en Engelskirchen

Londres, 9 de enero de 1877

Querido Hermann:

Tu carta con la remesa de £ 300 ha llegado correctamente; las abonaré en vuestra cuenta en cuanto las gire. Muchas gracias por ello, así como por el extracto de la cuenta corriente, que revisaré. Que hayas aumentado algo la suma en tu remesa no supone ningún inconveniente. La recibí el sábado por la noche, cuando tenía visitas aquí, y debido a la multitud de visitas y fiestas que proliferan en esta época del año, no me pongo hoy a acusar recibo; espero que lo disculpes.

No sabía en absoluto que Hermann y Moritz estuvieran en la universidad. No les vendrá nada mal estudiar un par de años, y si luego quieren entrar en el negocio, sus conocimientos les serán tanto más útiles; los últimos veinte años han puesto fin de manera radical a la vieja superstición comercial de que para el comercio hacen falta, sobre todo, tres años de libro copiador, buena caligrafía, un alemán lo más malo posible y una notable carencia de conocimientos. Y si quieren emprender otra cosa, también el mundo está abierto ante ellos.

A los rusos puede irles espantosamente mal. Siempre fue mi opinión que la introducción del servicio militar obligatorio universal destrozaría al ejército ruso. Pero que ocurriera tan deprisa y de forma tan espléndida no lo habría esperado. Todo se desmorona, disciplina y administración, oficiales y soldados; falta de todo, mucho más aún que en vuestra famosa movilización de 1852, pues el robo en Rusia es sencillamente grandioso. Cuantos más almacenes y depósitos hay para la movilización, menos contienen, ya que todo eso no son más que pretextos para robar. Mientras tanto, los turcos nunca han estado en tan buena forma como ahora, y ya tienen más tropas en Bulgaria que las que los rusos pueden lanzar con sus cuatro cuerpos de ejército (144.000 hombres sobre el papel). Y entre esos cuatro cuerpos de ejército se han encuadrado todos los reservistas reclutados en Polonia, que se pasarán al enemigo a la primera oportunidad. El ejército rumano sólo está ahí para dejarse hacer prisionero, y a las milicias campesinas serbias no hay quien las vuelva a reunir tan fácilmente, y lo que se reúna ya ha tenido bastante.

Me llaman a comer, y son las cinco y media — hora del correo. Cordiales saludos a todos de parte de

tu

Friedrich