Ramsgate, 24 de julio de 1877

Querido Mohr,

Recibidos los periódicos, etc. Muchas gracias.

Tu plan tiene, ciertamente, la ventaja de matar muchos pájaros de un tiro; sólo espero que el pájaro principal, tu hígado, no resulte perjudicado. Entre tanto, hay tantas autoridades médicas a favor que, desde ese punto de vista, tampoco puede decirse nada muy concluyente en contra. Quién sabe si esta vez Neuenahr no te sienta mejor que Karlsbad. Es una lotería, en fin, ¡espérons le mieux! Para despachar lo esencial, adjunto cheque de 101 libras, 3 chelines y 7 peniques; la suma no redonda es adrede.

¡Ven, en todo caso, por unos días! Y, si es posible, trae a Hirsch. El cambio de aires te sentará bien. Por lo demás, yo pienso también ir un día a Londres antes del 12 de agosto; pero no te dejes retener por esa clase de incertidumbres.

Las noticias de Hirsch sobre Francia son, precisamente en este momento, muy gratas, incluso con el descuento de algún desfalco. Que él mismo se vaya abriendo camino es muy bueno; ya es hora de que al menos algunos se abran camino, cuando tantos se malean y embrutecen.

Te devuelvo aquí la brava carta de la «Zukunft». De Londres me mandan un ejemplar de idéntico texto.

Pienso contestar: en primer lugar, que es imposible comprometerse a colaborar en una revista científica cuya redacción es anónima y cuyos colaboradores tampoco se nombran. Los acuerdos de congreso, por muy respetables que sean en el terreno de la agitación práctica, en la ciencia equivalen a cero y no bastan para fijar el carácter científico de una revista, carácter que no se puede decretar. Una revista científica socialista sin una orientación científica muy determinada sería un absurdo, y con la gran diversidad, o mejor dicho indeterminación, de orientaciones que ahora pulula en Alemania, falta hasta ahora toda garantía de que la orientación que se adopte nos convenga. — En segundo lugar, una vez terminado el Dühring, tendré que limitarme a mis trabajos propios, de modo que no tengo tiempo. ¿Qué te parece? No me corre prisa.

Por la carta adjunta de Liebknecht, que te ruego me devuelvas para contestarle, verás cómo el señor Dühring «no pudo esperar a que dieran las doce» y se lo ha estropeado todo él solo. El tonto de Wilhelm, naturalmente, lo ha hecho todo él mismo con su gran sabiduría, y en su alegría infantil no se da cuenta siquiera de hasta qué punto «el partido» se ha cubierto de ridículo con ello. ¿Qué se puede hacer con semejante gente? Y encima, el hombre se siente muy orgulloso de sus artículos sobre Francia, en los que simplemente suscribe las sandeces de Hasenclever. Por lo demás, esperemos a ver si todo el júbilo por el fracaso de Dühring no se desvanece otra vez en la arena.

Las maniobras de los rusos son de lo más arriesgado, pero ¿a quién le importa eso si la conducción de la guerra por los turcos sigue como desde hace cuatro semanas? La manera correcta habría sido atacar a los rusos por el flanco con fuerzas unidas desde Shumla y Rustchuk, y molerlos a palos. Ahora tienen ellos el mejor paso de los Balcanes (Shipka), que pueden mantener fácilmente, y, según las noticias de hoy, los turcos envían tropas de Shumla, vía Yamboli, a Rumelia para plantar cara allí a los rusos, en lugar de retirar las tropas de Rumelia —exceptuada la guarnición de Adrianópolis— y llevarlas a Shumla para lanzarse con todas las fuerzas sobre Sistova. La dirección turca se ha dejado intimidar, al parecer, y comete las correspondientes torpezas. Encima, han dejado a los rusos en todas partes la cosecha justo madura, de modo que tienen bastante que comer. Abdul Kerim ha dejado que el ejército turco se venga a menos de tal modo que más del 20 por ciento está en el hospital, y el teniente prusiano de la «Kölnische Zeitung» dice que en Shumla ha visto a oficiales turcos (no a soldados) borrachos a más no poder de aguardiente. Todo consecuencia de la inacción. A uno le da rabia ver una posición tan espléndida y un material humano de soldados tan estupendo tan malgastado. Con todo, los rusos todavía no llegan a Constantinopla y ni siquiera pueden cortar fácilmente los víveres a los turcos en el cuadrilátero de fortalezas. Además, sólo les quedan dos meses para decidir la campaña, y así, pese a todas las estupideces turcas, la campaña de este año está ya prácticamente fracasada… ¡si no fuera porque allí reina lo imprevisible! Los envíos de tropas inglesas bastarán probablemente para impedir una paz separada del sultán, y eso es lo bueno.

Lizzie está mejor. El domingo tuvo una crisis grave y ahora parece que se va recuperando poco a poco.

Muchos saludos a todos.

Tuyo
F. E.