en Ramsgate

[Londres,] 14 de agosto de 1874

Querida hijita de mi corazón, [Londres,] agosto

Pienso que al fin habrán recibido el martes pasado la carta que dirigí a Engels. Si no, habría que recurrir a Correos, pues no se puede dejar pasar tranquilamente semejantes irregularidades.

Fue muy mal hecho por parte de Longuet inquietarte por el carbúnculo. Ayer por la mañana salió por fin el llamado tapón, con lo que cesó la supuración, y me apliqué en seguida un emplasto curativo, que también empezó a obrar desde luego de manera regular. Ya ves, pues, mi querida hija, que por ese lado todo está en orden.

En lo tocante a la naturalización, mi solicitor [abogado] no había tenido hasta ayer por la tarde más news [noticias] del Home Office [Ministerio del Interior]. Hoy vuelvo otra vez a verle. En cualquier caso, partiré mañana por la noche. En el peor de los casos me espera la retirada de Karlsbad a Hamburgo, cosa que, ya por los costes, sería desde luego enfadosa. Resulta de lo más curioso que, después de no haberse hablado durante tanto tiempo de la «Internacional» ni de mí, mi nombre vuelva a figurar just now [justamente ahora] en procesos en Petersburgo y Viena, y de que ridículos riots [disturbios] en Italia se pongan en relación no sólo con la «Internacional», sino (véase al corresponsal del «Daily News» de hoy desde Roma) directamente conmigo. La insinuación del corresponsal romano de que los international rioters [agitadores internacionales] actúan al servicio de los papistas, huele del todo a una receta salida de Bismarck.

El «Evening Standard» de ayer traía un pequeño leader [artículo de fondo], que comienza así: «The International has been scotched, but not killed.» [«La Internacional ha sido golpeada, mas no muerta.»] Lo cual se refiere a la detención de los 80 hombres en Marsella, a la que se pone en conexión secreta con las farsas italianas, aunque el nexo era, en verdad, muy palpable [sensible]: Bazaine s’est échappé. [Bazaine se ha escapado.] Donc — comme compensation macmahoniste — 80 Communards à Marseille sont arrêtés. [Por consiguiente — como compensación macmahonista — 80 communards en Marsella han sido detenidos.] El «Standard», que en vileza policial está a la altura del «Daily News», observa además que esos revolutionists se vuelven muy conservadores en cuanto atrapan la menor propiedad, que todos son unos pelagatos, etc. En el mismo número trae un telegrama de Marsella, según el cual uno de los detenidos es millonario. ¡Brave fellows, those British gentlemen of the «freest press in the world»! [¡Valientes sujetos, estos caballeros británicos de la «prensa más libre del mundo»!] Es llamativo además que varios periódicos franceses (de París) que he visto —y entre ellos algunos muy conservadores— no ponen en absoluto la farsa italiana en conexión con la «Internacional».

Ahora, otro cuadro. Frankel y Outine estuvieron aquí anoche. Este último comunicó la noticia de que Madame Tomanowski se ha casado. (Lo que no sabía a ciencia cierta era si el inminente parto de la misma —esto queda enteramente entre nosotros— se había preparado antes o después de la boda. Por lo demás, tampoco sabe aún detalle alguno sobre el feliz esposo.) Frankel se resintió mucho de este golpe inesperado.

El señor general Cecilia me importunó anteanoche durante 3 o 4 horas. Entre otras cosas me comunicó que ellos (id est [es decir], como ya sabíamos, él y el partido de C. Martin) van a fundar una escuela para los hijos de los refugiados franceses. ¡En ella, dijo, debía figurar también el enseignement de l’hygiène [la enseñanza de la higiene], y —la économie sociale, para la cual última yo debería tener la bondad de redactar, según el modelo inglés, a primer [una cartilla]! Con gran indignación me contó también que el «Figaro», en uno de sus últimos números, había sostenido la grotesca afirmación de que la república ha arruinado a Francia con los 4 generales que ha creado, et qui s’appellent [y cuyos nombres son]: Crémieux, Glais-Bizoin, Cecilia — ¡et Lissagaray! A este último le susurré esa misma tarde tan lisonjera noticia.

Te cotilleo todo esto porque apenas si oso hablar de lo único que a ti te interesa. La casa está como muerta desde que el pequeño ángel [Charles Longuet] ya no la anima. Lo echo de menos a cada paso. El corazón me sangra cuando pienso en él, ¡y cómo se puede sacar de la cabeza a un hombrecito tan dulce, tan despierto! Pero confío, hija mía, en que, por amor a tu viejo, te mostrarás valiente.

Adieu, mi querida y morenita.

Tu fiel

Old Nick

Engels a Friedrich Adolph Sorge
en Hoboken

Londres, 12.[-17.] de septiembre de 1874

Querido Sorge:

Adjunto la liquidación deseada. En lo que respecta a los estatutos alemanes,[^1] mira, por favor, en los libros si los costes de impresión de los mismos fueron pagados por el antiguo Consejo General o no. Creo que no, que me los cargaron privadamente desde el «Volksst[aat]» y, por lo que sé, nunca recuperé el dinero. Pero en caso de que la partida figure en el libro como desembolsada por el Consejo General de aquí, entonces los ejemplares pasan, por supuesto, al nuevo Consejo General en calidad de herencia, y el saldo a su favor en mi poder asciende a £ 6.3.6. El actual Consejo General —a menos que tú tengas reclamaciones que hacer que, naturalmente, tengan prioridad— puede disponer del dinero, si eres de esta opinión. Para la impresión de la «Alianza»[^2] he adelantado £ 32 y con toda seguridad perderé cerca de la mitad, de modo que a finales de este año podré presentar una bonita factura de contrapartida. Propiamente sería un desatino darle el dinero a esas nulidades, que sólo están para acabar de hundir la cosa en la porquería.

Con tu salida, de todas formas, la vieja Internacional ha concluido y terminado del todo. Y eso está bien. Pertenecía al período del Segundo Imperio, en que la opresión reinante en toda Europa prescribía a la recién despertada movimiento obrero unidad y abstención de toda polémica interior. Era el momento en que los intereses cosmopolitas comunes del proletariado podían pasar a primer plano. Alemania, España, Italia, Dinamarca acababan de ingresar en el movimiento o ingresaban en él. El carácter teórico del movimiento mismo era aún muy confuso en 1864 en toda Europa, es decir, entre las masas —en la realidad—; el comunismo alemán no existía todavía como partido obrero, el proudhonismo era demasiado débil para poder exhibir sus manías particulares, el nuevo cuchitril de Bakunin ni siquiera existía aún siquiera en su propia cabeza, e incluso los jefes de las trade-unions inglesas creían poder ingresar en el movimiento sobre la base del programa enunciado en los considerants [considerandos] de los estatutos. El primer gran éxito tenía que hacer saltar esta ingenua asociación de todas las fracciones. Ese éxito fue la Comuna, que intelectualmente era de manera indudable hija de la Internacional, aunque la Internacional no movió un dedo para hacerla, y por la cual la Internacional fue hecha responsable, hasta cierto punto también con pleno derecho. Cuando, gracias a la Comuna, la Internacional se convirtió en un poder moral en Europa, empezaron enseguida las trifulcas. Cada corriente quiso explotar el éxito para sí. La disgregación, que no podía dejar de llegar, llegó. Los celos ante el creciente poder de los únicos que estaban realmente dispuestos a seguir trabajando sobre el viejo y amplio programa —los comunistas alemanes— empujaron a los proudhonistas belgas a los brazos de los aventureros bakuninistas. Con el Congreso de La Haya aquello se acabó de hecho —para ambos partidos. El único país donde aún cabía hacer algo en nombre de la Internacional era América, y un instinto afortunado trasladó allí la dirección suprema. Ahora también allí se ha agotado el prestigio, y cualquier nuevo esfuerzo por galvanizarla e infundirle nueva vida sería una locura y un despilfarro de fuerzas. La Internacional ha dominado diez años de historia europea en un aspecto —en el aspecto en que reside el porvenir— y puede mirar con orgullo su obra. Pero en su vieja forma ha caducado. Para hacer surgir una nueva Internacional a la manera de la antigua, una alianza de todos los partidos proletarios de todos los países, haría falta un aniquilamiento general del movimiento obrero como el que prevaleció de 1849 a 1864. Para eso el mundo proletario se ha vuelto ahora demasiado grande, demasiado vasto. Creo que la próxima Internacional —una vez que los escritos de Marx hayan obrado algunos años— será directamente comunista y enarbolará sin rodeos nuestros principios.

Stahl, el de Chicago, estuvo aquí. Como la mayoría de los germanoamericanos, hombre de mucho tino práctico. Por lo demás también me cayó bien, aunque no puede decirse si no hará tonterías en Alemania. Cierto afán conciliador también se da en él.

Los belgas y los bakuninistas celebran ahora su congreso en Bruselas. Por los informes, véase el «Times» de Londres del 10 de septiembre y siguientes. 14 delegados en total: un alemán (lassalleano), un francés, un español (Gómez, inconnu [desconocido]), y Schwitzguébel. El resto, belgas. Desacuerdo general sobre todo lo esencial, encubierto porque no se debate, sino que sólo se cuenta y se escucha. Aunque, cierto es, hasta ahora sólo he visto un informe. Los italianos declaran su salida de hecho, que la Internacional pública sólo les resulta perjudicial, que de aquí en adelante quieren limitarse a conspirar. También los españoles se inclinan a eso. Por lo demás, se mienten unos a otros contándose los colosales movimientos que están haciendo. Y todavía creen que encontrarán a alguien que se deje engatusar. —

El señor Bastélica también se ha convertido en agente bonapartista. En Estrasburgo le hizo a Avrial, exmiembro de la Comuna, proposiciones de ese género y, naturalmente, fue puesto de patitas en la calle. Así van acabando estos anarquistas uno tras otro.

Mesa, de Madrid, me ha escrito que tiene que marcharse a París, que el gobierno le persigue demasiado. La conexión con España queda, pues, restablecida.

En Alemania las cosas marchan estupendamente a pesar de todas las persecuciones, en parte justamente a causa de ellas. Los lassalleanos están tan desacreditados por sus representantes en el Reichstag, que el gobierno tiene que iniciar persecuciones contra ellos para dar a ese movimiento la apariencia de que va en serio. Por lo demás, los lassalleanos, desde las elecciones, se han visto en la necesidad de actuar como cola de los nuestros. Una verdadera suerte que Hasselmann y Hasenclever hayan sido elegidos para el Reichstag. Allí se desacreditan a ojos vistas: o bien tienen que marchar con los nuestros, o bien hacer sandeces por cuenta propia. Ambas cosas los arruinan.

El señor Jung ha juzgado oportuno escribir a Liebknecht para provocarlo. Liebknecht me envió la carta, y yo se la he mostrado a personas que se lo comunicarán al señor Jung.

[^1]: Karl Marx: «Allgemeine Statuten und Verwaltungs-Verordnungen der Internationalen Arbeiterassoziation».
[^2]: Karl Marx/Friedrich Engels: «Ein Komplott gegen die Internationale Arbeiter-Assoziation».

Marx está en Karlsbad* y bebe el agua allí para restablecer su hígado. Ha tenido mucha mala suerte. Apenas se había repuesto un poco en julio en la isla de Wight, cuando tuvo que regresar a causa de la repentina y grave enfermedad de su hija menor. Apenas llegado, muere el pequeño de Jenny, de alrededor de un año. Eso le afectó mucho de nuevo. Pienso que, una vez que el hígado esté en orden, la cura del sistema nervioso agotado por el exceso de trabajo también se hará más fácil. Los médicos le han vaticinado todos un efecto muy favorable de Karlsbad. El gobierno austríaco lo ha dejado completamente tranquilo hasta ahora; a finales de esta semana probablemente partirá.

⁴ Eleanor Marx – ° Charles Longuet
41*

644                                        273 - Engels a Friedrich Adolph Sorge - 12.-17. septiembre de 1874

Las rencillas surgidas en Nueva York, que te hicieron imposible permanecer por más tiempo en el Consejo General, son tanto prueba como consecuencia de que la cosa ha caducado. Cuando las circunstancias ya no permiten a una sociedad actuar eficazmente, cuando se trata, ante todo, de mantener unido el vínculo de la asociación para que pueda ser utilizado de nuevo en su oportunidad, entonces se encuentran siempre personas que no saben acomodarse a esta situación, que quieren a toda costa hacer de entrometidos* y exigen que se «haga algo», algo que entonces solo puede ser un disparate. Y cuando estas personas logran obtener la mayoría, obligan a todo aquel que no quiera cargar con la responsabilidad de sus disparates a retirarse. ¡Qué suerte que no hayamos enviado los libros de actas!

La emigración francesa está completamente desunida; todos se han enemistado entre sí y con todos los demás, por razones puramente personales, sobre todo cuestiones de dinero, y nosotros casi nos hemos librado de ellos por completo. Esa gente quiere vivir sin trabajar realmente, tienen la cabeza llena de supuestos inventos que han de reportar millones, con tal de que se les ponga en condiciones de explotar esos inventos, para lo cual solo se necesitan unas cuantas libras. Pero quien es lo bastante simple para acceder a ello, es estafado en su dinero y encima difamado como burgués. Quien peor se ha comportado ha sido Le Moussu, que se ha revelado como un puro estafador. La vida de holgorio durante la guerra, la Comuna y el exilio ha desmoralizado horriblemente a esta gente, y para volver a encarrilar a un francés enviciado solo sirve la necesidad realmente amarga. En cambio, la gran masa de los obreros franceses políticamente desconocidos ha dejado de lado la política por ahora y ha encontrado trabajo aquí.

Un cordial saludo.

Tuyo
F. Engels
17 de sept. de 74

* Oficiosos.

Consejo General de la Asociación Internacional de los Trabajadores

En cuenta con F. Engels

Cuenta I.
1873. Nov.            Recibido por medio de Serraillier                £ 16. —.—
Sept.            Telegrama a Nueva York                   £    1.16.—
”                   25 ej. «Alliance» por correo             2/—           „    2.10.—
1874. Febr.           12 ej. ídem ídem                               2/—           „    1. 4.—
”                  12 ej. ídem                                   2/—           „    1. 4.—
”                  100 «Estatutos» ingleses por correo        /,              „    12.6
”                  400 ej. ídem ídem                          1½            „    2.10.—
”                  300 alemanes ídem                            1            „   15.—
„ 1. 1.6
Saldo a favor del Consejo General             £    4.18.6
Cuenta II.
1874. Agosto.    Gastos de impresión de «L'Alliance» adelantados
por F. Engels en metálico                                 £ 32.—.—
Contra ello ingresado hasta ahora solo los susodichos
49 ej. enviados a América .......................                                 „    4.18.—
(sin contar el franqueo)
Me queda saldo                                 £ 27. 2.—

(Liquidación con Darson y Meißner
pendiente.)

Londres, 17 de sept. de 1874

F. Engels

646                                        274 - Marx a Max Oppenheim - 20 de septiembre de 1874

Marx a Max Oppenheim
en Praga

Karlsbad, 20 de sept. de 74

Querido amigo:

Mi hija¹ y yo nos habíamos alegrado mucho de pasar algunos días con usted en Praga, y ayer ya estaba todo acordado para salir mañana (lunes) hacia la vieja ciudad husita. Pero hoy recibimos, al mismo tiempo que sus amables líneas, una carta de Hamburgo que me obliga, para resolver asuntos comerciales, a elegir el camino directo vía Leipzig.

Pero lo aplazado no es cancelado. Estoy casi seguro de volver a Karlsbad el próximo año, y entonces incluiré en la ruta de viaje la visita a Praga desde el primer momento. Su señora hermana² le habrá escrito cuánto me interesaba, prescindiendo por completo del múltiple interés que Praga misma ofrece, sobre todo no limitar mi trato personal con usted al breve intermezzo en esta estación termal.

Viva usted bien y esté seguro de mi más amistosa disposición; también mi acompañante le envía cordiales saludos.

Suyo
Karl Marx

¹ Eleanor Marx – ² Gertrud Kugelmann

275 : Engels a Laura Lafargue - 15 de octubre de 1874                                      647

Engels a Laura Lafargue
en Londres

122, Regent's Park Road, N.W.
[Londres] 15 de oct. de 74

Mi querida Laura:

Si te he enviado solo uno de los tres artículos¹, ha sido, primero, porque pensé que los dos anteriores los habías recibido de tu mamá, y segundo, porque del núm. 1 he dado los pocos ejemplares sobrantes a los polacos para la propaganda y porque del núm. 2 no tenía ningún ejemplar sobrante. Te envío ahora mi ejemplar del núm. 1, por cuya devolución ocasional te estaría agradecido; el núm. 2 se lo he enviado a un amigo y, como de costumbre, no me lo ha devuelto, de modo que tengo que recibirlo antes de poder enviártelo.

Del «Bauernkrieg» espero poder enviarte en algunas semanas una nueva edición, a la que se han añadido algunas palabras a la introducción.³ Pero esta edición, por lo demás, no ha sido modificada; como de costumbre, el plazo que se me concedió fue demasiado corto.

Con los saludos más cordiales para Lafargue, quedo

muy cordialmente tuyo
F. Engels

Frau Engels² os envía a ambos los mejores saludos.

Del inglés.

¹ Friedrich Engels: «Flüchtlingsliteratur» – ² Lizzy Burns

648                                        276 - Marx a Max Oppenheim - 17 de octubre de 1874

Marx a Max Oppenheim
en Praga

17 de oct. de 1874
1, Maitland Park Road, N.W., Londres

Querido señor Oppenheim:

Le he enviado hace unos días «El Capital» y «El 18 Brumario de Luis Bonaparte» para usted mismo, y asimismo un ejemplar de cada uno de estos libros para el Dr. Gans, hijo. Tenga la bondad de hacerle llegar sus ejemplares; vive en Rosengasse, núm. 17, primer piso, Praga.

Cuando salí de Karlsbad, lo hice con el propósito de ir directamente a Hamburgo, para arreglar mis asuntos allí con el editor¹ y regresar lo antes posible a Londres para reanudar mis trabajos. Pero pronto comprobé que la cura posterior a la disciplina de Karlsbad no es una vana ilusión, de modo que tuve que moverme todavía casi dos semanas por Dresde, Leipzig, Berlín y Hamburgo.⁴ Si lo hubiera previsto –y tanto yo como mi hija² hemos lamentado por igual el error–, habría ido ante todo a Praga a verle a usted. Mais l'homme propose et le chemin de fer dispose.³

Espero que su salud haya mejorado y que sus negocios le traigan pronto por aquí.

Mi hija le envía los mejores saludos.

Suyo enteramente
K. Marx

¹ Otto Meißner – ² Eleanor Marx – ³ Pero el hombre propone y el ferrocarril dispone.