Mi felicitación de Año Nuevo para usted y su querida esposa llega, por desgracia, con retraso, gracias a la fiebre de trabajo y a una inflamación de garganta que me he granjeado durante los últimos días en Karlsbad. Allí me fue como al campesino de Martín Lutero, que, subido al caballo por un lado, se cae por el otro.

Mi hija se recomienda afectuosamente a su esposa y a usted. Entre otras cosas, ha cometido el pecado de una traducción, impresa por la Shakespeare Society de aquí, de la que es miembro, del trabajo del profesor Delius «El elemento épico en Shakespeare»; pecado que, sin embargo, le ha valido grandes elogios de parte del señor Delius. Me ruega que le pida a usted el nombre del profesor suabo antishakesperiano y el título de su obra, de la que nos habló usted en Karlsbad. El matador de la Shakespeare Society de aquí, Mr. Furnivall, no quiere renunciar de ningún modo al disfrute de ese opúsculo.

La «cuestión de Oriente» (que terminará con la revolución en Rusia, cualquiera que sea el desenlace de la guerra contra los turcos) y la revista de las fuerzas socialdemócratas en la patria habrán convencido seguramente al filisteo de la cultura alemana de que hay en el mundo cosas aún más importantes que la música del futuro de Richard Wagner.

Con los mejores saludos para usted y su querida esposa,

Suyo, con la más cordial amistad,
Karl Marx

Si por casualidad ve usted al Dr. Traube, salúdelo de mi parte muy cordialmente y recuérdele, por favor, que me prometió enviarme los títulos de sus diversas publicaciones. Serían muy importantes para mi amigo Engels, que está trabajando en una obra de filosofía de la naturaleza y que destacará, más de lo que se ha hecho hasta ahora, los méritos de Traube.