en Ginebra

Londres, 19 de dic. de 1879

Querido viejo:

Ayer tenía que recibir dinero, y hacía tiempo que estaba decidido que tú recibirías también enseguida un envío. Pero me llegó demasiado tarde para poder sacar aún el giro postal el mismo día, y durante toda la tarde me estuvo rondando en la cabeza: ¡esta noche llega seguro una carta de Philipp! Y, efectivamente, llegó. Y así me has privado del placer de darte una sorpresa de Navidad.

He sacado, pues, un giro postal por cinco libras esterlinas, que según la tabla de aquí deberían pagarte allí 126 francos, lo cual seguramente ocurrirá de inmediato.

A nosotros nos va más o menos, no puedo quejarme; M[arx] anda mejor de salud que el año pasado, aunque todavía no está del todo como debiera. La señora de M[arx] padece desde hace bastante tiempo, a temporadas, de la digestión y rara vez se encuentra del todo bien. ¡El tomo II avanza lentamente y probablemente no avanzará más deprisa hasta que un verano mejor que el último le permita a M[arx] reponerse de una buena vez.

Ayer le escribí a Bebel que nosotros no podíamos colaborar en el «Sozialdemokrat». De las cartas posteriores de H[öchberg] se desprende que él considera cosa natural poder defender en el «Sozialdemokrat» las opiniones expresadas en el «Jahrbuch». Y mientras los de Leipzig estén con él y con sus colegas filisteos en el pie en que están, no veo cómo pueden negárselo. Pero con eso quedamos nosotros excluidos. Después de haber combatido sin tregua el mismo socialismo pequeñoburgués desde el «Manifiesto» (¡y aun desde el escrito de Marx contra Proudhon¹), no podemos unirnos a él en el momento en que toma la ley de los socialistas como pretexto para alzar de nuevo su bandera. Y además es mejor así. Nos veríamos envueltos en un debate interminable con esos señores, el «Sozialdemokrat» se convertiría en un campo de batalla y, finalmente, tendríamos que anunciar públicamente nuestra retirada. Con todo esto no se habría servido a nadie más que a los prusianos y a los burgueses, de modo que preferimos evitarlo.

Pero esto no debe constituir en absoluto un modelo para otras personas que no se ven, como nosotros, obligadas precisamente por las negociaciones habidas a arrojar el guante contra H[öchberg] y consortes... para ésas no debe ser en modo alguno un modelo. No veo en absoluto por qué, por ejemplo, tú no habrías de colaborar en el periódico. Las correspondencias de los obreros alemanes son lo único que en él produce aún alegría, y trabajos tuyos no harían más que levantar el periódico; y, puesto que existe de todos modos, siempre es preferible un periódico lo mejor posible a uno malo. Digo esto en el entendido de que esa gente te pague como es debido, pues pretender que, en tu situación, trabajes además gratis, sería ya exigir demasiado.

Tampoco estamos particularmente enfadados con los de Leipzig por este asunto. Lo hemos visto venir desde hace años. Liebk[necht] no puede dejar de mediar y de hacer amigos a diestro y siniestro, y, con tal de que el partido se presente exteriormente bien fuerte, numeroso y, a ser posible, también rico en dinero, no se para en barras con los elementos que se le suman. Esto dura hasta que un buen día se quema los dedos. Cuando eso ocurra, las buenas gentes ya volverán al buen camino.

«Freiheit» es puro griterío sin contenido ni entendimiento alguno, y Most, que por lo demás no carece de talento, se muestra aquí incapaz de producir un solo pensamiento desde que se ha arrancado del suelo del partido. Si alguna vez quiero puros insultos, prefiero al difunto Karl Heinzen, que al menos los hacía más macizos.

Los poderes se enviaron todos a Nueva York, pero desde entonces no se ha sabido nada más. Hay que confiar poco en las esperanzas de Liebk[necht], que siempre tiene más de las que convienen.

Leßner hace ya años que no tiene nada que ver con la asociación de aquí; se deja ver poco y la mayoría de las veces gruñe un poco sobre la marcha de las cosas en general.

¡En Rusia la cosa marcha de fábula! Probablemente aquello estalle pronto. Y cuando eso ocurra, a los grandes señores del Imperio Alemán se les helará al punto el trasero a quintales de puro miedo. Ése será el próximo punto de inflexión de la historia universal.

Los pobres anarquistas no deberían disgustarte tanto. Ellos están también ya completamente de capa caída. En Occidente no tienen otra cosa que hacer que practicar la anarquía entre ellos, a vuelapelo, y en Rusia, con todas sus atrocidades, no hacen sino sacarles las castañas del fuego a los constitucionales... ¡lo que justamente ahora, para espanto suyo, han descubierto!

Saludos de M[arx] y de tu

F.E.