en Leipzig  

122, Regent’s Park Road, N.W.  
Londres, 4 de septiembre de 1877  

¡Estimada señora Liebknecht!  

Con toda prisa, sólo unas líneas de respuesta a su amable carta del 28 del mes pasado. Liebknecht había hablado de venir a Londres desde el Congreso de Gante; a mi regreso de Ramsgate, encuentro ahora que este Congreso ha de celebrarse del 9 de sept. (próximo domingo) al 17 de sept. (el domingo siguiente). Yo mismo marcho mañana con mi esposa, por consejo médico, a Escocia por catorce días, y durante ese tiempo estaré por lo general inalcanzable para la correspondencia; en cualquier caso, pienso estar de vuelta el jueves 20 o, a más tardar, el viernes 21, de modo que, aun cuando L[iebknecht] llegara aquí el 18, me adelantaría a lo sumo en un par de días. Por esa fecha estableceré también comunicación telegráfica con mi casa, para informarme de lo necesario acerca de su llegada. Las personas que cuidan de nuestra casa durante nuestra ausencia han recibido instrucciones de ponerle lo más cómodo posible a su llegada; su habitación está ya preparada, y estoy seguro de que se cumplirán mis instrucciones. No sé con exactitud si los Marx habrán regresado para entonces, pero casi lo afirmo a juzgar por las últimas noticias, pues habían dejado Neuenahr y ya no se hablaba de la estancia en la Selva Negra que al principio se proponían. Tal vez sepa usted por la señora M[arx] más que nosotros aquí; en todo caso, L[iebknecht] puede obtener desde Gante las últimas noticias al respecto escribiendo dos líneas a Mad. Lafargue, 225, Camden Road, N.W., Londres (la segunda hija de Marx).  

Para el caso de que a la llegada de L[iebknecht] ni M[arx] ni yo nos encontráramos aquí, puede además de ir a casa de los Lafargue visitar a la hija mayor de Marx, Mad. Longuet, 30, Leighton Grove, Leighton Road, Kentish Town, N.W., y ver a nuestro viejo amigo Lessner, 12, Fitzroy Street, Fitzroy Square. Los Longuet se encuentran actualmente también en Yarmouth, en unos baños de mar, y sin duda estarán de vuelta para mediados de septiembre, aunque no puedo precisar el día.  

En efecto, opino también que Liebknecht pasa demasiado tiempo sentado; está muy bien que uno no dé mucha importancia a esas cosas, pero no por ello hay que acostumbrarse a una vida sedentaria. Que consiga usted apartarlo del servicio de avanzada (o, mejor dicho, del servicio de vanguardia) es, por supuesto, algo dudoso; quien durante tantos años ha formado parte de él, le toma demasiado gusto; sin embargo, la larga práctica probablemente lo lleve pronto a escapar de las trampas de la legislación penal. Para usted ha de ser, ciertamente, un deseo apremiante que L[iebknecht] no pase en adelante todo su tiempo libre de servicio en la cárcel, y todo su tiempo libre de cárcel en el Reichstag o de viaje.  

Mi esposa corresponde a sus amables saludos de todo corazón.  

Con saludos amistosos,  
Suyo,  
F. Engels  

Como no sé si L[iebknecht] se halla en su casa, le ruego tenga la bondad de ponerlo en conocimiento del contenido de esta carta.