en Londres

3, Adelaide Gardens

Ramsgate, 24 de mayo de 1876

Querido Mohr,

Acabo de recibir las dos cartas adjuntas. La maldición de los agitadores pagados, de los semicultos, pesa gravemente sobre nuestro partido en Alemania. Si esto sigue así, pronto los lassalleanos serán las cabezas más claras, porque son los que menos absurdos asimilan y los escritos de Lassalle los medios de agitación menos nocivos. Quisiera saber qué quiere en realidad ese Most de nosotros, y cómo debemos proceder para darle gusto. Está claro: en la representación de esta gente, Dühring se ha hecho invulnerable ante nosotros gracias a sus ataques perrunos contra ti, pues si ridiculizamos su estupidez teórica, ¡eso es venganza contra aquellas personalidades! ¡Cuanto más grosero sea Dühring, tanto más humildes y mansos debemos ser nosotros, y el hecho de que el señor Most no exija, además de señalar benévolamente y en privado los deslices del señor Dühring (como si se tratara de meros deslices), para que los elimine en la próxima edición, que le besemos también el trasero, es en verdad una verdadera gracia. Ese sujeto, me refiero a Most, ha logrado excerptar todo el «Capital» y aun así no ha entendido nada de él. Esta carta lo demuestra de manera contundente, y con eso queda caracterizado el tipo. Todo ese absurdo sería imposible si en lugar de Wilhelm hubiera al frente un hombre con un poco de comprensión teórica, alguien que no mandara imprimir con fruición cualquier estupidez posible —cuanto más disparatada, mejor— y lo recomendara a los obreros con toda la autoridad del «Volksstaat». En fin, la historia me ha hecho enfadar furiosamente, y cabe preguntarse si no será hora de considerar seriamente nuestra posición frente a estos señores.

Para el estúpido Wilhelm, todo esto no es más que un grato pretexto para apremiar por manuscritos. ¡Vaya un jefe de partido!

De la «Daily News» de ayer se adjunta una correspondencia interesante de Constantinopla; se puede creer tanto más a ese señor cuanto que la revolución de los softas le va muy a contrapelo. La historia en Oriente empieza a llegar a un punto crítico; el renovado intento de empréstito serbio, la consiguiente suspensión del pago de letras de cambio y las nuevas reivindicaciones de los insurgentes herzegovinos muestran cómo Rusia empuja y presiona allí. Tengo curiosidad por ver cómo sigue.

Aquí tenemos hoy el primer día de lluvia; ayer solo fue un breve chaparrón. Espero que en casa de Jenny todo siga bien. Lizzie y yo os saludamos a todos; recuerdos cordiales a los Longuet y a los Lafargue.

Tuyo
F. E.

Acabo de ver que Wilhelm me ha enviado todo el manuscrito de Most bajo faja. ¡Quién sabe si eso está permitido internacionalmente y, por tanto, si llegará! ¿Quieres ir a ver si está allí y, si es así, enviármelo? Me quedo aquí hasta el viernes de la próxima semana. La señora Leeson te mostrará dónde guarda los papeles, etc., recibidos para mí.