en Londres  

16, Abbot’s Hill, Ramsgate, domingo 19 de abril de 1874

Querida Jenny,

16, Abbot’s Hill – vis-à-vis Mad. Williams –, este es, a saber, el «Cliff» (el acantilado) sobre el que habito. Pero ¡never mind! (¡no importa!). Tampoco se había acordado precio alguno. La patrona pidió al principio 1 libra y luego bajó a 12 chelines. Por lo demás, es «buena gente»; el marido, constructor de carruajes, parece ocuparse también del arte; ha pintarrajeado, no pintado, una figura sumamente ideal y bastante enigmática, a modo de centinela, en la puerta de entrada de cierto lugar. Asimismo, en medio del jardincillo delante de la casa, sobre un armazón de ladrillos, se yergue Napoleón Primero, en edición Tom Thumb (Pulgarcito), de barro, vestido de negro, amarillo y rojo, etc., a very manly man, and well done (un hombre muy varonil, y bien hecho). La patrona, además de otros hijos, tiene también un bebé de seis semanas, que a menudo se hace desagradablemente notar.

El aire aquí es delicioso, pero hasta ahora no he logrado conciliar el sueño nocturno, a pesar de todo el corretear.

El lugar no está del todo vacío, pero la gente del lugar sigue llevando la voz cantante.

Espero que Jennychen esté mejor y que el excelente hombrecito no sufra demasiado con la dentición. Madre e hijito me rondan mucho la cabeza.

A propósito. Comunícale a Tussychen, que tanto se ha divertido con la «Alexandrowna!» de Tennyson, que nada nuevo bajo el sol – cosa que, como buena conocedora de la Biblia, por lo demás ya sabe –: he aquí que en junio de 1782 el conde del Norte (el futuro zar Pablo, el loco, que viajaba bajo este incógnito) se hallaba en París con su joven esposa. Allí asistió a una sesión de la Academia Francesa, en la que el señor de La Harpe leyó una epístola poética a la Alteza imperial; cada estrofa termina con «Petrowitsch» (hijo de Pedro), sobre lo cual comenta Grimm: «apóstrofe repetido, aún más ridículo para los oídos rusos de lo que resulta extraño para los nuestros. Esta palabra, cuando no va precedida de algún epíteto que la distinga, es tan familiar en ruso como lo sería Toinette o Pierrot en francés». Si Tussy envía esta nota al «Quiddities and Oddities Journal», le prestará a Tennyson un grande y excelente servicio.

Dale las gracias de mi parte a Engels por su carta. Un corresponsal tan exacto no se encuentra a menudo en nuestro temps corrompu (tiempo corrompido).

Adiós y saludos a todos.

Tu  
Karl