en Leipzig

Londres, 2 de julio de 77

Querido Liebknecht:

Nos habrías ahorrado a ambos muchas e innecesarias molestias si me hubieras comunicado de inmediato el simple hecho de que el suplemento iba a aparecer ya ahora y que querías imprimir en él mis artículos. Según tus cartas anteriores, debía suponer que el suplemento no podría aparecer antes de octubre y que además ya había sido absorbido por la Revue! anunciada para entonces; debía, pues, suponer que te proponías imprimir la continuación de los artículos, a pesar del acuerdo, en el cuerpo del *Vorwärts*. De ahí todos los reparos —sólo justificados bajo tales supuestos—.

He enviado a Ramm 3 artículos y hoy le escribo de nuevo, por precaución, que la impresión puede realizarse en el suplemento. Un 4º artículo está terminado, estoy en el 5º. Por desgracia, tengo toda clase de interrupciones y estorbos; pasado mañana debo marcharme unos días a Manchester, luego a la costa, a causa de mi mujer enferma, donde, no obstante, siempre podré trabajar unas horas diarias.

En cuanto a Urquhart, hemos dado los pasos necesarios para reunir el material.

El procesar o, mejor dicho, el condenar parece ser cada vez más divertido entre vosotros. Deberíais presentar una reforma del código penal para que se pueda cumplir la condena por la noche, o más bien pasarla echado, y tener los días libres.

El *Vorwärts* nos parece tomarse la historia en Francia un poco a la ligera. Cierto es que, por de pronto, el asunto no incumbe a los obreros, y ellos lo saben y dicen: *A vous maintenant, MM. les bourgeois, faites votre jeu!* Pero para el desarrollo de Francia es de la mayor importancia que la pausa actual hasta el próximo movimiento obrero transcurra bajo el régimen de una república burguesa, donde Gambetta y Cía. se pongan en ridículo, en lugar de como hasta ahora bajo la presión imperialista, donde vuelven a popularizarse y en el día del estallido se ponen de nuevo a la cabeza; que cese por fin la disputa, ya carente de sentido en Francia, sobre la forma de Estado, y que la república aparezca como lo que es: la forma clásica de la dominación burguesa y, al mismo tiempo, la de su inminente disolución. Por lo demás, la victoria de la reacción en Francia la sentiríais condenadamente también en Alemania.

En el Danubio todo marcha bien hasta ahora. Un ejército oriental, inservible para grandes operaciones estratégicas, como el turco, no podía en modo alguno impedir a los rusos el paso. Pero, en cambio, un ejército oriental de ese tipo tampoco se hunde nunca por sus propias estupideces. Ahora veremos cómo los rusos alimentan a su ejército en Bulgaria. Sus dificultades aumentan con cada paso adelante en progresión geométrica, y el extraño comportamiento bajo el fuego de su mejor ejército —el caucásico en Armenia— no les augura nada bueno. Entre tanto, Montenegro está siendo reducido a papilla. Me alegro muy especialmente por G. Rasch.

Tuyo  
F. E.