En Ginebra

Querido viejo. Londres, 15 de septiembre de 1879

Espero que hayas recibido mi última carta y los 75 francos por correo.

Sorge escribe que también te ha escrito a ti acerca de la renovación que se hará necesaria del poder relativo al testamento de Lingenau, pues de otro modo la muerte de Geib podría poner a los abogados de la parte contraria en condiciones de declarar inválido el antiguo poder y provocar así nuevas dilaciones.

Marx, que aún está en la costa y al parecer se ha recuperado maravillosamente, me escribe ahora pidiéndome que te ruegue le envíes el formulario del poder para que pueda ocuparse de lo necesario. Así pues, ten la bondad de hacerlo lo más rápidamente posible. Si ello te ocasiona gastos, escríbeme enseguida a cuánto ascienden y te enviaré el dinero. Cuanto antes se arregle esto, mejor. El poder, naturalmente, exactamente como el anterior, solo que en él falte el nombre de Geib o figure como fallecido.

Con el órgano alemán del partido en Zúrich la cosa se pone cada vez más bonita. La comisión de redacción de Zúrich, que bajo la dirección superior de los de Leipzig debe vigilar y censurar el periódico, está compuesta por Höchberg, Schramm y Bernstein. Pero resulta que Schramm, Höchberg y Bernstein, en el "Jahrbuch für Sozialwissenschaft und Sozialpolitik" que Höchberg ha publicado en Zúrich, han confeccionado un artículo, "Rückblicke auf die sozialistische Bewegung in Deutschland", que los presenta a los tres como burgueses de lo más ordinario, filántropos pacíficos; acusan al partido de haber sido con excesiva exclusividad un "partido obrero", de haber provocado el odio de la burguesía, y reclaman la dirección del movimiento para burgueses "cultos" de su calaña. Ahí se acaba, después de todo, toda cordialidad.

Por suerte, anteayer Höchberg apareció de pronto en mi cuarto. Entonces le hablé con toda franqueza. El pobre muchacho, en el fondo un buen tipo, pero espantosamente ingenuo, cayó de las nubes cuando le expliqué que no podíamos ni pensar en arriar la bandera proletaria que hemos mantenido en alto desde hace casi 40 años, ni tampoco en sumarnos al delirio general de fraternización pequeñoburguesa que venimos combatiendo también desde hace casi 40 años. En suma, ahora sabe por fin a qué atenerse con nosotros y por qué no podemos marchar con gente de su especie, hagan y digan lo que quieran los de Leipzig.

También enviaremos a Bebel una declaración totalmente categórica de nuestra posición frente a esos aliados del partido alemán y luego veremos qué hacen. Si el órgano del partido aparece en el sentido de ese artículo burgués, nos declararemos públicamente en contra. Pero probablemente no dejarán que la cosa llegue tan lejos.

Así que escribe pronto.

Los mejores saludos de Marx y de

tu viejo

F. Engels