrón oro no conviene a un país tan pobre como Alemania; que más valdría volver al más cómodo patrón plata —con el deseo oculto de crear al mercado monetario londinense una fuente de exportación donde éste pudiera colocar por encima de su valor su plata desvalorizada. ¡Naturalmente, también un piadoso deseo, al igual que la infantil fantasía de nuestro amigo Bismarck de volver al doble patrón y poner de nuevo en circulación los táleros como moneda de pleno valor en todos los pagos, aunque valgan un 15% menos de aquello por lo que han de pasar! Los financieros alemanes se han vuelto tan avispados bajo el amigo Bismarck, que eso ya no coló y los táleros emitidos retornaron con rapidez simiesca al Banco y a las cajas del Reich.

Te felicito, y a todos vosotros, igualmente por el nuevo año y por la revolución rusa que —bien segura— se pondrá en movimiento durante él, y que imprimirá de inmediato a toda Europa un carácter distinto. También esto se lo debemos en gran parte a nuestro amigo Bismarck, quien con su viaje a Austria y su alianza, tan ostentosos, puso al gobierno ruso exactamente en el momento justo (¡para nosotros!) ante la disyuntiva: guerra o revolución. ¡Quel génie!

Tuyo,  
F. E.