en Braunschweig

Querido Bracke, Londres, 11 de oct. de 75

He demorado hasta ahora la respuesta a sus últimas cartas, la última del 28 de junio, por una parte porque M[arx] y yo no hemos estado juntos durante 6 semanas —él en Karlsbad^1 y yo junto al mar^2, donde no veía el «Volksstaat»—, y luego porque quería aguardar un poco a ver cómo se comportaban en la práctica la nueva unificación^3 y el comité combinado^4.

Compartimos por completo su opinión de que Liebknecht, con su afán por alcanzar la unificación pagando por ella cualquier precio, ha echado a perder todo el asunto. Podía considerarse esto necesario, pero no hacía falta decírselo ni mostrárselo a la otra parte contratante. Después, un error tiene que justificar siempre al otro. Una vez que el congreso de unificación se puso en marcha y se pregonó sobre una base podrida, no debía fracasar a ningún precio, y así hubo que ceder de nuevo en puntos esenciales. Tiene usted toda la razón: esta unificación lleva en sí el germen de la escisión, y me alegraré si entonces se desprenden solamente los fanáticos incurables y no también toda una cola que, por lo demás, es eficaz y podría aprovecharse con una buena formación. Eso dependerá del momento en que, y de las circunstancias bajo las cuales, se produzca esto inevitable.

El programa^5 en su redacción final consta de 3 partes:

1. las frases y consignas lassalleanas, que bajo ninguna condición debían ser aceptadas. Cuando dos fracciones se unen, se pone en el programa aquello en lo que se está de acuerdo, no lo que es objeto de controversia.^6 Al consentirlo nuestros hombres a pesar de todo, pasaron voluntariamente bajo el yugo caudino;

2. una serie de reivindicaciones vulgardemocráticas, redactadas en el espíritu y al estilo del Partido Popular^7;

3. una serie de proposiciones que pretenden ser comunistas, tomadas en su mayoría del «Manifiesto», pero tan refundidas que, vistas a la luz, contienen todas y cada una desatinos espeluznantes. Cuando no se entienden estas cosas, hay que dejar las manos quietas, o bien copiarlas literalmente de quienes, reconocidamente, entienden del asunto.

Afortunadamente, al programa le ha ido mejor de lo que merece. Tanto obreros como burgueses y pequeñoburgueses leen en él lo que en realidad debería figurar, pero no figura, y a nadie de ningún lado se le ha ocurrido someter públicamente al examen de su verdadero contenido alguna de estas proposiciones maravillosas. Esto nos ha sido posible guardar silencio sobre este programa. A ello se añade que no se pueden traducir estas proposiciones a ninguna lengua extranjera sin verse obligado o a escribir un disparate palpable o a atribuirles un sentido comunista, y esto último lo hacen tanto amigos como enemigos. Yo mismo he tenido que hacerlo en una traducción para nuestros amigos españoles^8.

Lo que he visto de la actividad del comité no es, hasta ahora, muy alentador. Primero, el proceder contra los escritos de usted y de B. Becker^9; no fue culpa del comité si no prosperó. Segundo, Sonnemann, a quien M[arx] vio de paso, contó que había ofrecido a Vahlteich una corresponsalía para la «Frankfurter Zeitung», ¡pero el comité le prohibió a V[ahlteich] aceptarla!^10 Eso sí que va más allá de la censura, y no comprendo cómo V[ahlteich] pudo dejarse prohibir algo así. ¡Y qué torpeza! ¡Más bien deberían haberse preocupado de que la «Frankfurter» fuera servida en toda Alemania por los nuestros! Por último, el proceder de los miembros lassalleanos en la fundación de la Imprenta de la Asociación de Berlín tampoco me parece muy sincero; después de que en la imprenta de Leipzig los nuestros, confiados, nombraron al comité como consejo de vigilancia, en Berlín hay que obligarlos a ello.^11 Sin embargo, no conozco aquí los detalles con exactitud.

Sin embargo, es bueno que el comité despliegue poca actividad y, según dice C. Hirsch, que estuvo aquí estos días, se limite a vegetar como oficina de correspondencia e información. Cualquier intervención enérgica por su parte solo aceleraría la crisis, y parece que las gentes lo sienten.

¡Y qué debilidad, aceptar en el comité a 3 lassalleanos y 2 de los nuestros!^12

En resumidas cuentas, parece que aún salimos del paso con un ojo morado, aunque bien morado. Esperemos que así siga y que entretanto la propaganda entre los lassalleanos surta efecto. Si la cosa se mantiene hasta las próximas elecciones al Reichstag^13, puede ir bien. Pero entonces Stieber y Tessendorf harán todo lo posible, y será también el momento en que se verá por primera vez lo que se ha asumido con Hasselmann y Hasenclever.

M[arx] ha regresado de Karlsbad completamente cambiado, fuerte, fresco, ágil y sano, y pronto podrá ponerse de nuevo seriamente a trabajar. Él y yo le saludan cordialmente. Haga saber de vez en cuando cómo van las cosas. Los de Leipzig^14 están todos demasiado interesados en el asunto como para servirnos vino claro, y ahora menos que nunca la historia interna del partido sale a la luz pública.

Suyo sinceramente,
F. E.