en Londres

10 de sept. de 1879
62, Plains of Waterloo, Ramsgate

Dear Fred,

De Kowalewski recibí ayer un par de líneas diciendo que ha recibido una carta de Rusia que hace necesaria su inmediata vuelta a la patria. No me ha enviado el «Jahrbuch».

Laura estuvo 8 días con nosotros, Paul algunos días, de manera intermitente, y anteayer regresó con ella a Londres. Por lo demás, Laura había informado a Pumptia de su partida.

Mi mujer sigue adelante aún muy lentamente; yo me he repuesto mucho.[183] El aire de aquí me sienta extraordinariamente bien. Además, Laura me mantenía en mouvement perpetuel.

Adjuntas las cartas que he recibido hoy de ti. (Las otras salen al mismo tiempo, pero bajo otro sobre.) Liebknecht no tiene criterio. Las cartas demuestran lo que pretenden refutar, a saber, nuestra opinión originaria de que el asunto se echó a perder en Leipzig, mientras que los de Zúrich procedieron conforme a las condiciones que se les habían planteado. Por lo demás, su horror ante el ataque de la, por otra parte tan inofensiva, «Laterne» al Lumpazius Kayser muestra, más claramente que ninguna otra cosa, el calibre de esa gente. Schramm fue desde siempre, por lo demás capaz, un filisteo. Los leipzigueños, por su parte, están ya tan «parlamentarizados», que la crítica pública de un miembro de su camarilla en el Reichstag les parece un crimen de lesa majestad.

Comparto plenamente tu opinión de que no hay que perder más tiempo en manifestar nuestra opinión, de modo tajante y sin miramientos, frente a la palabrería del «Jahrbuch», es decir, pro nunc, «notificar» a los leipzigueños negro sobre blanco. Si proceden del mismo modo con su «órgano del partido», tendremos que desautorizarlos públicamente. En estas cosas se acaba la camaradería.

S. 394-408

v

A Most no le he contestado y no le contestaré; tan pronto como esté en Londres, le escribo — invitación a presentarse personalmente. Tú debes estar presente en el rendezvous.

Lo más característico de Bismarck es la manera y el modo en que se metió en su antagonismo con Rusia. Quería deponer a Gorchakov e instalar a Shuvalov. Como eso fracasó, se sobreentendía: ¡voilà l’ennemi! y tampoco dudo de que Bucher no ha dejado de azuzar la irritabilidad del maestro. On retourne toujours à son premier amour. Para nuestro movimiento y para Europa en general, nada más perjudicial podría ocurrir que la ejecución del plan de Bismarck. Mientras viva el viejo Wilhelm, eso no será, de todos modos, tan fácil; siempre es posible que el propio Bismarck llegue a ser víctima de la reacción que ha iniciado con la ley contra los socialistas. En attendant, el punto negro en el este ya le está haciendo su servicio; vuelve a ser el «hombre necesario», y los liberales tienen ahora el «patriótico» sentimiento del deber de tener que besarle el culo. No solo el presupuesto militar de hierro será renovado en la próxima sesión del Reichstag; quizá se haga «perpetuo», como Wilhelm quería originariamente. El secreto de los éxitos de la diplomacia rusa en el extranjero era el silencio sepulcral de Rusia en el interior. Con el movimiento interior se rompió el hechizo. Su última victoria fue el Tratado de París de 1856. Desde entonces solo han dado tiros fallidos.

Espero que la salud del pobre Schollymeyer mejore. Mis mejores deseos para él.

Tuyo
Mohr