en París

(Borrador)

[Londres, hacia el 10 de noviembre de 1878]

He tomado sobre mí escribirle a usted a causa de la carta contra Mr. Barry publicada en la «Marseillaise» del 6 de octubre.

Cuando, por pura casualidad —como puedo probar—, la «Marseillaise» del 6 de octubre cayó por fin en manos de Mr. Barry, éste escribió inmediatamente una respuesta en inglés y me pidió que la tradujera al francés. Por razones que usted comprenderá cuando haya leído esta carta, he ido demorando la ejecución de este encargo de un día para otro. Mr. Barry no podía exponer todos los hechos

1. sin comprometer a Hirsch, cuyo destino aún no está decidido;
2. sin comprometer al cuñado de Hirsch, que todavía reside en París;
3. sin apelar para ello a mí y arrastrarme así, probablemente, a una polémica pública con usted;
4. sin atacar a ciertas personas que se mencionan en su carta;
5. sin poner al desnudo la deshonestidad de la «Marseillaise».

A mi juicio, el momento no es «oportuno» para regocijar a los reaccionarios con tales escándalos; por otra parte, es el buen derecho de Mr. Barry defenderse. Tal es el dilema. Para disuadirlo, sólo veía una posibilidad: la llegada a Londres de Hirsch (que me había anunciado para el caso de que fuera expulsado de Francia). Entonces habría podido dar satisfacción a Mr. Barry publicando en la «Marseillaise» unas líneas comprometedoras para Bradlaugh. Desgraciadamente, desde su expulsión no he vuelto a tener señales de vida de él. Finalmente, Mr. Barry perdió la paciencia, y como comprendía perfectamente mis objeciones a la publicación de su respuesta (unas líneas que no comprometerían a nadie y que, en caso necesario, aparecerían en un periódico suizo), acordamos entre nosotros: 1. que su respuesta quedaría depositada provisionalmente en mi poder; 2. que yo intentaría arreglar el asunto escribiéndole a usted.

Voy ahora al grano.

¡¿Hechos?!

1. El Social Democratic Club (que fue una sección de la Internacional mientras existió esta organización), 6, Rose Street, Soho, se compone de dos secciones, una alemana y otra inglesa. La primera eligió al señor Ehrhart como delegado al congreso; la segunda, a Mr. Barry. Como en Londres corría el rumor de que el congreso, prohibido por la policía, se celebraría en Lausana, los mandatos fueron enviados a la oficina del congreso en Lausana. A continuación, la copia del mandato para Mr. Barry, cuyo original se conserva en mi poder:

«Social Democratic Working Men’s Club, 6, Rose Street, Soho Square. English Section. London, August 31, 1878. Citizens, The bearer of this Credential – Citizen Maltman Barry – is the representative of the English Section of the Social Democratic Club of London. To the Bureau Socialists Congress – Lausanne Switzerland. Fr. Kitz, Secretary, English Section, Social Democratic Club.»*

Además, a su regreso, Mr. Barry fue requerido mediante una carta del secretario Kitz a rendir cuentas al club sobre el desempeño de su mandato. También esta carta se encuentra en mi poder.

Queda, pues, claramente demostrado que Mr. Barry era delegado de una asociación socialdemócrata (obrera) y no, como usted ha difundido un tanto «a la ligera», de la «policía internacional».

2. Usted dice además que Barry se queja en su carta a la «Marseillaise» de «que la policía francesa no le haya detenido», y añade: «El ciudadano Hirsch no se queja de no haber sido detenido, etc.», dando así a entender al público que usted habla en nombre de Hirsch. Pero en una carta que me dirigió el 14 de octubre, el ciudadano Hirsch califica su carta de «infame» y declara que no se enteró de ella hasta después de su liberación.⁵ Por lo demás, olvida usted que Barry no era el único inglés delegado al congreso, que eran por lo menos una docena, y que la policía francesa no detuvo a ninguno de ellos. El «Vorwärts», órgano central del partido socialista alemán (ahora prohibido), ya había comprendido perfectamente lo que Barry expresó luego en su carta: que el gobierno francés probablemente quiso ser complaciente con el señor Bismarck al detener a Hirsch y compañía, pero que no se atrevió a llevar la complacencia al extremo de ponerle la mano encima a un inglés. Por lo demás, Mr. Barry —que actuó siempre de acuerdo con el cuñado de Hirsch— le dijo claramente su opinión al señor Gigot; como éste hizo levantar acta de la conversación, puede usted informarse en la fuente oficial sobre las relaciones confidenciales de Mr. Barry con la policía francesa.

Pero olvido que usted, para mayor gloria de «esos que nos gobiernan», quiere hacer de la policía francesa no un miembro, sino, al contrario, una víctima de «la policía internacional». El fiscal ha interpretado el asunto de otro modo y se ha disculpado ante el cuñado de Hirsch insinuando que «esos que nos gobiernan» han de tener ciertas consideraciones para con las «potencias vecinas».

3. ¿Cuáles son ahora los hechos serios que le dan a usted el derecho de convertirse en «el propagador de una acusación tan terrible», a saber, que Mr. Barry habría sido «delegado por esa gente» (es decir, la gente de la policía internacional)?

Se basan en nada, concretamente en la ligera cháchara de un individuo muy sospechoso llamado Schumann, que éste le trajo a usted en el mayor secreto, sin conocimiento de Mr. Barry.

Detengámonos un momento en Schumann. De vuelta a Londres, no tuvo nada más urgente que hacer que proclamar en el «Standard», ese «periódico tory y bonapartista», su feliz liberación.

Luego, este individuo, hasta entonces completamente desconocido para mí, se introdujo en mi casa bajo un pretexto falso. Cuando le reprendí duramente por la cháchara que usted reproduce en su carta, dijo: «Pero el señor Talandier no ha tenido razón; yo le he explicado expresamente que no he hecho más que repetir lo que sabía de oídas y que personalmente no sé nada de Barry, etc.». Me pidió por propia iniciativa la dirección de Barry para disculparse con él. En realidad no ha hecho nada de eso, sino todo lo contrario: le confió a un emigrado, de cuyas relaciones conmigo nada sabía, que Marx, en una entrevista con él, había calificado a Barry también de espía. Tras esto, huelga añadir una palabra más sobre la honorabilidad de su cliente y garante. Desde entonces he recibido informes sobre él que irán a Copenhague.

Usted pregunta en su carta: «¿Cómo es que el señor Maltman Barry ... escribe para la «Marseillaise»?» Muy sencillo. Mr. Barry, a quien yo había dado una carta de recomendación dirigida a Hirsch, fue introducido mediante ella en la «Marseillaise» y presentado al señor Maret. A su regreso a Londres, Mr. Barry envió una carta escrita en inglés al cuñado de Hirsch, quien debía decidir si esa carta era adecuada para su publicación en la «Marseillaise». El cuñado opinó que la carta podía ser útil a Hirsch, la tradujo al francés y la presentó él mismo a la redacción de la «Marseillaise». Al publicar su denuncia sin comentario alguno, ese periódico ha cometido un acto incalificable, que sólo se explica por su carta de usted al señor Henry Maret, publicada en el mismo número de ese periódico. Tanto más grave cuanto que usted es amigo y corresponsal de Mr. Bradlaugh, enemigo personal de Mr. Barry y de la difunta Internacional. [Tachado en el manuscrito: contra Mr. Barry procede, a saber, de algunos intrigantes de su llamada International Labour League, que no es ni «internacional» ni «Labour League». Le guardan rencor a Barry porque en el congreso de la Internacional en La Haya (1872) compartió la opinión de la abrumadora mayoría del Consejo General sobre estos señores, etc., etc.]

4. Otra queja, que carga la delicada conciencia del señor Schumann y que usted reproduce, es: que Mr. Barry se habría presentado en París como «corresponsal» del «Standard», periódico inglés tory y... bonapartista.

Llamar al «Standard» periódico «bonapartista» es una broma de mal gusto. Mientras Luis Bonaparte fue un aliado útil a quien Inglaterra podía explotar, fue halagado por el «Standard», pero no de una manera tan repugnante como por el «Times», ni tan ingenuamente como por los señores Bright y Cobden, los entonces líderes de los radicales ingleses, y el «Standard» jamás fue vendido a él como el liberal «Daily Telegraph». Hoy, en lo que concierne a los asuntos franceses, el «Standard» se ha convertido, como casi toda la prensa inglesa —siempre en interés de Inglaterra—, en partidario «moderado» e incluso «oportunista» de la república.

Así pues, sólo queda el atributo de «tory».

Tenga presente, por favor, que este periódico tory no cesa de atacar a la nueva Santa Alianza y a su jefe, el señor Bismarck, mientras que el «Times» le sirve de órgano oficioso, como él mismo ha declarado en el Reichstag alemán. Ahora bien, el señor Eccarius —uno de los delegados de la llamada «International Labour Union», a la que pertenecen Schumann y Mr. Bradlaugh— actuó en el congreso de París como corresponsal del «Times». ¿Por qué no habría de haber sido Mr. Barry corresponsal del «Standard»? Usted ha vivido lo suficiente en Inglaterra para saber que la clase obrera inglesa no dispone de periódico propio y que, por tanto, se ve obligada, en los congresos obreros, etc., a informar al público a través de los periódicos de sus señores, los whigs o los tories, y que no se la puede hacer responsable de las opiniones ni de unos ni de otros. Usted ha vivido lo suficiente en Inglaterra para no querer aplicar a las condiciones políticas inglesas calificaciones tomadas del vocabulario de los partidos franceses. De lo contrario, estoy seguro, jamás habría aceptado usted un cargo de funcionario del gobierno inglés.

5. En las circunstancias dadas, lo único que habría sido censurable es que usted —siguiendo el ejemplo del gran republicano Karcher, corresponsal de la «République Française»— hubiera dedicado un libro a Su Alteza Real el duque de Cambridge.

Vengo, por último, a su último punto de acusación contra Mr. Barry. Parece haber cometido, ante todo, el pecado imperdonable de haber actuado contra las opiniones del «Homme Libre» y de Mr. Bradlaugh en la cuestión de Oriente. Hay que confesar que, si eso hace sospechoso de tener conexiones con la policía internacional, entonces la gran mayoría de los socialistas de todos los países de Europa y de los Estados Unidos compartiría la desgracia de Mr. Barry.

7. Vengo, por último, al último punto de su filípica. Por lo demás, se trata de un asunto muy serio. Mr. Barry ha dejado transcurrir ocho días... [⁷ Tachado en el manuscrito: (cosa que, por lo demás, es indudablemente culpa suya)]

* Social Democratic Working Men’s Club, 6, Rose Street, Soho Square. Sección inglesa. Londres, 31 de agosto de 1878. Ciudadanos, El portador de este mandato —el ciudadano Maltman Barry— es el representante de la Sección Inglesa del Social Democratic Club de Londres. A la oficina del Congreso Socialista — Lausana, Suiza. Fr. Kitz, secretario, Sección Inglesa, Social Democratic Club.

⁵ Tachado en el manuscrito: ¿Y le extraña a usted que Mr. Barry no haya respondido públicamente a acusaciones que se le hicieron en secreto?

...dejar, sin considerar digno de réplica ninguno de los ridículos artículos que el Sr. Bradlaugh publicó en su “National Reformer”! ... Existen, sin embargo, circunstancias atenuantes.

8. El Sr. Barry se preocupó tan poco de los artículos del Sr. Bradlaugh del 22 y 29 de agosto porque ya el 13 de julio había publicado en el “Spectator” un artículo firmado con su nombre, en el que exponía detalladamente los motivos de su actitud durante la lucha entre los partidos ingleses provocada por la guerra en Oriente. Se encargó de “difundir” este artículo y lo hizo imprimir como hoja volante.

Decidir entre el Sr. Barry y el Sr. Bradlaugh era asunto de sus “compatriotas”, pues —nótese bien— los artículos del “National Reformer” del 22 y 29 de agosto no eran más que un “refrito”. Y los “compatriotas” decidieron —el 22 de julio. Ese día tuvo lugar (en Londres) un gran mitin público convocado por el Club Social-Democratic para defender la causa del partido socialista alemán contra Bismarck; todos los periódicos publicaron crónicas del mismo y en modo alguno ocultaron al público que el presidente elegido de dicho mitin era el Sr. Maltman Barry.

9. No entro en la actitud de los distintos partidos durante la guerra en Oriente. Si todos los que no compartían el punto de vista representado por el Sr. Bradlaugh, incluso “L’Homme Libre”, se han hecho sospechosos de connivencia con alguna policía, mucho me temo que a la gran mayoría de los socialistas de Europa y de los Estados Unidos les amenaza la suerte del Sr. Barry. Pero nosotros estaríamos seguramente en condiciones de impugnar la competencia de un tribunal que nos parece a los demás un cómplice de la nueva Santa Alianza. Si el Sr. Barry no dio importancia a las insolencias del Sr. Bradlaugh, tenía para ello una razón particular, a saber, el acuerdo adoptado en 1871 por los miembros de la mayoría del antiguo Consejo General de la Internacional (y el Sr. Barry era uno de ellos) de ignorar al Sr. Bradlaugh hasta que éste hubiera refutado las revelaciones públicas de dicho Consejo General respecto 1. a las estrechas relaciones del redactor del “National Reformer” con Plon-Plon y con otros bonapartistas de uno y otro sexo; 2. a las mentiras que había publicado contra la Internacional; 3. a las calumnias contra los comuneros en Londres, que extrajo de la sucia fuente de los periódicos bonapartistas y de la prensa venal.

En todo caso, sabe usted ahora que su carta contra el Sr. Barry no se basa en nada. Todo lo que se espera de usted es una declaración en la “Marseillaise”, en la que haga constar en unas líneas que, tras haber recibido las informaciones necesarias, retira su acusación.

Su muy devoto

Karl Marx