en Londres
1. de sept. de 1874
Germania, en el Schloßberg,
Carlsbad, Austria

Querido Fred,

El próximo miércoles hará dos semanas que estoy aquí, y mi pólvora, alias money, apenas alcanzará para una tercera semana. Si me escribes, hazlo por favor bajo la dirección arriba indicada, pero en el sobre a Miss Eleanor Marx. La cura le ha sentado maravillosamente bien a Tussy; yo me siento mejor, pero la falta de sueño no está aún dominada.

Vivimos ambos estrictamente según la regla. Por la mañana a las 6 en punto a las respectivas fuentes, donde he de beber siete vasos. Entre dos vasos siempre 15 minutos, durante los cuales se marcha de arriba abajo; después del último vaso, un walk!¹ de una hora, y por fin café. Por la noche, antes de acostarse, todavía un vaso frío.

Hasta ahora me he limitado, como bebida profana, al Pumpenheimer; Tussy, en cambio, recibe a diario* un vaso de cerveza Pilsen, al que yo miro de reojo con envidia. Mi médico, al que Kugelmann me ha prescrito, un austríaco que en sus modales, lenguaje, etc., se asemeja al famoso general Cecilia, no dejó de manifestar al principio cierta inquietud por mi estancia. Siguiendo su consejo, me he inscrito como Charles Marx, rentista, Londres, lo cual de «rentista» tiene por consecuencia que he de pagar a la respetable caja municipal la doble tasa de cura, tanto por mí como por Eleanor, pero mantuvo alejada la sospecha de que yo fuera el famoso K[arl] M[arx]. Ayer fui denunciado como tal, sin embargo, en la hoja de chismes vienesa *Sprudel* (periódico balneario), y el patriota polaco conde Plater (buen católico, aristócrata liberal) aparecía junto a mí como «jefe de los nihilistas rusos». Pero esto llega probablemente demasiado tarde, ya que poseo el recibo de la ciudad por la tasa de cura pagada. También habría podido alojarme mucho más barato de como Kugelmann me ha instalado, pero esto resultó útil, quizá necesario, en vista de mis circunstancias especiales y por mor del aspecto respetable. En ningún caso viajaré de regreso pasando por Hannover, como Kugelmann aún no sabe, sino que tomaré el camino del sur por donde he venido. Este hombre me enoja con sus lamentaciones sentimentales —o groserías— con las que, sin fundamento alguno, se amarga la vida a sí mismo y a su familia. En cambio, es posible que tenga que quedarme cinco semanas en Karlsbad.

Los alrededores de aquí son muy hermosos, y uno no se cansa de andar por y sobre los boscosos montes graníticos. Pero en estos bosques no habita ningún pájaro. Los pájaros son sanos y no aman los vapores minerales.

Espero que Jennychen se haya repuesto en alguna medida.

Saludos muy cordiales a todos de parte del

Moro

¹ paseo a pie. — * diario.