en Ginebra

Londres, 8 de sept. de 1879

Querido viejo:

Lamento saber que aún sigues en las garras de la mala suerte y que no está en mi poder liberarte por completo de ella. Entre tanto, he podido poner a tu disposición dos libras y, de un amigo¹ que es tanto químico como comunista de primer rango, he recibido aún una tercera, y acabo de retirar para ti el giro postal por estas tres libras, vulgo 75,60 francos; espero que te lo paguen de inmediato. Se sobreentiende, por supuesto, que no tienes que sentir ningún apuro frente a mí; lo que puedo hacer por ti, ocurre siempre y sin falta y con placer; es una vergüenza que aún no hayamos llegado tan lejos como para asegurar a nuestros veteranos una existencia libre de preocupaciones.

La «Freiheit» difícilmente sobrevivirá el nuevo año, si no se le otorga un nuevo significado mediante estupideces de otro lado. ¡Se quiere fundar un órgano oficial del partido en Zúrich² y poner la dirección —bajo el control superior de los de Leipzig— en manos de alemanes de Zúrich, de quienes no puedo decir que me inspiren confianza. Al menos, en el «Jahrbuch»³ de ciencias sociales editado por Höchberg, que es uno de ellos, aparecen cosas de lo más curiosas: que el partido se ha presentado injustamente como un partido obrero, que él mismo se ha atraído la ley contra los socialistas⁴ mediante ataques innecesarios contra la burguesía, que no se trata de la revolución, sino de un largo desarrollo pacífico, etc. Esta estúpida cobardía es, naturalmente, agua para el molino de Most, y él está presto a explotarla, como ves en los últimos números de la «Freiheit»⁵. Desde Leipzig se nos había pedido que colaborásemos en el nuevo órgano, y también habíamos aceptado⁶; pero desde que sabemos quién debe recibir la dirección inmediata, hemos vuelto a declinar⁷, y desde este «Jahrbuch» cesa por completo todo trato con

¹ Carl Schorlemmer — ² véase vol. anterior, pp. 385/386

la gente que quiere introducir de contrabando en el partido esta estupidez y este servilismo rastrero, con Höchberg y consortes. Los de Leipzig pronto notarán qué aliados han pescado ahí. En general, pronto será hora de alzarse contra los grandes y pequeños burgueses filantrópicos, estudiantes y doctores que se infiltran en el partido alemán y quieren diluir la lucha de clases del proletariado contra sus opresores convirtiéndola en una institución universal de confraternización humana, y ello en el momento en que los burgueses, con quienes se nos quiere confraternizar, nos han puesto fuera de la ley, han destrozado nuestras prensas, disuelto nuestras asambleas, nos han entregado a la arbitrariedad policial sans phrase. Difícilmente los obreros alemanes participarán en este tipo de campaña.

Nuestra gente en Rusia ha vivido un gran triunfo: han hecho estallar la alianza ruso-prusiana.* Si no hubieran sumido al gobierno ruso, mediante su acción implacable, en este espanto funesto, el gobierno ya se habría enseñoreado del descontento interno de la nobleza y la burguesía por la entrada en la abierta Constantinopla, prohibida por Inglaterra⁸, y por la consiguiente derrota diplomática en Berlín⁹. Pero así, la culpa de estas derrotas tiene que descargarse sobre el extranjero, sobre Prusia. El tío y el sobrino pueden haber remendado a duras penas la brecha en Alexandrowo¹⁰, curarla ya no es posible. Y si la catástrofe en Rusia no llega muy pronto, entonces llegará la guerra entre Rusia y Prusia, que el Consejo General ya predijo como su consecuencia inevitable durante la guerra francesa y que en 1873 se evitó a duras penas¹¹.

Ahora mantente animoso y haz saber pronto de ti y escribe una carta en condiciones; en una tarjeta postal como esa no se puede, a fin de cuentas, hablar completamente sin tapujos.

Un cordial saludo de Marx y de
tu viejo
F. E.