en Littlehampton

[Londres] 24 de septiembre de 1878

Querido Fred:

Te adjunto un escrito de Liebknecht; he abierto la carta porque creía que se trataba de alguna comunicación del partido que quizá exigiese una acción inmediata por nuestra parte.

La carta de Lavrov, que llegó hoy y que aún no he contestado, envíamela por favor a vuelta de correo. Lo único interesante en ella es el pasaje referente a Wroblewski, probablemente acertado, dado que corresponde a su temperamento de homme d’action, y además plus ou moins corroborado por su silencio para con nosotros.

Tras la apertura del Reichstag recibí el proyecto de ley presentado por el gobierno al mismo, junto con su exposición de motivos; ayer me llegó, de la misma parte (Bracke), el informe taquigráfico de las sesiones del Reichstag del 16 y 17 de septiembre. No se tiene ni idea —todavía no— de la estupidez del average ministro prusiano y de la «genialidad» de su maestro, como tampoco de la vileza de los representantes de la burguesía alemana que penden de sus faldones, hasta que no se tiene uno delante, estereotipada, esta última representación. A medias estoy ocupado en extractar de ello algo para la prensa inglesa, aunque aún no sé si al final me servirá para el «Daily News».

La jugada de los rusos en Afganistán, como los incidents en Turquía —todo eso me interesa ahora solo en la medida en que suministra argumentum ad hominem para la sabiduría de Estado europea. Por lo demás, para mí es firme que nada de lo que Rusia y Prusia, into the bargain, puedan hacer ahora en el teatro del mundo puede tener otras consecuencias que las funestas para su régimen, que no pueden detener el derrocamiento del mismo, sino que no pueden sino acelerar el final con horror.

Mi mujer, Jennychen y Johnny llegaron sanos y salvos el viernes por la tarde a nuestra casa, y todo se alojó en ella hasta anoche, cuando Jennychen, para recibir a Longuet, emigró de nuevo con todos sus bártulos a Leighton Grove. Pero el Largo no llegará hasta hoy. El niño está mucho mejor, y, cosa asombrosa, también Jennychen se ha repuesto algo aún durante los últimos días de su estancia en Malvern.

Ayer estuvo aquí el viejo Petzler con una carta de un clérigo que publica una revista, también dabbles in socialism y quería some information de mí. Bismarck ha conseguido por el momento volver a poner el socialismo à l’ordre du jour, de modo que, plus ou moins, hasta la haute politique queda relegada al olvido.

Con la esperanza de que te repongas en la madre naturaleza, y con los mejores saludos de Tussy, Jennychen y mi mujer.

Tuyo
Mohr