en Ginebra

Londres, 30 de enero de 1879

Querido viejo:

Apenas necesité tu tarjeta postal para moverme en tu interés. De un amigo de Manchester recibí una libra para emplearla en las víctimas de la ley contra los socialistas. No puedo emplearla mejor que para ti, y añado aún una segunda, por la cual deberías recibir un giro de 50,40 francos desde Basilea, y ello con seguridad ya al día siguiente de recibir la presente. El resguardo está en mi poder. Lo que más tarde pueda hacerse, también se hará.

Con las agencias no hay nada que hacer. El negocio aquí está pésimo, y nadie quiere meterse en nada.

En cuanto al «Precurseur», en tu lugar yo declararía de una vez por todas a la gente de Ginebra que no me hallo en situación de hacer gasto alguno para el periódico. Es una verdadera vergüenza. No sólo tomas a tu cargo todo el afán y el trabajo gratuitamente, sino que además se pretende que soportes los costos. Pero así han sido siempre los ginebrinos. Desde la elección por gracia de Calvino se han considerado siempre como un pueblecito elegido al que las palomas asadas le han de volar a la boca. Así en la «Egalité», donde Utin también tenía que encontrar trabajo y dinero. Así en la gran huelga de albañiles, en que la Internacional tuvo que reunir el dinero; pero cuando la huelga era en otra parte, en vano podía llamar a las puertas de Ginebra.

Nos ha divertido mucho la noticia de que el gran Guillaume, enfurecido como Aquiles, se ha retirado a su tienda. Así tenía que ocurrir. Los anarquistas no eran dignos de su nombre mientras no estallase la anarquía entre ellos mismos. Guillaume era, en fin, el sucesor del gran Bakunin; pero que un mocoso como Brousse quiera sacar el mundo de quicio, eso es ya demasiado cómico.

Aquí publica ahora Most para la asociación obrera comunista un periodiquito, la «Freiheit», que hasta ahora encuentra buena venta. Le deseamos toda prosperidad, aunque naturalmente no tenemos nada más que ver con él ni responsabilidad alguna por su contenido.

Por lo demás, en Alemania las cosas van cuesta abajo por el plano inclinado a toda prisa. ¡Zurra en el trasero al Reichstag! – eso es lo más nuevo y mejor. ¡Siga así, y mientras tanto más y más impuestos, y el buen Bismarck puede aún llevarse alguna sorpresa con sus pequeñoburgueses, que de todas maneras se van al diablo bastante deprisa. A nosotros, prescindiendo de los sufrimientos inevitables que con ello recaen sobre algunos individuos, en conjunto nada más útil puede sucedernos que lo que ahora está ocurriendo. El mal que Bismarck podía hacernos, ya lo ha hecho; lo que ahora hace hiere a nuestros adversarios, a los pequeñoburgueses progresistas y, con el tiempo, también a los grandes burgueses liberales. Así que ¡adelante! Y, por otra parte, las cosas marchan de maravilla en Rusia, y eso es lo principal. Si allí hay estallido, también Guillermo I puede liar el petate.

Tuyo,
– F. E.