en Rheinau

Londres, 14 de febrero de 1877

Querida señora Pauli:

Me temo que, si todos los planes que se hacen en Rheinau durante el invierno hubieran de llevarse a cabo, el verano tendría que tener 9 meses en lugar de 3. Cómo irá lo propuesto en su amable carta el tiempo habrá de enseñarlo; por desgracia, ya veo un obstáculo considerable, ¡y es la salud de mi esposa! En conjunto, ella ha pasado bastante bien el invierno, así como las fatigas de la campaña de Navidad (en la que aquí, en Inglaterra, se concentran todas las festividades); pero no sé hasta qué punto lograré movilizarla para una nueva campaña muniquesa en septiembre sin que se convierta en un lastre para la movilidad de los demás. En las últimas 6 semanas hemos vuelto a tener toda clase de contratiempos con las criadas, y justamente ahora, cuando debería descansar, tiene a veces que deslomarse más allá de sus fuerzas. Yo había contado con esta posibilidad y por eso me reservé en casa de los Schupp la facultad de recoger a Pumps en cualquier momento. La cosa ha llegado a un punto tal, que tiene que quitarle absolutamente a mi mujer el trabajo de la casa; y como yo mismo no puedo ausentarme con facilidad y tengo además otras razones, probablemente aprovecharé una ocasión que se me presenta para hacerla escoltar de regreso hacia el 1 o, a más tardar, el 15 de marzo. En cuanto sepa algo concreto, lo que ocurrirá dentro de pocos días, comunicaré los detalles tanto a Pumps como a la Srta. Schupp; hasta entonces le ruego que no les diga nada del asunto.

Ante todo, en cuanto tengamos un poco de orden en casa, llevaré a mi mujer al mar unos 14 días, para que recobre el apetito y no se me debilite demasiado. Si usted me hubiera visto ayer por la tarde hacer la cama y esta mañana encender el fuego de la cocina, se habría reído.

Que las elecciones la hayan aburrido, mientras aún no tiene usted derecho a votar, lo creo muy bien. Cuando lleguemos al timón, las mujeres no sólo habrán de votar, sino también ser elegidas y pronunciar discursos; esto último ya sucede aquí en los consejos escolares, y el pasado noviembre entregué mis 7 votos a una dama, quien, por lo demás, obtuvo más votos que ningún otro de los 7 candidatos que se debían elegir. Por lo demás, las señoras que forman parte de los consejos escolares de aquí se distinguen por hablar muy poco y trabajar muchísimo; por término medio, cada una tanto como tres hombres. ¿Diremos que «escobas nuevas barren bien»? Pero la mayoría de estas «escobas» son bastante viejas.

De todos modos, mantendremos constantemente presente el plan de septiembre y haremos lo posible por realizarlo. Y ahora le ruego que salude muy cordialmente a Pauli y a los niños de parte de mi esposa y mía, y reciba usted también nuestros mejores saludos.

Suyo afectísimo
F. Engels