en Littlehampton

[Londres] 17 de septiembre de 1878

Dear Fred,

Te escribo estas líneas antes de haber ido a tu casa (aún es temprano); si encuentro allí carta para ti, te la enviaré bajo otro sobre.

Las noticias de Malvern, mucho mejores, de modo que no necesito ir allá; pero por seguridad, el médico viene ahora a diario; yo se lo había propuesto enseguida a mi mujer, para prevenir por un lado los pánicos exagerados y constantes, y por otro, la negligencia de las medidas necesarias; ella, y más aún Jennychen, se opusieron tontamente para no aumentar «inútilmente», como decían, las facturas médicas ya de por sí muy abultadas en Malvern. Ahora ven que yo tenía razón. Igualmente, yo había prescrito paseos diarios en coche durante la parte hermosa del día, siempre que el estado de la niña lo permitiera. Esto lo ha confirmado ahora también el médico. Esos paseos son la única distracción para Jennychen y el único medio para mi mujer, cuya cura se ha visto gravemente perjudicada por las continuas troubles con la niña, para reaccionar contra esas influencias malsanas. Mientras estuve allí, hice valer, pues, esa medida.

El señor Eulenburg (vide papers of to-day) tampoco lleva lechuzas a Atenas. Algo más lamentable que el extract —quintessenz— de su speech no he leído jamás. También Stolberg. La ley de excepción será hecha para despojar al movimiento socialdemócrata de toda apariencia de legalidad. Probatum est. Mettre hors la loi, fue desde siempre el medio infalible para hacer «ilegales» los movimientos contrarios al gobierno y para proteger a éste ante la ley — la légalité nous tue! —. Reichensperger representa al burgués renano del Zentrum; Bamberger se mantiene fiel al «¡perros somos a fin de cuentas!». Bebel ha impresionado manifiestamente. (Véase el «Daily News» de hoy.)

Este comienzo es bueno.

Nuestro amigo Kowalewski ha sido fusilado en Odesa según diversos periódicos ingleses, donde escriben su nombre así: Don-Kowalsky. Una anécdota muy bonita me contó el fat boy que el domingo estuvo en mi casa. Antes de su partida, varios aspirantes «diplomáticos» entre sus estudiantes de Moscú tuvieron que pasar exámenes con él. Entre ellos hay muchos mozos mucho mayores que él, sobre todo montenegrinos, que reciben su formación académica a costa del Russian Asiatic (diplomatic) Department. Estos mozos se distinguen por su denseness y por su edad madura, como antaño en nuestro Gimnasio de Tréveris los paletos que se preparaban para el seminario (católico) y en su mayoría disfrutaban de estipendios.

Aunque las notas rusas van de 0 a 5 (para los exámenes universitarios), Kowalewski sólo otorga dos notas: 4 para los que no saben nada, y 5 para los que saben algo. En el último examen se le presenta un montenegrino de treinta y dos años, alto como un árbol, uno de sus oyentes, y le dice: Necesito el 5; no sé nada, eso lo sé, pero sé por otra parte que, si vuelvo a sacar un 4, el Asiatic Department me extenderá el pasaporte para Montenegro; así que tengo que sacar un 5. Naturalmente, en el examen fracasó de manera estrepitosa, pues Kowalewski, como también se lo explicó de palabra, no veía necesidad alguna de que prolongase su estancia en Moscú.

Lo más curioso es —dice Kowalewski— que todos esos mozos procedentes de Montenegro absorben en Moscú un odio fanático hacia los rusos. Ellos mismos se lo han contado ingenuamente y han aducido como motivo: Los rusos en general, y los estudiantes rusos en particular, nos tratan y nos declaran bárbaros y bestias. El gobierno ruso logra, pues, precisamente lo contrario de lo que persigue con sus «beneficios».

Lo que nosotros decíamos en broma entre nosotros: los socialistas rusos cometen las «atrocidades», y los socialdemócratas alemanes «conformes a la ley» han de ser puestos hors la loi por ello, el necio de Stolberg lo ha presentado seriamente. Sólo se olvida de añadir que, al lado de esas «atrocidades», en Rusia existe un «estado de legalidad» que el junker prusiano Bismarck persigue como meta ideal, aunque inalcanzable, con sus proyectos de ley.

Que los rusos, apoyados por Prusia y Austria, exijan ahora de nuevo una «mediación europea» es síntoma harto significativo.

Adiós. Espero que te repongas de los últimos sobresaltos en Littlehampton. Muchos saludos de Tussy y Lenchen.

Tuyo
Mohr

Engels a Marx
en Londres

Littlehampton, Selborne Cottage
18 de sept. de 78

Querido Mohr,

Me he expresado, como de costumbre, de manera poco clara. No podía pedirte que vinieras todos los días y me enviaras las cartas; por eso mandé a la gente de la casa algunos sobres con mi dirección para que pudiesen enviarme las cartas cada 2 o 3 días. Lo que quería pedirte era que en los primeros días echaras un vistazo a ver si acaso la carta con dinero esperada quedaba varios días sin recogerse, y a que el envío en general entrase en un ritmo regular, y luego de tanto en tanto revisaras los periódicos entrantes y demás papeles (que según mis instrucciones deben quedarse allí), para ver si había algo que requiriera alguna gestión. Espero que ahora nos entendamos.

El «Morning Standard» de hoy trae un buen artículo lleno de merecido desprecio sobre la ley y el debate. Se lo envío a Leipzig. El debate mismo, por parte de los defensores del orden, es de una miseria suficiente. Bismarck, incapaz de rebatir en modo alguno los hechos que Bebel le ha echado en cara, tiene que recurrir a la mísera escapatoria de decir que él había simpatizado con los socialdemócratas hasta que éstos celebraron la Comuna — ¡él, que ensalzó la Comuna como imitación de la ordenanza municipal prusiana! Y luego llama a un partido representado en el Reichstag banda de bandidos, ¡y le niegan el llamamiento al orden!

Te envío una «Kölnische Zeitung». En la primera página se reclaman leyes rusas para los alemanes, y al final el corresponsal de Petersburgo dice que en Rusia, puesto que esas mismas leyes rusas se han mostrado impotentes, hay que buscar la única salvación en una constitución, representación popular, libertad de prensa, etc. El necio periódico no lo percibe, y por desgracia los nuestros tampoco. También es interesante el final de la corresponsalía de Moscú. Subraya esas cosas y envíalas a Leipzig (Ramm (Hermann) Färberstraße 121), tal vez así lo noten y lo aprovechen.

Los numerosos y violentos movimientos rusos en Turquía, Persia, Afganistán, etc. parecen tener por un lado la finalidad de to fish in troubled waters, donde en cualquier momento puede surgir algo, y por otro, la de engañar a la opinión pública en el interior. Pero quién sabe lo que aún saldrá de ahí. Bismarck puede verse muy pronto en la tesitura de tener que buscar la única salvación en una nueva guerra con Francia, y encender así una guerra europea del Oriente contra Occidente, en la que nadie perecerá con más seguridad que él. En todo caso, la guerra de Turquía ha demostrado cuán podrido está todo Europa, y que el derrumbe está más cerca de lo que podíamos esperar. Sea lo que sea lo que suceda, redundará en nuestro favor.

Me alegró mucho oír que la pequeña está mejor y que, con ello, el pánico repetido ha quedado superado, según espero.

Aquí llueve sin cesar desde anoche. El poblacho consta de dos partes: el village con el puerto en el río Arne, y la beach a 500 pasos al sudeste, unas 150 casas sobre una duna, donde uno cree hallarse en Holanda. La arena tan hermosa y dura como en Ostende.

A lo mejor hacia finales de esta semana voy a Londres por unas horas; si así fuere, te escribiré en lo posible.

Tuyo
F. E.