en Ramsgate

19 de agosto de 1876
Germania, Karlsbad

Querido Fred,

Te escribo a la dirección de Londres, pues no sé si aún moras junto al mar. !??

Primero, nuestras aventuras de viaje. !“! De acuerdo con mi plan, pernoctamos en Colonia; partimos de allí a las 6 de la mañana, con Núremberg como siguiente lugar de descanso. A eso de las 5 de la tarde llegamos a Núremberg, desde donde no queríamos ponernos en camino hacia Karlsbad hasta la noche siguiente (era el 14 y habíamos indicado a la patrona de Karlsbad el 15 como día de nuestra llegada). Los baúles fueron descargados, entregados a un hombre con una carretilla, que debía acompañarnos al mesón más cercano, situado junto a la estación, delante de la ciudad. Pero en aquel mesón no había más que una sola habitación libre, y al mismo tiempo el posadero nos anunció la espantosa nueva de que difícilmente encontraríamos alojamiento en otro lugar, pues la ciudad estaba inundada, en parte como consecuencia de un congreso de molineros y panaderos, en parte por gentes de todas las partes del mundo que desde allí querían dirigirse a la fiesta de bufones de Bayreuth, del músico estatal Wagner. Y así fue. Deambulamos largo rato por la ciudad junto a la carretilla; ni la más pequeña taberna ni el más grande hotel ofrecía asilo; todo lo que ganamos fue un conocimiento superficial de la cuna (sumamente interesante) de la zafiedad alemana. Así pues, de regreso a la estación de ferrocarril; allí se dijo que la ciudad más próxima a Karlsbad a la que aún podían transportarnos era Weiden; tomamos billetes para Weiden. Pero el señor conductor llevaba ya una gota (o incluso más) de más en la cabeza; en lugar de hacernos apear en Neunkirchen, desde donde un nuevo ramal conducía a Weiden, nos llevó hasta Irrelohe (así se llama aproximadamente el villorrio), desde donde tuvimos que retroceder otras dos horas enteras (en dirección contraria a la de ida), para llegar por fin a Weiden a medianoche. Aquí, a su vez, el único mesón existente estaba atestado, de modo que tuvimos que resistir en las duras sillas de la estación de ferrocarril hasta las 4 de la madrugada. ¡En total estuvimos 28 horas de viaje de Colonia a Karlsbad! ¡Y con un calor desvergonzado!

Lo que al día siguiente oímos en Karlsbad (donde no ha llovido en 6 semanas) de todas partes y experimentamos en nuestra propia piel fue... ¡exceso de calor! Además, escasez de agua; el Tepl presenta un aspecto completamente desecado. La deforestación la ha puesto en el gracioso estado de inundarlo todo en épocas de mucha lluvia (como en 1872), y de secarse por completo en los años calurosos.

Por lo demás, el calor excesivo ha remitido desde hace 3 días, y aun durante los días de pleno calor encontramos hondonadas boscosas por mí bien conocidas, donde resultaba soportable.

La pequeña Tussy, que durante el viaje se encontraba bastante indispuesta, se repone aquí a ojos vistas, y a mí Karlsbad me sienta como siempre maravillosamente. En los últimos meses había vuelto a comenzar la repugnante presión en la cabeza, que ya ha vuelto a desaparecer por completo.

Una noticia que me dejó sumamente estupefacto me comunicó el Dr. Fleckles. Le pregunté si estaba presente su prima, Madame Wollmann, de París, a quien conocí el año pasado y que es una dama muy interesante. Me respondió que su marido había perdido toda su fortuna, y además la fortuna de su esposa, en especulaciones en la bolsa de París, de modo que la familia se ha visto obligada a retirarse, en un estado desesperado, a un rincón de Alemania. Lo curioso de este asunto es lo siguiente: el señor Wollmann había hecho una gran fortuna en París como fabricante de tintes; nunca había jugado a la bolsa, sino que el dinero que no necesitaba en el negocio (así como el de su esposa) lo había colocado tranquilamente en títulos del Estado austríaco. De repente, le dio por desvariar en la cabeza; considera inseguro el Estado de Austria, vende todos sus títulos; y acto seguido, en secreto, sin conocimiento previo de su esposa ni de sus amigos Heine y Rothschild, se pone a especular al alza en la bolsa... ¡con títulos turcos y peruanos!, hasta que el último heller se fue al diablo. La pobre mujer se hallaba precisamente ocupada en instalar su nuevo hotel alquilado en París, cuando una buena mañana, sin preparación alguna, oye que es una mendiga.

El profesor Friedberg (de la Universidad de Breslau, médico) me cuenta hoy que el gran Lasker ha publicado una novela corta anónima, titulada: „Experiencias de un alma masculina.“ Estas elevadas experiencias vienen introducidas por un prefacio zalamero, o introducción, del señor Berthold Auerbach. Lo que Lasker ha experimentado es, a saber, que todas las mujerzuelas (incluida una hija de Kinkel) se enamoraban de él, y ahora expone por qué no solo no se casó con todas juntas, sino por qué ni siquiera con una sola llegó a formalizarse. Debe ser una verdadera Odisea de un alma de trapo. Apareció muy pronto una parodia (igualmente anónima), tan horrible que el gran hermano de Otto, con dolorosa pérdida de dinero, ha comprado todos los ejemplares aún asequibles de sus „Experiencias“. El „deber“ me llama lejos del escritorio. Así que hasta la próxima, en tanto el mágico efecto embrutecedor del caliente brebaje alcalino me permita garabatear unas líneas.

Mis mejores saludos a Madame Lizzy.

Tuyo,
Mohr

Aquí no está Kowalewski. En cambio, me ha enviado un grueso volumen de Lavrov sobre las funciones del „Estado“ en el porvenir. En cualquier caso, aposaré la lectura también para el porvenir. Aquí todo es ahora porvenir desde el tamborileo de la música del porvenir en Bayreuth.

Hormiguea aquí de rusos.

Ahora mismo me escribe mi mujer que tú sigues en Ramsgate. Así pues, te envío la carta directamente allí.