en Ginebra

122, Regent’s Park Road, N.W.

Londres, 20 de noviembre de 1876

Querido Becker:

Recibimos en su día vuestra circular dirigida a la sección de Zúrich, y también nosotros opinamos que es oportuno hacer frente a las pretensiones de los bakuninistas de jugar por su cuenta a la Internacional. Si es posible fundar una reorganización sobre la base que vosotros proponéis de la federación de las grandes corporaciones nacionales organizadas, me parece muy dudoso, toda vez que la legislación de la mayoría de los países prohíbe a tales asociaciones corresponderse con asociaciones extranjeras, y mucho más aún aliarse con ellas. Pero esto es secundario y podría eludirse o modificarse fácilmente, tan pronto como se estuviera convencido de que la existencia de cada una de estas grandes organizaciones es más importante que su adhesión formal a una sociedad internacional. De todas maneras, os toparéis entre los alemanes con la misma frialdad platónica que ellos, como partido, mostraron siempre frente a la vieja Internacional.

El objeto principal de mi carta de hoy es abrirte un nuevo campo de actividad en este sentido. Los portugueses, con quienes todavía mantengo correspondencia y que están muy bien organizados, se quejan mucho del abandono que experimentan de parte de nuestros amigos. Los suizos alemanes, alemanes, austríacos, americanos, etc., no sólo no les habrían hecho nunca comunicación alguna, sino que ni siquiera habrían contestado a sus cartas. En cambio, de parte de los jurásicos, de los españoles bakuninistas, italianos y belgas recibían continuamente envíos, invitaciones a congresos, cartas de felicitación, etc., a montones, de modo que, para los obreros portugueses, estos últimos pasaban por ser los únicos que todavía se interesaban por la Internacional y por el movimiento portugués. Comprenderás que han de ser muchachos muy valientes para no dejarse confundir por ello; y que éste es el caso te lo muestra la siguiente carta, que han enviado al Congreso bakuninista de Berna:

«La Federación de Cádiz nos ha invitado a hacernos representar en el Congreso de Berna, y desde entonces hemos leído en el Bulletin jurassien la circular que convoca a este congreso y fija su orden del día. Por haber recibido muy tarde esta invitación, los socialistas portugueses no pueden enviar delegados; no obstante, su Consejo Federal ha acordado daros la seguridad de que somos moralmente solidarios con los obreros socialistas del mundo entero y de que jamás hemos puesto en entredicho esta solidaridad ni permitiremos que se ponga jamás; por consiguiente, el pacto expreso de solidaridad que vosotros queréis acordar nos parece una formalidad de la que muy bien se puede prescindir.

Al ofrecer nuestros más ardientes votos por la unión de todos los proletarios, os saludamos fraternalmente. ¡Viva la Asociación Internacional de los Trabajadores!»

Ahora escribo a esa gente acerca de vuestro plan, y envío también una de vuestras circulares, aunque es dudoso que sepan leer alemán. Harás bien, sin embargo, en ponerte inmediatamente en contacto con ellos; puedes escribirles en francés; si contestan en portugués, yo puedo traducirte la respuesta.

Puedes hacer imprimir la carta arriba reproducida en la Tagwacht, así como el hecho de que el 5 de enero y los días siguientes celebrarán un congreso en Lisboa y someterán a debate un nuevo programa del partido).

La dirección es:

E.C. Azedo Gnecco
Rua do Bemformoso 110, 2°
Lisbonne, Portugal.

Allí aparece su periódico O Protesto, que ya tiene más de un año.

Espero que logréis algo decente, y si podemos echaros una mano con direcciones, etc., lo haremos con gusto. Sólo tenéis que ahorrarnos trabajos. Nosotros dos, Marx y yo, tenemos que realizar trabajos científicos muy determinados que, por lo que vemos hasta ahora, ningún otro puede o siquiera quiere hacer, y debemos aprovechar el actual período de calma mundial para concluirlos. Quién sabe cuán pronto algún acontecimiento volverá a arrojarnos al movimiento práctico; tanto más hemos de aprovechar el poco ocio para adelantar un trecho la faceta teórica, igualmente importante.

A propósito. Por los 12 ejemplares de las Horas de devoción que encargamos Marx y yo, hemos pagado a través de Frankel 12 entregas; de modo que aún tendríamos que pagar 3 × 12 entregas a 25 céntimos = 9 francos; si es correcto, dímelo y te enviaré un giro postal.

Próximamente aparecerá en el Vorwärts mi Crítica de Dühring. Me han violentado terriblemente hasta que acepté esta ingrata tarea; ingrata, porque el hombre es ciego, de modo que las armas no son iguales, y sin embargo, la colosal arrogancia del hombre me prohíbe guardarle consideración alguna.

Tuyo,
F. Engels