en Malvern

[Londres] 17 de septiembre de 1878

Querida Jenny:

Tal como acordamos al marcharme, te adjunto un giro postal por 3 libras. Si no fuese suficiente en las nuevas circunstancias, házmelo saber de inmediato.

Desde mi regreso he padecido de un fuerte dolor de cabeza; pero ha mejorado desde que la querida Jennychen me envió carta tranquilizadora sobre Johnny; y tus buenas noticias de hoy —espero que continúen— fueron para mí un bálsamo.

No voy a entrar en lo ocurrido en el nº 122 de Regent’s Park Road, pues Tussy es tu cronista habitual para eso y no debo quitarle la nata al relato. No obstante, no puedo resistirme a contar un sucedido que en su originalidad recuerda a la vez a Balzac y a Paul de Kock. Cuando Tussy, la señora Renshaw y Pumps (ahora ha sido armada caballero; Engels la llama de ahora en adelante Pumpsia) ordenaban los enseres de la difunta, la señora Renshaw encontró, entre otras cosas, un paquetito de cartas (unas 8, de las cuales 6 de miembros de la familia Marx, 2 de Williams (Ramsgate)) y se hallaba a punto de entregárselas al señor Chitty, que se encontraba presente en la operación: —No —dijo él—, ¡quémelas! No necesito ver sus cartas. Sé que ella era incapaz de engañarme. ¿Habría encontrado eso Fígaro (me refiero al auténtico, el de Beaumarchais)? La señora Renshaw le dijo luego a Tussy: —Naturalmente, como él tenía que escribirle las cartas y leerle las que recibía, podía estar bien seguro de que aquellas cartas no contenían secretos para él… pero bien podían contenerlos para ella.

Hoy os envío con estas líneas el “Daily News” y el “Standard”, por lo de los telegramas sobre el Reichstag alemán. Bebel fue evidentemente el único orador que se impuso; los representantes del gobierno —Stolberg y Eulenburg—, lamentables por debajo de todo nivel; Bamberger, fiel a su divisa: «¡Somos unos perros, después de todo!»; ¡Reichensperger —el burgués renano bajo el partido del Centro católico—! ¡Incluso el lamezancos de Reuter encuentra que esta primera representación no ha sido un éxito!

Espero que tú y Jennychen os repongáis un poco aún esta semana; manteneos firmes en los paseos en coche, mientras el viento, el tiempo y la salud del niño lo permitan —¡juntos!; si por excepción no es posible, no debes interrumpir nunca tú los paseos; sin embargo, confío en que el pequeño pueda participar, y también su atormentada madre. Mis mejores saludos a Jennychen, un beso para Johnny.

Adiós.

Tu Mohr