· Estimado señor, cuando recibí su carta de febrero (y llegaron a mis manos simultáneamente los valiosos impresos así como las demás cosas que usted menciona), mi esposa estaba tan enferma que los médicos dudaban de que pudiera resistir el ataque; en el ínterin también yo tuve algunos problemas de salud. (Desde que por la situación imperante en Alemania y Austria ya no pude emprender mi viaje anual a Karlsbad, nunca estuve realmente bien de salud.) En estas circunstancias, que sólo mejoraron hace muy poco tiempo, no he podido estudiar los papeles que se me enviaron. En el intervalo entregué a un alemán que viajaba a San Petersburgo una carta para usted, en la que me limitaba a acusar recibo de la suya y en la que le recomendaba al portador. Sin embargo, para mi sorpresa éste reapareció aquí y me informó que a raíz de algunos incidentes no pudo llegar más allá de Berlín y que renunció por completo al viaje a San Petersburgo. Ahora tengo que comunicarle antes que nada (cela est tout a-fait confidential [esto es muy confidencial]) que recibí de Alemania la información de que mi segundo tomo no podría ser publicado allí mientras el presente régimen persista en su severidad actual. Cosiderando el statu quo, esta noticia no me sorprendió y debo reconocer que tampoco me irritó por las siguientes razones: Primero: bajo ninguna circunstancia hubiera publicado el segundo tomo hasta que la actual crisis industrial en Inglaterra no alcance su punto máximo. Esta vez los fenómenos 124 N. F. DANIELSÓN/K. MARX son muy peculiares, y esto se explica fácilmente por el hecho -prescindiendo por completo de otras circunstancias _ modificadoras- de que nunca hasta ahora la crisis inglesafue precedida de crisis tremendas, que ya llevan cinco años de duración, en los Estados Unidos, Sudamérica, Alemania, Austria, etcétera. Por lo tanto, hay que observar el desarrollo actual hasta que las cosas hayan madurado; sólo entonces se las puede . d . " t "t , . t " "consumir pro uct1vamente , es o es, eoncamen e . Una de las peculiaridades de la situación actual es la siguiente: como usted sabe, se verificaron quiebras de bancos en Escocia y en algunos condados ingleses, principalmente en los occidentales (Cornualles y Gales). Sin embargo, hasta ahora el verdadero centro del mercado dinerario -no sólo del Reino Unido sino del mundo-, Londres, ha sido poco afectado. Por el contrario, salvo pocas excepciones, los grandes bancos accionarios, como el de Inglaterra, sólo obtuvieron ganancias de la baja animación general. Usted puede inferir el significado de esta falta de animación, de la completa desesperación del filisteo comercial e industrial inglés que teme no ver ya tiempos mejores. Nunca tuve oportunidad de vivir algo semejante, nunca fui testigo de consternación semejante, si bien estuve en Londres entre 1857 y 1866. Sin duda el mercado de dinero londinense resulta beneficiado por la situación del Banco de Francia, que se convirtió en una sucursal del Banco de Inglaterra desde el comienzo de la relación entre ambos países. El primero tiene una reserva enorme de dinero en metálico, pues la convertibilidad de los billetes de banco aún no fue restablecida, y ante el menor indicio de trastornos fluye dinero francés hacia la Bolsa londinense para comprar papeles momentáneamente desvalorizados. Si el dinero francés hubiera sido retirado súbitamente durante el último otoño, el Banco de Inglaterra hubiera tenido que recurrir a su último remedio in extremis, a la suspensión de la ley bancaria, y también n_osotros hubiéramos padecido una catástrofe financiera en el mercado dinerario. Por otra parte, la tranquilidad con la que en los Estados Unidos se efectuó la reanudación de los pagos al contado i l +h CORRESPONDENCIA (1879) 125 descarta cualquier rigidez de las reservas del Banco de Inglaterra, mientras proceda de este lado. Pero lo que contribuyó principalmente a evitar una explosión en el mercado londinense del dinero fue la situación aparentemente tranquila de los bancos de Lancashire y de los demás distritos industriales (con excepción de los distritos mineros del Oeste); no obstante, es absolutamente seguro que estos bancos no sólo colocaron una gran parte de sus medios en descuentos de letras, sino que invirtieron además grandes capitales, por ejemplo, en Oldham, para fundar nuevas fábricas. Al mismo tiempo, diariamente aumentan las existencias especialmente de artículos de algodón en Asia (sobre todo en la India), donde se envían en consignación, pero también en Manchester, etc., etc. Es difícil comprender cómo esta situación pueda terminar sin una crisis generalizada, que primero se extienda a los fabricantes y acto seguido a los bancos locales, para pasar directamente al mercado londinense del dinero. Mientras tanto, huelgas y caos general. Menciono en passant que durante el año pasado, un año tan desfavorable para el resto de la vida comercial, florecieron los ferrocarriles, ciertamente sólo por circunstancias extraordinarias, como la exposición de París, etc. En realidad ahora sólo conservan una apariencia de prosperidad acumulando deudas, con lo que aumentan su cuenta de capital. Como sea que se desarrolle esta crisis, cuya observación detallada es de la mayor importancia para el investigador de la producción capitalista y para el teóric? pro~esional, ella pasará igual que sus predecesoras y clara comienzo a un nuevo "ciclo industrial" con todas sus fases de prosperidad, etcétera. Pero bajo la cubierta de la "notoriamente" solidificada sociedad inglesa está al acecho otra crisis -la agraria-, que producirá grandes y profundas modificaciones en la estructura social. Volveré sobre esta cuestión en otra oportunidad. Ahora me llevaría demasiado lejos. Segundo: afortunadamente la masa de material que recibí no sólo de Rusia sino también de los Estados U nidos, ' me da pretextos para continuar mis investigaciones en lugar de cerrarlas definitivamente para su publicación. N. F. DANIELSÓN/K. MARX Tercero: mi médico me exhortó a reducir considerablemente mi "jornada de trabajo" para no volver al estado de 1874 y los años siguientes, en los que frecuentem@nte me .sentía mareado y ya no podía seguir trabajando tras algunas horas de gran esfuerzo en el trabajo. Con respecto a su interesantísima carta me limitaré a unas pocas observaciones. Los ferrocarriles surgieron como "couronnement de l'oeuvre" [coronamiento del edificio) en aquellos países en que estaba más desarrollada la industria moderna: Inglaterra, Estados Unidos, Bélgica, Francia, etc. Los llamo "couronnement de l'oeuvre" no sólo porque fueron ·por fin (junto con los barcos de vapor transoceánicos y el telégrafo) los medios de comunicación adecuados a los métodos modernos de producción, sino también porque sirvieron de base para el surgimiento de inmensas compañías por :acciones, que constituyeron a la vez un nuevo punto de partida de otros tipos de sociedades anónimas, empezando por las compañías bancarias. En una palabra, le dieron un ímpetu insospechado a la concentración del capital, y también a la acelerada e inmensamente ampliada actividad cosmopolita del capital financiero, las que envuelven así a todo ·el mundo en una red de fraudes financieros y de endeudamiento mutuo, que es la forma capitalista de la hermandad "internacional". Por otra parte, la aparición del sistema ferroviario en los principales países capitalistas permitió -e incluso obligó- ·que naciones, en las cuales el capitalismo abarcaba sólo a una reducida capa superior de la sociedad, crearan y ampliaran repentinamente su superestructura capitalista en una medida ·enteramente desproporcionada al conjunto del organismo social, que llevaba a cabo la mayor parte del trabajo productivo según los métodos tradicionales. Por eso no cabe la menor duda de que en esos estados el ferrocarril ha acelerado la desintegración social y política, de la misma manera que .en los estados más avanzados ha acelerado el desarrollo final y, por lo mismo, la trasformación final de la producción capitalista. A excepción de Inglaterra, los gobiernos enriquecieron y estimularon a las compañías ferroviarias a expensas del tesoro público. En Estados U nidos se les regaló gran parte de las tierras fiscales, y no sólo el terreno necesario para la consCORRESPONDENCIA (1879) 127 trucción de las vías, sino muchas millas de tierra cubiertas de bosques, etc., a ambos lados de las mismas. De esta manera, se convierten en los más grandes terratenientes, y los pequeños agricultores inmigrantes prefieren, desde luego, las tierras situadas de tal modo que su producción tenga asegurados fáciles medios de transporte. El sistema inaugurado en Francia por Luis Felipe, consistente en ceder los ferrocarriles a una pequeña pandilla de aristócratas financieros, otorgándoles concesiones de larga duración, garantizando el interés por medio de los dineros públicos, etc., etc., fue llevado al límite extremo por Luis Bonaparte, cuyo régimen se basó esencialmente en el negocio de las concesiones ferroviarias, a algunas de las cuales tuvo la gentileza de regalarles canales, etcétera. Y en Austria, y sobre todo, en Italia, los ferrocarriles fueron una nueva fuente de intolerable endeudamiento del estado y de expoliación de las masas. En general, los ferrocarriles dieron, por supuesto, un inmenso impulso al desarrollo del comercio exterior, pero en los países que exportan principalmente materia prima, el comercio aumentó la miseria de las masas. No sólo porque las nuevas deudas contraídas por el gobierno para el fomento de los ferrocarriles aumentaron el peso de los impuestos que las aplasta, sino también porque desde el momento en que toda producción local pudo convertirse en oro internacional, muchos artículos anteriormente baratos, debido a que eran invendibles en gran· escala -tales como la fruta, el vino, el pescado, la carne, etc.- encarecieron y desaparecieron del consumo popular, en tanto que la producción misma -me refiero al tipo especial de producción- se transformó de acuerdo con su mayor o menor adaptabilidad a la exportación, cuando anteriormente estaba principalmente adaptada a su consumo local. Así, por ejemplo, las tierras agrícolas de Schleswig-Holstein fueron convertidas en tierras de pastoreo, porque la exportación de ganado se hizo más provechosa, pero, al mismo tiempo, fue desalojada la población rural. Todos éstos son cambios muy útiles por cierto para el gran terrateniente, el usurero, el comerciante, los ferrocarriles, los banqueros y demás, pero muy desastrosos para el verdadero productor. 128 N. F. DANIELSÓN/K. MARX Para terminar esta carta (ya que está por cerrar el correo), es imposible encontrar analogías reales entre Estados U nidos y Rusia. En el primero, los gastos del gobierno disminuyen a diario y la deuda pública se reduce rápidamente todos los años; en la segunda la bancarrota pública es un desenlace que parece cada vez más inevitable. El primero se ha librado (si bien de la manera más infame, en favor de los acreedores, y a expensas del rnenu peuple [gente menuda] de su papel moneda, y la segunda no tiene fábrica más floreciente que la de papel moneda. En el primero, la concentración del capital y la expropiación gradual de las masas no es sólo el vehículo, sino también la consecuencia natural (aunque artificialmente acelerada por la guerra civil) de un desarrollo industrial, un progreso agrícola, etc., de rapidez sin precedentes; la segunda recuerda más bien a la época de Luis XIV y Luis XV, en que la superestructura financiera, comercial e industrial, o más bien la fachada del edificio social, parecía (aunque tenía una base mucho más sólida que en Rusia) una burla hecha sobre el estancamiento de la principal rama de la producción (la agrícola) y el hambre de los productores. Estados Unidos ha sobrepasado actualmente a Inglaterra en la rapidez del progreso económico, aunque todavía está detrás de ella en cuanto al monto de la riqueza adquirida; pero, al mismo tiempo, las masas son más perspicaces y tienen en sus manos medios políticos más poderosos, para darse cuenta de que se trata de un progreso realizado a costa de ellas. No veo necesidad de seguir desarrollando esta antítesis. A propósito: ¿cuál considera usted que es la mejor obra rusa sobre crédito y operaciones bancarias? El señor Kaufmann fue muy amable al enviarme su libro sobre Teoría y práctica de la banca pero quedé algo asombrado de que mi antiguo e inteligente crítico del Vestnik Evropi2 de Petersburgo se haya transformado en una especie de Píndaro de la moderna especulación bursátil. Por otra parte, desde el punto de vista científico -y en general no espero más de este tipo de libros- en sus detalles el libro es cualquier cosa menos original. La mejor parte es la polémica contra el papel moneda. Se afirma que ciertos banqueros extranjeros, con los que cierto gobierno quiso tornar nuevos empréstitos, habrían so CORRESPONDENCIA [1879) 129 licitado como garantía una constitución. Pero debido a que sus modernos métodos de hacer negocios hasta ahora se han llevado bien con todas las formas de gobierno, estoy muy lejos de creer en ello. :Mientras tanto, reitero mis mejores deseos. Su atento y S. S., A. WILIAMS 1 Parte de esta carta fue citada por Danielsón en el prólogo a la primera edición en ruso del tomo II de El capital, publicada en San Petersburgo en 1885. 2 Marx se refiere al economista ruso I. I. Kaufmann y a su libro Teoriia i praktika bankovogo dela. T. l. Kredit, banki i denezhnoie obrascheniie [Teoría y práctica de la banca. T. r. Crédito, Bancos y circulación monetaria], Spb., 1873. Kaufmann hizo una interesante reseña crítica del tomo I de El capital, publicada en Vestnik Evropi en mayo de 1872. Véase nota 3 de la carta 15.