en Braunschweig

Londres, 30 de abril de 78

Querido Bracke:

Adjunto, el recibo de Lissagaray por los 300 marcos, que ha convertido en 15 libras esterlinas con una pérdida de unos 6 marcos sobre la paridad oro, sin duda para no tener que reconocer la reforma monetaria bismarckiana.

Creo que en su concepción de los ferrocarriles del Reich y del monopolio del tabaco pone usted demasiada anticipación del futuro. Prescindiendo del enorme incremento de poder que recibiría el prusianismo, por un lado, mediante la total independencia financiera de todo control, por otro, mediante el dominio directo sobre dos nuevos ejércitos, el de los empleados ferroviarios y el de los vendedores de tabaco, y el poder de otorgar cargos y la corrupción vinculados a ello —prescindiendo de todo esto, no hay que olvidar que toda transferencia de funciones industriales y comerciales al Estado puede tener hoy un doble sentido y un doble efecto, según las circunstancias: uno reaccionario, un retroceso a la Edad Media, y otro progresista, un avance hacia el comunismo. Pero en Alemania apenas acabamos de salir arrastrándonos de la Edad Media y precisamente ahora estamos a punto de ingresar, por medio de la gran industria y del crack, en la moderna sociedad burguesa. Lo que entre nosotros necesita el mayor desarrollo posible es precisamente el régimen económico burgués, que concentra los capitales y lleva los antagonismos al extremo, sobre todo en el noreste. La disolución económica de las condiciones feudales al este del Elba es, a mi juicio, el progreso más necesario para nosotros, junto con la disolución de la pequeña explotación en la industria y la artesanía en toda Alemania y su sustitución por la gran industria. Y al fin y al cabo, ese es el único lado bueno del monopolio del tabaco: que de un golpe transformaría una de las más infames industrias domésticas en gran industria. Pero, en cambio, los obreros del tabaco del Estado se verían puestos de inmediato bajo leyes de excepción, despojados de la libertad de coalición y de huelga, lo que sería aún peor. Los ferrocarriles del Reich y el monopolio del tabaco no son entre nosotros necesariamente industrias del Estado —al menos los ferrocarriles todavía no, solo ahora empiezan a serlo en Inglaterra; en cambio, correos y telégrafos sí lo son. Y por todas las desventajas que nos traerían esos dos nuevos monopolios estatales, tendríamos como contrapartida tan solo una nueva frase cómoda para la agitación. Pues un monopolio estatal establecido solo con fines fiscales y de poder, y no por una imperiosa necesidad interna, no nos proporciona siquiera un argumento correcto. Y la implantación del monopolio del tabaco y la eliminación de la industria tabacalera doméstica exigirían, además, por lo menos tanto tiempo como el que aún pueda durar la máxima longevidad posible del bismarckianismo. Usted puede estar seguro además de que el Estado prusiano empeoraría la calidad del tabaco y subiría los precios de tal modo que los partidarios de la libre competencia señalarían con júbilo este ridículo del comunismo de Estado y el pueblo, forzosamente, les daría la razón. Todo el asunto es una ignorante fantasía de Bismarck, muy digna de su plan de 1863 de anexionarse Polonia y germanizarla en 3 años.

De haber sabido que la exención fiscal de los militares llevaba ya años siendo solicitada por el Partido Progresista, también le habría desaconsejado a usted la correspondiente moción. A mi entender, solo puede ser tarea nuestra recoger reivindicaciones burguesas cuando los partidos burgueses descuidan esa su maldita obligación; pero este caso, según sus propias palabras, no parece haberse dado exactamente. Le observo esto únicamente por la respuesta de Richter; que el planteamiento de la cuestión por nuestra parte pueda reportar grandes ventajas para la propaganda, no lo discuto en absoluto, solo que, naturalmente, no puedo juzgarlo de modo definitivo desde aquí.

Con el señor Dühring he terminado ya felizmente —salvo la revisión de los últimos artículos— y no deseo en este mundo nada más de su valiosa compañía. ¡Qué ignorante engreído! Si lo que falta no se imprime ahora rápidamente, no será por mi culpa.

Saludos cordiales.

Suyo
F. Engels