en Barmen

Londres, 22 de marzo de 1875

Querido Rudolf,

He recibido tu carta, así como las dos de E[rmen] & E[ngels], y he dejado conformes los asientos. Por la gestión de este asunto, resuelto a mi entera satisfacción, mi mejor agradecimiento.

Hoy acerca de otra cosa. Anteayer por la tarde se me presenta de repente el pequeño Heinrich Ermen, de Manchester, y me cuenta lo siguiente.

Gottfried E[rmen] quiere retirarse dentro de dos años y realmente se ha hecho meter en el negocio como asocié a Peter E[rmen], su yerno, el marido de Matilde, el maestro de escuela Roby. A los catorce días de la llegada de Roby, parece que ya volvió a lamentarlo, pues resultó que ese Roby, que le habían ponderado como un hombre de todo, que había construido escuelas y yo no sé cuántas cosas más, no servía para el negocio. Pero G[ottfried] se había metido tan a fondo que ya no podía soltarse, y a pesar de que R[oby] no hace sino estudiar la cuenta del banco y el Times, G[ottfried] quiere ahora endosárselo a sus sobrinos como asocié principal y con una participación más o menos igual a la de los tres sobrinos (Heinrich y su hermano Franz, y Franz hijo de Franz) juntos.

Ocurre que este Roby tenía un puestecillo muy bonito en la Endowed Schools Commission, una comisión gubernativa instituida por Gladstone años atrás para investigar y remediar al menos algunos de los más clamorosos abusos en la administración de las muy cuantiosas fundaciones destinadas a las escuelas; él era uno de los comisarios. Pero Disraeli, en cuanto llegó al timón, hizo que el Parlamento adoptara una votación que lo autorizaba a disolver toda la comisión y a traspasar sus trabajos aún no terminados a los Charity Commissioners, quienes, elegidos bajo gobierno conservador, se inclinan mucho más a conservar los moderados abusos. Con ello, nuestro Roby perdió su puestecillo y, con ayuda de Peter, tuvo el genial pensamiento de hacerse fabricante.

Ahora bien, el contrato que G[ottfried] ha hecho redactar a tal efecto entre él, Roby y los tres sobrinos es de tal naturaleza que los tres sobrinos en realidad se obligan a trabajar durante catorce años para que el Sr. Roby tenga unos ingresos previsibles de £5.000 y ellos, entre los tres, tal vez una insignificancia más. Los dos Franz sí han firmado, pero Heinrich aún no, y eso, en caso necesario, permitirá también a los otros dos retirarse; y H[einrich] opina que su hermano Franz lo haría si él, H[einrich], no firma y encuentra otra cosa.

Me ha pedido, pues, que os preguntase si acaso tendríais ganas de continuar con él, o bien con su hermano Franz, la firma E[rmen] & E[ngels] en Manchester y de explotar la reputación que en su día han ganado, sea asociándoos sencillamente con los dos, sea, como ahora ocurre aquí muy a menudo, transformando la cosa en una sociedad en comandita (Ermen & Engels Limited, como entonces se llamaría la firma), en cuyo caso habría que determinar quiénes serían los asociados solidarios, responsables con todo su patrimonio (los gerentes del Code Napoléon) —la ley al respecto es casi idéntica a la del Code Napoléon. En lo que concierne al capital, afirma que podría procurárselo de inmediato —tanto para una forma como para la otra— en cuanto vosotros aceptaseis, y eso me lo creo, porque Lancashire, después de las buenas cosechas de 1870-73, vuelve a estar tan atiborrada de dinero que la gente no sabe cómo invertirlo.

Dije que difícilmente os prestaríais a ello, que ya teníais hartas cosas a cuestas; que una sociedad en comandita difícilmente os vendría bien, y que una sociedad mercantil ordinaria difícilmente la contraeríais, ya sólo porque podría tener por consecuencia que alguno de vosotros se trasladase a Manchester, y eso no os conviene; y tampoco fundaríais un negocio con dinero que hubiera que conseguir en Manchester. En suma, me mostré bastante frío al respecto.

Pero la cuestión es, con todo, que con la firma E[rmen] & E[ngels] en Manchester todavía puede ganarse un buen trozo de dinero, sobre todo si, como entonces sería el caso, se empieza con maquinaria enteramente nueva, que muy pronto podrá conseguirse muy barata. Heinrich es un hilandero y retorcedor muy bueno y tiene mujer y cuatro hijos y medio, lo cual siempre ofrece cierta garantía de buena conducta. Franz conoce el blanqueo, la tintorería, la fabricación de carretes y toda la fabricación propiamente dicha de hilo de coser y de hilo de punto, así como el hilo de hierro, con gran exactitud. Añade H[einrich] que Franz se ha vuelto un hombre de negocios muy bueno, lo que creo de buen grado, pues tenía todas las aptitudes para ello. En todo caso, los dos juntos siempre me serían más gratos que el Gottfried. Si estáis dispuestos a considerar la idea, H. E[rmen] se pasará en seguida por ahí, y entonces podréis ver al hombrecillo más de cerca y examinarle con más detalle acerca de los pormenores de sus planes.

Así pues, meditad el asunto y mandadme vuestra respuesta lo antes posible; mucho tiempo no parece ya poder aplazar H[einrich] una decisión definitiva frente a G[ottfried].

Muchos recuerdos a Mathilde, a los niños y a ti mismo de

tu

Friedrich

¡Que el cuco se lleve a los Rh[enischen] E[ngels]! Confiando en las muchas seguridades de pago puntual, me he metido en toda clase de asuntos y ahora ando bastante apretado.