en Braunschweig

Londres, 23 de septiembre de 1876

Estimado Bracke:

Se halla actualmente en prensa la obra francesa de Lissagaray  
«Histoire de la Commune» (500-600 páginas), editor: H. Kistemaeckers,  
librairie contemporaine, Boulevard du Nord, 60, Bruselas. Será  
la primera historia auténtica de la Comuna. L[issagaray] no solo  
ha utilizado todas las fuentes impresas, sino que posee material  
inaccesible para todos los demás, aparte de que ha sido en gran parte  
testigo presencial de los acontecimientos por él descritos.

Ayer recibí de él una carta dirigida a él por Julius Grunzig, de Berlín,  
en la cual este se ofrece como traductor.

En primer lugar, no conozco a Grunzig; tal vez usted pueda darme  
informes sobre él.

En segundo lugar, no dice ni una palabra sobre el dónde y el cómo  
de la publicación, y aun en el caso de que pudiéramos emplear al  
señor Grunzig como traductor (esto depende únicamente de su capacidad  
para tal trabajo), solo sería aceptado como traductor, sin que de ningún  
modo se le confiase la publicación.

Le propongo que usted se encargue de la edición de esta obra,  
importante para nuestro partido e interesante para todo el público  
lector alemán. Pero Lissagaray —que, como refugiado en Londres,  
no está naturalmente en lecho de rosas— tendría que recibir, por el  
derecho de edición alemana que él concede, una participación en la  
ganancia que usted mismo determine.

En cuanto a la traducción, yo le enviaría a Grunzig —puesto que  
se ha ofrecido el primero y, además, viene recomendado por Most—  
pliegos de prueba para traducir, a fin de convencerme de su capacidad.

En caso de que usted acepte la propuesta, se le harían llegar a usted  
(resp. al traductor) los pliegos del original por partes, de modo que la  
traducción alemana pudiera aparecer casi simultáneamente con el original  
francés.

La publicación por entregas, tal como Grunzig la propone en su carta,  
es inadmisible, pues de otro modo la cosa aparecería antes en alemán  
que en francés, contra lo cual protestaría el editor belga.

En lo tocante al pago del traductor, este asunto debería arreglarse  
exclusivamente entre usted y el mismo.

Me obligaría usted con una respuesta inmediata, para que no se pierda  
tiempo y yo pueda escribir, en caso necesario, a otro librero.

Con los mejores saludos de parte de Engels y míos.  
Suyo  
Karl Marx  

Mi dirección es:  
41, Maitland Park Road, N.W., Londres.

Marx a Wilhelm Bracke

en Braunschweig

[Londres] 30 de septiembre de 1876

Estimado Bracke:

Sobre sus transacciones con B. Becker ya estaba yo informado por  
sus diversas cartas a Engels, pues nosotros nos comunicamos siempre  
recíprocamente todo cuanto atañe a los intereses del partido.

Apenas recibí su carta, Engels y yo ventiramos la cuestión por todos  
los lados y hemos llegado a la conclusión de que la consideración hacia  
Becker no puede en modo alguno colisionar con la edición por usted  
de la obra de L[issagaray].

1.º Usted rompió, por razones puramente comerciales —mucho antes  
de que se hablase de la obra de Lissagaray—, su compromiso con B. Becker,  
después de que este rechazase con brusquedad sus propuestas. Además,  
pagó usted una indemnización de 300 táleros. Con ello quedó zanjado este  
asunto, y no se podía presumir en forma alguna que usted, de ahí en  
adelante, renunciaría a editar todos los escritos referentes a la historia  
de la Comuna.

2.º En la medida en que el escrito de Lissagaray hace competencia al  
de Becker, esa competencia se producirá tanto si el escrito aparece en  
su editorial como si aparece en otra parte. (Liebknecht acaba de ofrecernos  
la editorial de la imprenta del «Volksstaat», pero nosotros no la aceptaríamos  
bajo ninguna circunstancia.) El escrito de L[issagaray] aparecerá en Bruselas  
dentro de pocas semanas, mientras que Becker no estará listo hasta mayo  
del 77. El perjuicio que de ello pueda derivársele es, de todos modos,  
inevitable.

3.º Aunque las obras de Becker y Lissagaray lleven el mismo título  
—Historia de la Comuna—, son obras de índole completamente diversa,  
que, de no mediar otras razones comerciales o de otro tipo, muy bien  
habrían podido ser editadas por la misma casa editorial.

La obra de Becker es, en el mejor de los casos, una compilación,  
escrita desde el punto de vista de la crítica alemana, del material sobre  
la Comuna accesible a cualquiera en París.

La obra de Lissagaray es el escrito de un participante en los acontecimientos  
narrados (y tiene, en ese sentido, un carácter de memorias), que, además,  
dispuso de una abundancia de manuscritos de los protagonistas del drama,  
etc., no accesibles a nadie más.

Ambos escritos solo guardan la posible conexión de que Becker  
encuentra en la obra de Lissagaray una fuente nueva, que no puede  
dejar de considerar y que tal vez le obligue a introducir modificaciones  
de gran alcance en su manuscrito, hasta donde ya lo tiene terminado.

El interés de usted en la edición de la obra de L[issagaray] es el mismo  
que le impulsó a mover a B[ecker] a elaborar el material: el interés del  
partido, que usted, conforme a lo dicho bajo el apartado I, puede satisfacer  
sin el más leve quebranto de los compromisos editoriales contraídos  
originariamente con B[ecker].

Hasta aquí sobre este punto.

En cuanto al señor Grunzig, sería para mí deseable que usted recabase  
informes sobre el carácter del hombre a través de Most. Si tal informe  
resulta satisfactorio, yo enviaría al señor Grunzig, a modo de prueba, el  
primer pliego para que lo traduzca, a fin de poder juzgar por ello si está  
a la altura de este trabajo, de ningún modo fácil.

Lissagaray me ha enviado los primeros 5 pliegos impresos. De ellos  
deduzco que se trata de una edición de lujo, con solo 30 líneas por página.  
Si en el original francés la obra alcanza 500-600 páginas, en la edición  
alemana corriente apenas pasará de 400 páginas.

Con la disposición de usted sobre el reparto de la ganancia estoy más  
que conforme; si no sale nada, L[issagaray], lo mismo que usted, tendrá que  
darse por satisfecho, y lo estará.

En lo que atañe a los honorarios del traductor, es este un asunto sobre  
el que usted solo dispondría. No le incumbe para nada al autor francés.

En lo relativo a todas las demás disposiciones sobre tirada, presentación,  
precios, usted solo deberá decidir. (L[issagaray] me ha dado, en efecto,  
plein pouvoir para cerrar el trato en su nombre.)

En la portada habría que poner: Traducción autorizada por el autor  
de la obra.

Lissagaray pondrá en la portada del original francés: tous les droits  
réservés, de manera que usted podrá confiscar cualquier posible traducción  
alemana de la competencia.

Con saludo amistoso.  
Karl Marx