en Liverpool
(Borrador)

Londres, 29 de noviembre de 1878

Mi querido Dronke:

He sabido por los señores W[hitley] y M[laddock] que les has informado de tu intención de no hacer transferir la póliza. Tampoco he recibido de ti palabra alguna de réplica o explicación. En estas circunstancias, sólo puedo repetir una vez más que la póliza pertenece a la señora Dronke y que tú no tienes derecho alguno a disponer de ella. Por consiguiente, no me ofrece ninguna seguridad si no es transferida por la señora Dronke en la forma legalmente prescrita. En tanto esto no suceda, sé a qué atenerme respecto a esta transacción y, naturalmente, no pagaré prima alguna para mantener el seguro.

Tuyo afectísimo

Engels a Johann Philipp Becker
en Ginebra

122, Regent’s Park Road, N.W.
Londres, 12 de diciembre de 1878

Querido viejo:

Nos duele mucho a todos saber que te va tan mal, y para procurarte al menos alguna ayuda inmediata he sacado para ti un giro postal de dos libras esterlinas, que según los datos de aquí deberían pagársete allí con 50,40 francos. Me han instruido que retenga aquí el giro, pues la administración de correos suiza en Basilea te haría llegar un giro; si esto no ocurre en seguida, reclámalo. Procuraré conseguir para ti algún dinero más próximamente.

Según todas mis experiencias, será casi imposible procurarte agencias de aquí. Desde hace casi 10 años fuera de los negocios, he visto cómo todas mis relaciones comerciales se han ido durmiendo poco a poco por sí mismas; cuando uno no tiene ya nada que mercadear, los señores simplemente dejan de interesarse por uno. No obstante, veré si puedo tocar a alguna puerta aquí o allá; pero de momento no puedo hacerte perspectivas.

Por lo que respecta al «Precurseur», en tu lugar, si el periódico no se paga solo, no gastaría ni un céntimo en él. No entiendo por qué debes sacrificarte por los obreros de Ginebra y su política local ginebrina. Si quieren tener un periódico, que lo paguen ellos mismos. Verdaderamente ya es bastante con que tú tengas la molestia y el trabajo. Después de todos los sacrificios que has hecho, tienes realmente el derecho de convocar a la gente y explicarles que no puedes seguir pagando; si desean mantener el periódico, que sean ellos mismos quienes aporten los medios.

Hoy se telegrafía aquí que el Consejo Federal quiere suprimir la «Avant-garde» del noble Guillaume. No sé si eso procede, pero si de una forma u otra desapareciera el último órgano bakuninista, tanto más fácilmente podría cesar también el «Precurseur» en caso de que los ginebrinos no quieran proporcionar los medios.

Borkheim continúa en Hastings, en la costa, paralizado del lado izquierdo, y si es que mejora, lo hace muy lentamente. Por lo demás parece estar bastante alegre y escribe de vez en cuando.

Ahora los prusianos me han prohibido también, para colmo, el «Dühring». Ya no se puede vender en Alemania nada que vaya contra los charlatanes que se las dan de socialistas. Así, se han prohibido todos los escritos dirigidos contra los bakuninistas, de Greulich, míos, etc. La cábala anarquista y dühringiana, calcula Bismarck, ha de aflojar la cohesión de los nuestros y provocar lo que más ansía: un intento de putsch, para poder disparar. A pesar de todo, nuestros obreros en Alemania se portan estupendamente, y espero que todo el imperio prusiano se estrelle contra ellos. Pero el señor Bismarck consigue esto: cuando el baile empiece en Rusia —y eso no tardará mucho—, la cosa también estará bastante madura en Alemania.

Muchos recuerdos de Marx y su mujer, y con la esperanza de tener pronto mejores noticias tuyas,

de tu viejo
F. E.