en Londres

2, Adelaide Gardens
Ramsgate, 15 de julio de 1877

Querido Mohr,

Estamos instalados aquí desde el miércoles!?, pero desgraciadamente el aire del mar no obra esta vez en mi mujer con la rapidez deseada; el apetito aún no quiere venir como es debido. En mí, en cambio, las consecuencias de la excursión a Manchester!?!! han pasado ya «de la vista, de la mente».

Me envían la carta adjunta, junto con otra del mismo Wiede (quien, por tanto, ha de ser distinto de nuestro gracioso Puckelchen!?) dirigida a mí.!P*! Escríbeme qué le contestas a Biedermann, para que procedamos al unísono?.

La primera corrección de la «Ökonomie» está ya aquí. El pliego 6 de la «Philosophie»**, en el que se habían caído 29 líneas, se está reimprimiendo; ojalá no vuelva a haber algo desagradable.

El colapso de los rusos en Asia! sigue sin resultarme del todo explicable. El ejército del Cáucaso tiene una fuerza de 8 divisiones de a 16 batallones, es decir, 128 batallones de línea (sin contar cazadores, guarnición y formaciones nuevas), pero ahora se dice que Loris-Melikow no dispone en total más que de unos 40-50 batallones. Si contamos aún otros 30 batallones para las columnas de flanco en Batum y Bayaceto (cifra seguramente muy alta), quedan 50-60 batallones, to be accounted for?. Éstos, pues, habrían tenido que permanecer en el Cáucaso para cubrir las comunicaciones; el que semejante suposición contradiga las primitivas rodomontadas rusas no sería motivo en contra. Anyhow* parece que el desembarco en Suchum Kaleh!?! –cualesquiera que hayan sido sus resultados directos reales– ha cumplido plenamente su objetivo, reteniendo a casi la mitad del ejército del Cáucaso en el Cáucaso mismo.

En Bulgaria los rusos parecen, por el momento, ir tanteando el camino, cosa que se les facilita bastante, por lo demás, por la defensa puramente pasiva de los turcos (que a los tenientes prusianos de la «Kölnische Zeitung» los lleva a la pura desesperación). En todo caso, preparan, al parecer, un rápido avance a través de los Balcanes, ya sea por Gabrovo-Kazanlak o por Sofía-Filipópolis. Si lo llevan a cabo y el gobierno turco no se deja intimidar con ello, esta «modernísima conducción de la guerra» podría acabar en un final con espanto. Abastecer tres cuerpos de ejército en Tracia y mantenerlos provistos de municiones, etc., sin enlace rodado hacia la retaguardia, es una proeza en la que hasta el gran Nikolaus Nikolajewitsch puede fracasar.

Los turcos necesitan imperiosamente de algunos europeos. Esa gente no conoce más que o la ofensiva o la defensiva. La combinación de ambas excede su horizonte. Como aquel mayor turco decía al teniente de la «Kölnische Zeitung»: ¿Ve usted allí, al otro lado del Danubio, todos esos rusos? — ¡Al diablo! ¿Por qué no dispara usted entonces con sus cañones contra ellos? — Yok, efendim, no, señor mío, pero cuando los rusos disparen contra nosotros, ¡entonces va usted a ver cómo les contestamos! — Y mientras tanto, los rusos construyen muy tranquilamente sus baterías. Si en 1853 se hubiera defendido Silistria así, habría caído pronto.!

Saludos cordiales de casa a casa.

Tuyo,
F. E.