en Londres

14 de agosto de 1879
Hotel Trafalgar, St. Aubin’s

Querido Fred:

Te dirijo estas líneas a tu domicilio de Londres, pues tú —según tu carta a mi mujer— a la fecha de hoy ya no perteneces con seguridad a la gente de Eastbourne.

Adjunto carta de Hirsch para mí, y otra de Louise Juta para Pumps.

Nuestra travesía a Jersey desde Southampton quedó demasiado aguada por un formidable torrente de lluvia; llegamos calados a St. Helier, donde también diluviaba a cántaros. Desde entonces, después de algunas oscilaciones, transiciones y recaídas, el tiempo está muy bueno. En Jersey los campesinos creían que el fin del mundo estaba cerca; afirman no haber vivido jamás una primavera y un verano tan malos. Mañana nos trasladamos al Hotel de l’Europe, en St. Helier. Abandonamos nuestra actual estancia en St. Aubin’s, porque a Tussy y a mí nos horroriza la monótona comida diaria de cordero o Muttonkost¹, a consecuencia de lo cual me he convertido, desde hace algunos días, en vegetariano involuntario. Otra vivienda aquí en las afueras —hemos mirado mucho— no encontramos. Cuando llegamos a Jersey, estaba aún relativamente vacío, pero con el tiempo ha habido una inmigración masiva, especialmente de Frenchies¹. Cuando esta mañana preguntamos en el Hotel de l’Europe, tuvimos la suerte de que justamente 60 franceses se disponían a partir, mientras que, por otro lado, los steamers cargados de fresca basura humana aún no habían llegado.

Al salir de Londres, en la estación de Waterloo, nos encontramos a Harney, que despachaba a su mujer hacia Jersey. Afortunadamente, ella ya tenía un billete de primera clase, mientras que nosotros cogimos de segunda. En el boat nos volvimos a encontrar. Ella, como nosotros, no padece sea sickness, pero por lo demás se encontraba indispuesta. Al desembarcar nos separamos nuevamente, aunque nos dio la dirección de su hermano, en cuya casa se hospeda. Desde entonces le hemos hecho allí una breve visita de «condolencia». La mujer es del todo impraticable. Aunque nacida en Jersey, no sabe dar ninguna información, salvo la que figura impresa en la Guide. Buena mujer, pero no just the person para gente que viaja por distracción. Yo, por fin, después de mucho tiempo, he vuelto a dormir aquí regularmente, solo que aún no me he librado por completo de un resfriado que contraje a consecuencia del abominable tiempo. Sin embargo, con este aire templado, seguramente se me pasará pronto. Tussy all right.

Dos arrendatarios de Derbyshire, padre e hijo, han sido hasta ahora nuestros compañeros de mesa aquí en el Hotel Trafalgar. Anteayer hicieron una excursión a Saint-Malo en velero y, después de haber estado «en Francia» por primera vez en su vida, regresaron con un respeto de sí mismos incomparablemente mayor. El padre se mostraba ahora casi dispuesto a hacer con el hijo un trip al Mediterraneum, pero opinaba que allí hacía «demasiado calor». «By no means», le corrigió el hijo, que de los dos es el booklearned man, «by no means, ¡allí ahora es —winter!». El viejo (que, por lo demás, está en la mejor edad viril y es a sharp fellow, with the true business-eye) me informó también de que Saint-Malo está en la costa suroeste de Francia. Tanto mejor conocedores son ambos en el terreno agrícola y en otras farmers questions.

Tussy encuentra que las dificultades para bañarse no merecen mención; hasta ahora ha alternado entre la bahía de St. Brelade y la de St. Helier; y ahora entre esta última y la de St. Clement.

Por carta de mi mujer he visto que Schorlemmer llegó como inválido; espero tener pronto mejores noticias de él.

Periódicos no he mirado desde mi llegada, ni he leído en absoluto nada, excepto el primer tomo de «Traits and stories of the Irish Peasantry», de Carleton. Ya me costó trabajo suficiente terminar el primer volumen; el segundo lo reservo para tiempos mejores. Son unconnected tales², en los que se ilustra la vida campesina irlandesa ora desde este, ora desde aquel lado, de modo que no están hechos para ser consumidos de un tirón. Justamente por eso es un libro que hay que adquirir y poseer para, au fur et à mesure³, regalarse ya con un plato, ya con otro. Carleton no es ni un buen estilista ni un buen compositor, pero la verdad de sus descripciones constituye su originalidad. Como hijo de campesino irlandés, conoce su tema mejor que los Lever y los Lover.

Reciban todos, incluida Tussy y yo, los mejores saludos.

Tuyo,
«Mohr»

¹ Hammelkost (comida de carnero). — Frenchies: franceses.
² historias inconexas.
³ según el caso.