en Leipzig
(Copia)

Londres, 4 de agosto de 1879

Querido Bebel:

Desde mi última del 25 de julio[1] Hirsch nos ha comunicado su correspondencia con Bernstein y Liebknecht acerca del nuevo periódico[2]. Según ella, el asunto se presenta de manera muy distinta a como estábamos autorizados a suponer según su carta.

Puesto que Hirsch, a sus muy justificadas preguntas acerca de las disposiciones adoptadas y acerca de las personas que, por un lado como fundadores y por otro como directores, estarían detrás del periódico, no recibió de Liebknecht otra respuesta que: «el partido más Höchberg» y la reiterada seguridad de que «¡todo está en orden!»[3], — ya por eso tuvimos que suponer que el periódico está fundado por Höchberg y que los «nosotros» a quienes, según la carta de E. Bernstein[4], están encomendadas «la puesta en escena y la supervisión», son de nuevo Höchberg y su secretario Bernstein[2].

De la segunda carta de Bernstein a Hirsch, que acabamos de recibir, se desprende que así es efectivamente.

No se le habrá escapado a usted que los defectos contra los que prevenía en mi última se adherirán ahora al periódico casi con necesidad congénita. Höchberg ha dado prueba, en lo teórico, de ser una cabeza sumamente confusa y, en lo práctico, de estar poseído por un incontenible afán de fraternizar con todos y cada uno de los que, no solo se presentan como socialistas, sino incluso meramente como sociales. Su pieza de prueba la ha rendido en la «Zukunft», poniendo en ridículo al partido en lo teórico y en lo práctico.

El partido necesita ante todo un órgano político. Y Höchberg, a decir verdad, es en el mejor de los casos un hombre completamente apolítico, ni siquiera socialdemócrata, sino socialfilántropo. Además, según la carta de Bernstein, el periódico no debe ser en absoluto político, sino por principio socialista, es decir, en semejantes manos necesariamente socialfantástico, una continuación de la «Zukunft». Un periódico así solo representa al partido si este quiere degradarse hasta convertirse en el rabo de Höchberg y de sus amigos socialistas de cátedra[1]. Si los jefes del partido quisieran poner así al proletariado bajo la dirección de Höchberg y de sus difusos amigos, los obreros difícilmente se prestarían a ello; la escisión y la desorganización serían inevitables; y Most y los vocingleros de aquí cosecharían el mayor triunfo.

En estas circunstancias, que nos eran completamente desconocidas cuando escribí mi última carta, consideramos que Hirsch hace muy bien en no querer tener nada que ver con el asunto. Lo mismo vale para Marx y para mí. Nuestro compromiso de colaboración se refería a un verdadero órgano del partido, y por tanto solo podía valer para uno de ese carácter, pero no para un órgano privado del señor Höchberg disfrazado de órgano del partido. En ningún caso colaboraremos en eso. Marx y yo le rogamos, pues, expresamente que tenga a bien cuidar de que no se nos mencione como colaboradores.

[1] En el manuscrito del borrador: que espero haya usted recibido (estaba certificada) —
[2] En el manuscrito del borrador, tachado: Que, en estas circunstancias, C. Hirsch no pueda aceptar la redacción sin garantías bien determinadas de su independencia frente al fundador supervisor, está claro. Dudo mucho de que se puedan hallar tales garantías suficientes y tengo por casi seguro que la negociación con C. Hirsch no conducirá a nada. Pero aun cuando tuviera éxito, es seguro que la posición de Hirsch no sería sostenible a la larga bajo el control de dos supervisores, de los cuales uno, el fundador, no es socialdemócrata, sino socialfilántropo, y el segundo, como admite Liebknecht, «querría ser él mismo redactor».