en Neuenahr

2, Adelaide Gardens, Ramsgate
25 de agosto de 1877

Querido Mohr,

Por Schorlemmer habrás recibido ya, anteayer o a más tardar ayer, noticias de los Longuet, los Lafargue y nuestras; desde entonces, también directamente de Jenny a causa de la enfermedad del pequeño, por la que se ha asustado algo más de la cuenta; afortunadamente, el niño está, como ella escribe hoy, fuera de peligro.

Salimos de aquí el martes, tras una estancia de siete semanas que a mí me ha sentado muy bien, pero a Lizzie ni de lejos tanto como habría deseado. Probablemente tendré que someterla, si el tiempo lo permite, a un cambio de aires más fuerte aún.

Te felicito por el hígado curado. Tú tienes que ir a las alturas de la Selva Negra; le dije a Schorlemmer que te llevara el mapa de Baden que me sirvió en 1849; espero que lo haya hecho. Podrá servirte, pues justamente la sierra está muy bien dibujada para la escala.

El tiempo por fin habrá mejorado entre vosotros. Aquí hemos tenido una suerte magnífica. Mientras en todas partes llovía, aquí solo lo tuvimos nublado. En 7 semanas, 2 tardes lluviosas y hoy el primer día de lluvia de verdad – aunque también con interrupciones más largas –, con eso bien puede uno darse por satisfecho. La lluvia que cayó vino sobre todo de noche.

La inmovilidad de los turcos radica esencialmente en la falta de tren de equipajes. Dotar a un ejército de la capacidad no solo para batirse, sino también para moverse libremente, parece imposible para todos los bárbaros y semibárbaros: su ejército, organizado con gran esfuerzo y de manera aproximadamente moderna (para batirse), debe moverse con las aplicaciones de un viejo ejército bárbaro. Se introducen armas modernas, pero la munición correspondiente tiene que vérselas por sí misma para seguir el paso. Se organizan brigadas, divisiones, cuerpos de ejército y se los concentra según las reglas de la estrategia moderna, pero se olvida que entonces ya no pueden buscar su sustento por sí mismos como una horda de jenízaros, spahis o nómadas. Esto se muestra ya en los rusos, aún más en los turcos, y de ahí que en tales ejércitos sean falsos todos los cálculos que atribuyen a los cuerpos de ejército la movilidad de Europa occidental.

Las tonterías que ahora hacen los turcos se basan todas en el pánico que la incursión de Gurko ha despertado en Constantinopla. En lugar de dejar que Suleimán se una directamente – por los pasos no ocupados por los rusos – bien a Osmán, bien a Mehmed Alí, se quiere que se interponga directamente ante los rusos, que cubra directamente Constantinopla. De ahí el inútil derroche de sangre en el paso de Shipka, parte de una operación combinada, acordada con los otros dos ejércitos y, como de costumbre, no ejecutada simultáneamente, por tanto fracasada. Sin embargo, todo esto no tiene mucho que decir y ya volverá a equilibrarse.

El colapso de la organización del ejército ruso es completo. Reconocen una pérdida de 15 000 hombres en combate (en Europa); sus pérdidas por enfermedades tienen que ser el doble o más. Transporte completamente colapsado. Carreteras no se construyen en ninguna parte. La policía de campamento no existe; suciedad y putrefacción de cadáveres habrían bastado, incluso sin el clima, para generar las enfermedades masivas. Seis cuerpos de ejército rusos, ahora ocho, están en Bulgaria y han sido rechazados a la defensiva más pasiva por una sola batalla. De 50 divisiones de infantería rusas, 16 están en el Danubio, 9 en el Cáucaso y Asia, al menos 5 están en marcha, 6 cubren la costa del Mar Negro y del Báltico, suma 36; quedan 14, de las cuales 2 son indispensables en las provincias bálticas, luego 12 divisiones de infantería = como máximo 120 000 hombres, o con caballería y artillería, 150 000 combatientes libres para todas las eventualidades. ¡Y esto contra el «hombre enfermo»! ¡Además, las nuevas formaciones son imposibles o carecen de valor ya por falta de oficiales. En resumen, es peor que en la guerra de Crimea. Y con ello, la misma estupidez: por rabia ante la derrota de Plevna, tienen que ponerse en movimiento de inmediato refuerzos colosales, aunque como máximo podrán operar un mes, durante el cual serán inútiles y podrán vérselas para encontrar algo que comer. Y a más tardar a finales de octubre, vuelta atrás, atrás, orgulloso Cid, a la esquilmada Valaquia, los puentes desaparecen del Danubio, y si todo va bien, a finales de mayo de 1878 se empieza exactamente allí donde se empezó a finales de mayo de 1877.

Muchos saludos a todos vosotros.
Tuyo,
F. E.

Por lo demás, los turcos aún pueden recibir algunos buenos varapalos antes del invierno, lo que sin embargo no importa, si uno no se deja amedrentar por ello en Constantinopla.