Querido viejo, Londres, 11 de enero de 1878

¡Avant tout! ¡Próspero Año Nuevo, y que te traiga menos fatigas y cargas que el pasado!

¡El paquete ha llegado por fin hace unos días. Muchas gracias! Aún no he revisado del todo el «Bulletin jurassien»; me interesa seguir la decadencia de esta banda, definitivamente relegada a un segundo plano el 10 de enero de 1877 por nuestras victorias electorales. Ahora pueden intrigar y refunfuñar cuanto quieran, están y siguen estando — en el culo.

Por correo recibirás un giro de 50 francos, que considerarás como nuestra contribución al «Précurseur». Según las nuevas disposiciones, debo retener aquí el recibo que he recibido; según se dice aquí, el giro te será enviado desde Basilea.

A nosotros nos va bastante bien. Marx está notablemente mejor que en años anteriores; su mujer no está del todo como debiera, pero el médico le asegura una cura segura; yo por mi parte no puedo quejarme.

Por lo que parece, las cosas os van bastante bien en Suiza; la formación del partido obrero es un gran progreso, y aunque el programa no sea ni de lejos bastante radical a ojos de los señores bakunistas, eso importa un bledo. Un partido que dispone de los medios políticos para entrar directamente en la lucha y la perspectiva de arrojar pronto un peso considerable en la balanza, como es el caso en Suiza, tiene otra cosa que hacer que imponer a cada uno de los colaboradores sus fines últimos como un dogma. El programa podría ser, naturalmente, mucho mejor, pero tuvo como modelo el programa allí aguado con motivo de la unificación en Alemania.

También en Alemania se han cometido grandes errores, en particular la actuación — mantenida enteramente en el espíritu bakunista — frente a la crisis francesa. Y sin embargo, también en esta ocasión se ha vuelto a demostrar cuánto más adelantada está Francia en la práctica que nosotros. Por muy desastrosa que sea hasta ahora la solución, es la primera vez que allí se ha impuesto algo sin un vuelco violento — y la violencia, tan poco después de la carnicería del 71, no podía conducir allí más que a nueva represión y nuevo bonapartismo. En cambio, hay plenas perspectivas de que los obreros conquisten en poco tiempo la libertad de prensa, el derecho de asociación y de reunión y los demás medios para la organización y la lucha, y eso es por de pronto todo cuanto necesitan. Tienen la posibilidad de aclararse teóricamente, lo que es muy necesario, y por fin entrar un día, en la coyuntura venidera, como partido firmemente organizado y con un programa determinado en la revolución. Y además, la desbonapartización y republicanización de los campesinos, que está en pleno curso, es también una ganancia enorme. Y por último: la decisión se ha producido porque el soldado raso declaró que no quería combatir; el derrumbamiento del militarismo desde dentro ha comenzado y puede hallar pronto su continuación en Alemania, sobre todo si las consecuencias de la política actual obligasen a llevar el ejército al campo para los rusos.

Otro gran error en Alemania es que se permite a los estudiantes y a otros ignorantes «sabios» enviar masivamente al mundo, en calidad de representantes científicos del partido, las mayores estupideces. Mas ésta es una enfermedad infantil que hay que superar, y precisamente para abreviarla he estatuido un ejemplo con tanto detalle en el anti-Dühring.

Por lo demás, también allí la cosa marcha espléndidamente, y si ahora ponen en marcha como es debido su agitación antirrusa, puede tener muy buen efecto.

A propósito, el Buffenoir, del que el «Vorwärts» hace tanto alboroto, es un individuo de lo más equívoco, primero clerical, luego, no hace mucho, ha cantado en entusiastas versos poéticos a Gambetta, y carece de toda posición entre los obreros parisinos. Liebknecht se ha vuelto a meter en un buen lío.

Es de esperar que los rusos planteen tales condiciones de paz que la guerra continúe. Su ejército carece de puentes sobre el Danubio, es decir, está aislado, y puede perecer miserablemente de hambre si el tiempo sigue siendo malo. Y una guerra sin éxito, o nuevos fracasos, harán estallar con seguridad la revolución en Petersburgo. Primero desde la corte y de manera constitucional, pero eso es 1789 antes de 1793. Deja que primero se reúna una Asamblea Nacional en Petersburgo, y toda Europa cobrará otra fisonomía.

Tu viejo F. E.