ll, Abbots Hill, Ramsgate, 21.7.74

Querido Mohr,

El viernes pasado por la noche recibí de repente una carta de Gumpert, fechada en Londres; ha venido para ser operado y nos pidió que lo visitáramos después del asunto (el sábado). Le telegrafié y escribí inmediatamente, y hoy recibo respuesta de que la operación ha sido superada felizmente y espera ponerse de nuevo en pie en un par de días. Lo visitaré —según el tenor de su próxima carta— ya sea esta semana o a comienzos de la próxima, cuando de todos modos tengo que ir a Londres para despachar asuntos y recoger a Pumps.

Espero que tu «Kopp» se haya entregado por fin también al aire de mar y no se rebele más.

Los carlistas se han dado el placer de fusilar a un oficial prusiano. Ahí puede la flota prusiana ir directamente a tomar represalias, en lugar de bloquearte en Ryde. Parece seguro que los prusianos, de una manera u otra, se verán en un lío con España. Mientras tanto, Bismarck no explota mal su muñeca destrozada.³ Eso dará seguramente una nueva ley de prensa, reunión, asociación, etc.

Temo que te equivocas respecto a Wilhelm¹. Supongo que ahora considerará como uno de los principales deberes de todos sus ministros el que ellos, de manera auténticamente constitucional, se echen encima todas las balas en tiempos de paz. El único aspecto del constitucionalismo que se toma en serio.

El amigo Dizzy² querrá probablemente volver a ser ministro de la minoría, desde que sus enfurecidos squires³ lo han obligado, tal vez por primera vez en la historia inglesa, a echar por tierra directamente dos conquistas parlamentarias de sus predecesores —la ley escolar y ahora la Endowed Schools Commission—. Los burros no saben lo que hacen, cuando echan por tierra la inviolabilidad tradicional y el carácter de definitivo e irrevocable de las medidas una vez adoptadas. Eso abre un buen agujero en la tradición de lealtad de la vieja Inglaterra. Unos cuantos golpes más de este tipo y este Parlamento tory se encontrará en la misma situación que la Asamblea de Versalles frente a los electores, y se aferrará a su septenato con la misma convulsión que Mac-Mahon.

¡Pero qué imbécil es este! ¡Primero ese mensaje prusiano, luego la abdicación del autor del mensaje, y ahora el mismo Mac-Mahon, que hace un momento casi comandaba el paso de carga, mendiga una prórroga! Creo que no llegarán a nada; la Asamblea adopta acuerdos contradictorios, se aplaza hasta el invierno sin resultado y luego vuelve a empezar, girando en círculo, hasta que haya una mayoría formada favorable a la disolución. Si llegara a lograr algo, solo sería posible mediante un fluke, un golpe de suerte en el billar, y hasta ahora esta Asamblea no ha hecho ni un solo fluke.

¡Qué financiero este Magne, que quiere exprimir aún más dinero de impuestos indirectos ya sobretensados mediante una tensión aún mayor! ¡Y esa era la lumbrera financiera del Segundo Imperio! ¡Y cuán dignamente está a su lado Gambetta, que pronuncia una larga arenga para convertir a los tres caballeros del principio Blanc², Quinet y Cía.! Y los vapuleados italianos y los vapuleados franceses celebran en Avignon y Arqua, sobre el cadáver de Petrarca, «la supremacía de la raza latina». Mientras tanto, el filisteo alemán se deleita en el Kulturkampf y el inglés se emborracha por la church and state⁴. En verdad, las clases dominantes se pudren en todas partes con igual rapidez, y hasta nuestros burgueses alemanes están a este respecto a la altura de los tiempos.

Saludos cordiales.

Tuyo,
F.E.

¹ Wilhelm I.
² Benjamin Disraeli
³ Nobleza terrateniente
⁴ Iglesia y Estado