en Ginebra

122, Regent’s Park Road, N.W.
Londres, 12 de diciembre de 1878

Querido viejo,

A todos nosotros nos apena mucho oír que te va tan mal[7º], y para procurarte al menos enseguida alguna ayuda, he sacado para ti un giro postal por dos libras esterlinas, que según la indicación de aquí deberían pagársete allí con 50,40 francos. Se me ha instruido retener aquí el giro, pues te llegaría un giro de la administración de correos suiza en Basilea; por consiguiente, si esto no ocurre enseguida, reclámalo. Procuraré conseguirte próximamente algún otro dinero.

Según todas mis experiencias, será casi imposible procurarte agencias de aquí. Estando fuera de los negocios desde hace casi 10 años, he visto cómo todas mis conexiones comerciales se han ido extinguiendo poco a poco por sí mismas; cuando ya no se tiene nada que mercadear, los señores simplemente ya no se interesan por uno. Sin embargo, veré si puedo tantear aquí o allá, pero por el momento no puedo darte perspectivas.

Por lo demás, en lo tocante al «Precurseur», yo en tu lugar, si el periódico no se paga a sí mismo, no gastaría en él ni un céntimo. No veo por qué debes sacrificarte por los obreros de Ginebra y su política local ginebrina. Si quieren un periódico, que lo paguen también ellos mismos. Verdaderamente ya es bastante que tú tengas la molestia y el trabajo. Después de todos los sacrificios que has hecho, tienes verdaderamente el derecho de convocar a la gente y declararles que tú no puedes seguir pagando; por consiguiente, si desean conservar el periódico, que ellos mismos procuren los medios para ello.

Hoy se telegrafía aquí que el Consejo Federal quiere suprimir la «Avant-garde» del noble Guillaume. No sé si esto es factible así, pero si de esta o de aquella manera desapareciera el último órgano bakuninista, tanto más fácilmente podría cesar también el «Precurseur», en caso de que los ginebrinos no quieran allegar los medios para ello.

Borkheim sigue todavía en Hastings, en la costa, paralizado del lado izquierdo, y, si es que mejora algo, lo hace muy lentamente. Por lo demás, parece estar bastante animado y escribe de vez en cuando.

El «Dühring» me lo han prohibido ahora, para colmo, también los prusianos[7]. Ya no se puede vender nada en Alemania que esté dirigido contra los vocingleros que se las dan de socialistas. Así, han sido prohibidos todos los escritos dirigidos contra los bakuninistas, de Greulich, míos, etc. Bismarck calcula que las camarillas anarquistas y dühringianas han de aflojar la cohesión de los nuestros y provocar aquello que por encima de todo anhela: una intentona golpista, para poder disparar. A pesar de todo, nuestros obreros se portan estupendamente en Alemania, y espero que todo el imperio prusiano se estrelle contra ellos. Pero esto es lo que consigue el señor Bismarck: cuando empiece la danza en Rusia —y ya falta poco—, la cosa estará también más o menos madura en Alemania.

Muchos saludos de parte de Marx y de su mujer y, con la esperanza de tener pronto mejores noticias tuyas,

de tu viejo

F. E.

Engels a Johann Philipp Becker
en Ginebra

Londres, 30 de enero de 1879

Querido viejo,

Apenas ha sido necesaria tu tarjeta postal para que yo me pusiera en movimiento en interés tuyo[7]. De un amigo de Mánchester[1] recibí una libra para emplearla en favor de las víctimas de la ley contra los socialistas. No puedo emplearla mejor que para ti y añado una segunda, por la cual deberías recibir un giro de 50,40 francos desde Basilea, y esto seguramente ya al día siguiente de recibir ésta. El resguardo obra en mi poder. Lo que más tarde pueda hacerse, también se hará.

Con las agencias no hay nada que hacer[2]. Los negocios están aquí pésimos, y nadie quiere embarcarse en nada.

En cuanto al «Precurseur», yo en tu lugar declararía a la gente de Ginebra de una vez para siempre que no estoy en condiciones de hacer ningún gasto por el periódico. Es una verdadera vergüenza. No sólo que tú asumas gratuitamente toda la molestia y el trabajo, sino que encima hayas de sufragar los costes. Pero así han sido siempre los ginebrinos. Desde la elección por la gracia de Calvino[9] se han considerado siempre como un pueblecito elegido, al que las palomas asadas han de volarle a la boca. Así pasó con la «Égalité», donde Utin también tuvo que buscar trabajo y dinero. Así en la gran huelga de albañiles, donde la Internacional hubo de allegar el dinero[10], pero cuando había huelga en otra parte, podía llamar en vano a las puertas de Ginebra.

Nos ha divertido mucho la noticia de que el gran Guillaume, enfurecido como Aquiles, se ha retirado a su tienda[11]. Así tenía que suceder. Los anarquistas no eran dignos de su nombre mientras no estallara la anarquía entre ellos mismos. Guillaume era todavía el sucesor del gran Bakunin… pero que un mequetrefe como Brousse quiera sacar el mundo de quicio, eso es demasiado ridículo.

Aquí publica ahora Most para la asociación obrera comunista[12] un periodicucho: «Freiheit», que hasta ahora encuentra buena salida. Le deseamos toda prosperidad, pero, como es natural, no tenemos nada más que ver con él ni responsabilidad alguna por el contenido.

Por lo demás, en Alemania se va cuesta abajo rápidamente por el plano inclinado. ¡Palizas en el trasero para el Reichstag![13] – eso es lo más nuevo y lo mejor. ¡Sólo así, adelante, y a eso añádanse cada vez más impuestos, y el bueno de Bismarck aún puede llevarse sorpresas con sus pequeños burgueses, que de todos modos se van al diablo con bastante rapidez. A nosotros, prescindiendo de los inevitables padecimientos que con ello recaen sobre algunos, en conjunto no puede ocurrirnos nada más útil que lo que está sucediendo ahora. Todo el mal que Bismarck podía hacernos ya lo ha hecho; lo que hace ahora afecta a nuestros adversarios, a los pequeños burgueses progresistas y, con el tiempo, también a los grandes burgueses liberales[14]. ¡Así pues, adelante! Y al mismo tiempo las cosas marchan estupendamente en Rusia, y eso es lo principal. Si aquello cruje, también Wilhelm[3] puede liar el petate.

Tuyo

F. E.