en Harrogate

L[ondres] 5 de dic. de 73

Querido Mohr,

Ayer, según lo prometido, te habría escrito, pero tuve el placer de ver en mi casa al señor socio Le Moussu, de 3 a 6 de la tarde, y de escuchar sus lamentos —no te asustes, no pienso vengarme repitiéndote esos chismes—. He exhortado a ambos a la paz y les he dicho que, una vez casados, tienen que avenirse (a Moore hace 8 días, a Le Moussu ayer). Son los dos tipos más cómicos que pueden encontrarse, cada uno con una idea desmesurada de sí mismo y de sus capacidades, sólo que cada uno en su propio terreno, y como los terrenos son distintos, cada uno critica al otro de manera excelente. Le di a M[oore] la semana pasada £5, y a Le M[oussu] ayer otras £5, inculcándole su deber de tomar sólo la mitad para sí, lo cual le resultó un tanto desagradable; pero como Moore no vino, sino que le envió a él, era mi deber después de lo ocurrido. Le M[oussu] dijo ahora que aún hay que pagar £10 por la patente, con lo cual se habrían agotado las £160. Puedo darles otras £5 la semana próxima, si tú me autorizas, en caso de que no entre dinero; entretanto, pediré categóricamente a Moore que cobre por medio de Longuet, pues hay bastantes partidas pendientes desde octubre como para, mediante su cobro, mantener la máquina en marcha. Si le escribes a Moore dos líneas en el mismo sentido, será bueno. Por lo demás, si te aburren con cartas, escríbeles solo que tienen que avenirse lisa y llanamente hasta que regreses, lo cual también funciona perfectamente; todas esas quejas no son ni de lejos tan urgentes como ellos las presentan. |

A Gumpert le he enviado el informe sobre la Alianza. ¿Qué dice de tu cabeza? Espero que ya te hayas librado del resfriado.

Ahora estoy en condiciones de pagar las £100 que vencen en Navidad. ¿Se las pago a tu mujer, o sólo una parte, y a ti el resto cuando regreses? Y además, ya que os quedáis allí 3 semanas, ¿necesitas más dinero para allí? Si es así, di cuánto, calculando con liberalidad. |

A Aston le encargué hace más de 14 días que vendiera algunas acciones, pero para este tipo específico no hay compradores. Si se logra deshacerse de ellas, y le veré mañana, se podrá proceder de inmediato a la regulación de tus deudas; si no, tendremos que esperar hasta principios de febrero, en que dispondré de más fondos.

Para tu solaz te envío un folleto del profesor Geffcken, de Estrasburgo, sobre bancos, que pertenece a Utin. ¡Vaya gente más lista! Y siempre citan sólo a su propia pandilla de piojosos, autoridades como Augspurg (¿quién ha oído hablar jamás de ese judío?) y el gran Wagner, de quien se dice:

«Si ya no vale nada el Tausves-Jontof,
¿qué ha de valer? ¡Zeter! ¡Zeter!»

Utin me ha dejado aquí todo un torrente de tales folletos, cosas descabelladas, se lo tiene bien merecido, cuando deja la selección a su librero, tres cuartas partes de ellos no sirven, ya por los títulos, sino para usarse en el retrete; además, y es harto significativo, ni uno solo ha sido abierto.

Sobre la traducción francesa, más en breve. Hasta ahora encuentro que lo que tú has reelaborado es ciertamente mejor que en el alemán, pero, en cambio, no es ni buen francés ni buen alemán. Lo mejor es la nota sobre Mill, en cuanto al estilo.

Adjunto, un recorte sobre la manera en que la transformación de la fuerza mecánica en calor se manifiesta en el cuerpo humano. Busch es uno de los primeros cirujanos vivos. El fenómeno aquí descrito explica también la afirmación aparecida al principio de la guerra en ambos bandos, de que el adversario utilizaba —contra todo reglamento— balas explosivas de fusil. La descripción del sereno Busch es muy apropiada para recordar a uno la vieja advertencia: No juegues con armas de fuego. Bonito fenómeno eso de que el propio cerebro le haga a uno estallar el cráneo.

Saludos cordiales a Tussy.

Tu
F.E.