31 de julio de 1877

Querido Mohr,

A toda prisa, solo dos líneas junto con la carta de W. Liebknecht, que quizá tenga influencia en tu respuesta a la «Zukunft». Aún no he respondido directamente, ¡pero sí a Liebknecht, por la peregrina exigencia de que confiemos nuestros manuscritos a gente completamente anónima, porque un congreso les haya decretado el carácter de cientificidad! Además, le he escrito que en adelante solo escribiré artículos de manera excepcional, y cuando yo mismo lo considere urgente.

Wilhelm, evidentemente, no sabe él mismo cómo están las cosas; de otro modo no podría disparatar como lo hace respecto a Wiede. ¡Bonita manera de hacer una revista científica! En todo caso, es bueno que no haya ninguna Dühringería.

¡Esa historia de la huelga americana me ha producido una gran alegría. Allí se lanzan al movimiento de un modo completamente distinto que de este lado del agua. ¡Apenas doce años después de la abolición de la esclavitud, y ya el movimiento tan agudo!

Lo de Knies es muy hermoso. También Dühring, en el que, una vez más, has olfateado bien. Su última palabra es, en efecto, traducida de la confusión al lenguaje de la economía: determinación del valor por el salario.

Habrá que acostumbrarse, seguramente hasta el otoño, a la presencia de los rusos entre los Balcanes y el Danubio. Los turcos han dejado que se desgastara, por mala alimentación, una parte muy considerable de sus tropas regulares en los combates de Serbia y Montenegro, y Abdul Kerim ha hecho todo lo posible para que el resto se vaya a pique; dudo de que Mehmed Alí tenga más de 50.000 hombres aptos para la ofensiva; Osman Pachá tendrá alrededor de 25.000 y, al sur de los Balcanes, otros 25.000; esto parece ser todo, el resto, milicia sin instrucción, no vale nada en campaña. Si ahora el gobierno turco no concluye una paz precipitada, los rusos no llegarán a Constantinopla este año, pero probablemente en noviembre volverán a cruzar el Danubio; y como hasta ahora no han atacado siquiera las fortalezas, que por tanto —salvo imprevistos— sin duda seguirán seguras para esta campaña, en primavera podrán recomenzar desde el principio… ¡si es que lo hacen!

El miserable corresponsal del «Standard» en Constantinopla difunde, por encargo de Layard, toda suerte de jeremiadas, para que la flota inglesa les sea impuesta a los turcos.

Tuyo
F. E.

¹ an
² atacado